E. Rucker y M. Riquelme comparten sus lecturas

Por Evelin Rucker.  Posadas, Misiones. Escritora y docente. y Miguel Riquelme. Trelew – Posadas. Periodista

 

Sobre Summa Baiulus y la sorpresa de la lectura

Por Evelin Rucker.

 

– ¡A la pipeta!, ¿y esto con qué se come?

– No lo sé, aún no lo leí -veo la cara de asombro de Ana, mi sobrina y sonrío ante la intriga que nos produce un libro nuevo-, ¿por qué página vas?

– Por la tercera, pero voy a comenzar de nuevo…

Esa misma tarde, en la hamaca paraguaya, con un té de rosa mosqueta, miel y limón comencé a caminar descalza los renglones de Summa Baiulus. Reconozco que, al principio, cuando tenía leídas las primeras páginas, pensé en dejarla, mi alma no estaba en estado zen como para concentrarme en algo que no indicaba un relato fácil. Pero pronto encontré esa calidad endemoniada, brillante y absoluta que tiende a elevar la lectura por encima del lector y lo seduce. Y fui seducida irremediablemente.

Summa no es una novela convencional; es una invitación a un ritual en el que se conocerá a mucha gente y se creerá reconocer a otra tanta en un vertiginoso movimiento. Está poblada de relatos de humor bizarro, de personajes que se han deslizado por grietas o se han precipitado por huecos hacia realidades alternativas. Es una novela febril, contaminada de poesía y musicalidad en cada frase. Propone un viaje alternativo y diferente en el que la marca está dada por las sincronías del destino.

La buena literatura, la que nos hace entrar en taquicardias fallidas, la que nos emociona y nos transporta a mundos lejanos, la que nos parece más real que la realidad misma y al mismo tiempo dudar de ella es la que encontramos en los saltos de un mudo silbador y su baúl sevillano que se cruzan en espacios y tiempos delirantes.

El baúl construido por Kolo de Portella en 1660 le concedió el honor de unirse a la cofradía de los artesanos ebanistas. En la madera de este cofre protagonista se guardan, cual secreto del mundo, una serie de sonidos del universo a los que la narrativa piegariana inunda de ironía y desgarradoras oscuridades.

Summa Baiulus no está atada a cánones lógicos, como tampoco lo estuvo Frida Kahlo ni la Sagrada Tribu Atahualpa. Es que la lógica, como propedéutica, es solo el vestíbulo de las ciencias; ciencias que aparecen explicando y fundamentando la historia del baúl sonoro.

Pasaron algunos cuantos días desde aquellas palabras cruzadas con Ana y decido embarcarme otra vez en el registro que hace Carlos Piegari (o será Cole Poter) de algunos hechos del pasado.

Ahora que la vuelvo a leer, ya desde el Teyú Cuaré, porque el libro merece una relectura, me zambullo en sus páginas para tornar con ciertas frases y quedar de nuevo maravillada con su enfoque, su frescura y su capacidad de sorprender. Leer y releer ya que Summa requiere lectores competentes.

 

La catástrofe del baúl

Por Miguel Riquelme

 

En el mundo hopi, el tiempo es un llegar más tarde, algo esencialmente relativo que no puede cuantificarse.

Dicen algunos lingüistas que esta lengua no contiene palabras ni formas gramaticales para referirse directamente a lo que nosotros llamamos tiempo. No posee conceptos tales como pasado, presente, futuro, duración. Su idioma refiere a lo objetivo, lo que es o ha sido accesible a los sentidos; se ocupa, para decirlo de algún modo, de lo que nosotros llamamos presente y pasado, ese es el ámbito de la realidad. El futuro, se convierte entonces, en el espacio de la irrealidad, de la esperanza, de lo que no es ni ha sido. Así el tiempo no es algo absoluto, y sin embargo, la lengua hopi es perfectamente capaz de explicar y describir correctamente todo fenómeno observable del universo.

Hace algunos años alguien equiparaba las descripciones de lo que ocurre, con el acto de pelar una cebolla, una cebolla hecha de espacio y tiempo.

La imaginación es una huella, la más profunda, de lo que tenemos de humano. La imaginación no es un mero recurso para reproducir o un modo de duplicar lo que se percibe. Opera sobre el lenguaje poético “Sólo el lenguaje poético está en condiciones de restituir nuestra pertenencia a un orden de cosas, pertenencia que precede nuestra capacidad de enfrentarnos a estas cosas como objetos que hacen frente a un sujeto” dice Paul Ricoeur.

En el espacio de la imaginación poética lo inaudito se puede decir, se puede oír, nos hace preguntas. La imaginación poética permite que la metáfora nos lleve lejos de las realidades que la vieron nacer.

La literatura contemporánea, al menos la poca que uno ha leído en español o portugués, ha jugado con lo cronológico con las secuencias de la narración lineal.

Summa Baiulus apila, no se me ocurre otra palabra, lascas de tiempo real o imaginado y formas de narrar en una linealidad que puede ser muchas al mismo tiempo. Un forma de contar tiempo y espacio que los físicos podrían llamar también “la catástrofe del baúl”.

 

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