Libertad Demitrópulos y María Elena Walsh, escrituras feministas

Por Irma Verolín. Buenos Aires. Narradora y poeta.

María Granata, María Elena Walsh y Libertad Demitrópulos fueron escogidas como poetas noveles para ser presentadas a Juan Ramón Jiménez  cuando  el escritor visitó nuestro país en 1948.  Ambas muy jóvenes  entonces vivieron juntas su rito de iniciación literaria.  Habiendo comenzado a dedicarse exclusivamente a la poesía, pronto abandonaron el género para  afianzarse en  la narrativa, sin embargo la poesía quedó en la prosa de Demitrópulos que atravesó todos sus discursos  marcados por un intenso lirismo, del mismo modo Walsh  dejó  la poesía destinada  a los adultos para volcarla en las letras de sus canciones orientadas al público infantil. Son muchas las semejanzas que hubo en sus vidas y en sus obras: las dos se definieron  tempranamente como feministas y se enfrentaron a los estereotipos sexuales  realizando durante la segunda mitad del siglo XX una obra única, cada una de ellas en su género, con una voz personal y un universo inconfundible y  original.

Tanto María Elena Walsh como Libertad Demitrópulos le otorgaron un papel destacado a la cultura popular, Demitrópulos lo hizo produciendo una novelística que intentó abarcar cada una de las regiones de nuestro país donde el pasado histórico fue indagado con minuciosidad y  los vocablos regionales le dieron carácter y carnadura a los personajes, Walsh, por su parte, lo hizo  difundiendo  el cancionero típico de las distintas provincias argentinas. Ambas convirtieron al lenguaje en un elemento fundamental de creatividad y renovación, María Elena Walsh incluyó por primera vez el lenguaje rioplatense en el género infanto juvenil logrando codificar un género y sentando  de esta forma las bases para su futuro desarrollo,  produjo una literatura que se basó en el juego, el divertimento y la ironía, plagado de neologismos y talentosa inventiva. Se tomó una gran libertar para incluir toda clase de palabras pertenecientes a  diversos registros del lenguaje (coloquial, poético, burocrático, formal, lunfardo, etc.). Demitrópulos diseñó un tipo de discurso en el que el uso exquisito de  la palabra le permitió reescribir distintos géneros como el del folletín, la novela de aventuras y la novela romántica, el discurso epistolar y periodístico, el radioteatro, la tradición oral  de leyendas populares y coplas, pero por sobre todo logró crear una suerte de idioma imaginario para épocas pasadas, espeso, intenso, con neologismos y arcaísmos. Un elemento fundamental las identifica y es el enfrentamiento al statu quo; “quien dice que todo tiempo pasado fue mejor no fue mujer ni fue obrero”, solía repetir Walsh y  Demitrópulos  no perdió ocasión para enfatizar que el poder político fue siempre ocupado por el autoritarismo y la violencia, violencia hacia la mujer o hacia los negros, mestizos e indios, concepto que se ve reflejado ampliamente sus novelas ambientadas en el período colonial. Coincidentemente tanto Libertad como María Elena padecieron la experiencia de la enfermedad y el dolor corporal, esta vivencia influyó en su compromiso con el lugar de la mujer plasmado en sus  producciones literarias y sus  manifestaciones públicas.

Toda la obra de Libertad Demitrópulos se yergue como una réplica a los valores patriarcales, no falta en cada una de sus novelas por lo menos una mujer que haya sufrido la violencia de su marido, su novio, su amante o su patrón o que haya sido asesinada por alguno de ellos, así como tampoco deja de  aparecer en cada novela un personaje de mujer india que habla con voz propia. Ella  forjó una escritura en la que la profusión de lo diverso entremezclado en personajes, culturas, voces, superposición de planos, son rasgos típicos que le otorgan una gran espesura al texto. En la línea argumental se plantea siempre la tensión inevitable entre quienes tienen el poder y quienes terminan sojuzgados por ese poder. Resulta interesante observar que en la obra de Demitrópulos la presencia de nuestro pasado histórico nacional no es una explicación del estado presente sino una metáfora de las condiciones actuales. El pasado, entonces, como símbolo del presente es un recurso más que se suma a una literatura cargada de alegorías. Los  movimientos en sus novelas entre uno y otro tiempo solo pudo lograrlos gracias a la concepción de un tiempo circular, propio de las culturas matriarcales, de los pueblos originarios de América y de gran parte de las culturas de Oriente, en oposición al concepto de tiempo vertical patriarcal que suele ser el  que predomina en Occidente. Es importante remarcar que Demitrópulos  ha construido una figura femenina genuina, ya que ella puso en escena mujeres con carnadura, sangre, vísceras y no las típicas mujeres creadas por los hombres que responden a un imaginario masculino en el que  lo femenino es sinónimo de misterio, intangibilidad, evanescencia. Estos conceptos sobre el modo de representación de la mujer y la inclusión de géneros  literarios reelaborados en las novelas de Demitrópulos han sido  señalados y trabajados por la crítica y escritora Florencia Abbate con mayor detenimiento,  a ella le debemos el planteo inicial de una visión de la obra de Libertad Demitrópulos que nos permite continuar indagando, la misma deuda tenemos quienes  nos interesamos en su  escritura  con la ensayista Nora Domínguez y otras y otros investigadores del ámbito académico.

María Elena Walsh supo traer al universo infantil su mirada fresca, descontracturada, diversa, crítica y  lúdica del mundo. Si nos ubicamos en la década del sesenta cuando ella delinea su pequeño microcosmos alocado en el que todo puede estar patas arriba,  descubriremos que su sentido pionero es proverbial. La mirada sobre los animales se corresponde con la que finalmente en estos últimos años intenta abrirse camino en una sociedad aún regida por valores patriarcales, en la que el animal es considerado un ser inferior con respecto al humano sin reconocerle su valor en el ecosistema ni sus derechos  como seres vivos. A diferencia del modo en que la fábula ha tomado al animal, es decir como instrumento para expresar valores humanos, defectos o virtudes, Walsh nos invita a mirarlos desde su condición de seres únicos,  para de esta forma  aprender a observarlos con ojos nuevos, sin condicionamientos, para apreciarlos en su diversidad. No  resulta casual que la Tortuga Manuelita se haya  transformado en un símbolo de la argentinidad ni que la vaca estudiosa represente el valor del esfuerzo humano por encima de  las limitaciones de la especie. Podríamos incluso afirmar que antes de  que ella concibiera  su obra,  la literatura infantil como tal prácticamente no existía y que quienes  posteriormente se dedicaron al género han seguido su huella. Su visión revolucionaria para su época  del mundo animal es tan solo una de sus características. Y para citar algo que vincula a Walsh y a Demitrópulos en su manera de mirar la existencia atravesada por la desigualdad, enfatizaría un elemento que las relaciona íntimamente: las dos en sus  relatos han planteado cada una a su modo la desobediencia como respuesta a un estado de cosas injusto,  ya sea  mediante el trazado de una elaborada trama como es en el caso de Demitrópulos  o a través de lo lúdico y con el ingrediente del humor en la obra de Walsh. La misma fuerza de inteligencia y creatividad las iguala y las acerca como gestadoras, a través del recurso estético,  de un nuevo pensamiento en la segunda mitad del siglo XX.

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