Los idiomas del ser y las especies

VANESSA CAROLINA MAKUCH

1

Cuando camino el fondo del infierno
no hay poesía.
Cuando el dolor destroza mis entrañas
no hay poesía.
Cuando todas las imágenes se quiebran
y dejan allí expuesta mi infantil fantasía
no hay poesía.
Cuando vuelvo a partirme en mil pedazos
de modo nuevo, cayendo desde más arriba
no hay poesía.
Cuando el odio me inunda por completo
y la ira prende fuego a mis manos
no hay poesía.
Cuando no sé quién fui ni quién voy siendo
ni quién seré, y eso no me preocupa…
Sin dudarlo lo digo: no hay poesía.

2

Quiero rendirme a todo
ser yo misma.
Con tanto esfuerzo atroz
sostuve mis imágenes,
todo por ocultar siempre la herida.
Me rindo a los esfuerzos,
seré la que me habita:
si luminosa y bella
si mordaz y asesina
si nada si conciencia
si noche si plegaria
si cántaro repleto o si vacía…
Seré la que me habita.

ALICIA MARINA ROSSI

Carta a Gertrudis

            Durante mi estadía en el campo y después de varios días, percibí que lo esencial de una vaca es que hace muuuuuu, eso la distingue, el resto de ella es común a su especie. Los hombres, en cambio, escribimos, eso es lo ingénito. Entonces, decidí dar a conocer a la vaca, lo esencial de nosotros. Y le  escribí esta carta:

Sra. Vaca:

            Me dirijo a usted, y en su nombre a todo el ganado bovino, para informarle que la especie humana escribe y eso la distingue, dado que el lenguaje, entendido como medio oral de comunicación, se encuentra presente en otras especies animales.

            Ignoro si el bovino que reciba la presente tendrá un nombre, pues, pese a los esfuerzos investigativos no hemos desentrañado vuestro idioma, que en sonoridad denominamos mugido. Verá usted la inteligencia humana que derivamos de muuu el nombre de su voz.

            Atento a que vuestra especie tampoco ha descifrado nuestra lengua, deseo por este medio gráfico, llamado “palabras”, disculparme en nombre de mi raza por la matanza que hacemos de vuestra familia. Sucede que hemos comprobado las excelentes propiedades de su carne, las facilidades de su reproducción, la capacidad de engorde y vuestra pasividad, tanto de las hembras, como de los machos capados y en los últimos años encontramos la posibilidad de inseminarlas a todas por igual con un solo toro, como un harén, otorgándoles bellos y sanos terneros.  Y por nuestra superioridad, como lo saben todas las especies, nos atribuimos el derecho de vida o muerte de las especies inferiores.

            De esa manera acatamos la sabia ley natural de supervivencia del más poderoso, comprobada a lo largo de la cadena vital del planeta.

            Lamentamos el lugar que les tocó en la pirámide, pero es nuestro deber sobrevivir a la especie homos sapiens.

            Quedo muy agradecido por las daciones de su ganado.

            Respetuosamente, un humano de nombre

LUIS MOSQUEDA

 

Carta a Luis Mosqueda

Sr. Luis:

            Su carta llegó a destino, la he leído yo, la vaca Gertrudis, a quien le ha sido señalado —por los inhumanos humanos— el destino de vientre; usted sabe a lo que me refiero, ser servida y preñada por un toro compartido en rodeo entre 20 a 25 hembras, una o dos veces al año; y una vez agotada mi capacidad reproductiva, pasaré al frigorífico bajo una maza metálica y mecánica, que automáticamente me dará un golpe certero y fatal en el cráneo, (donde se resguarda el sabroso seso). Mis otras partes, serán distribuidas en carnicerías o como productos de conserva. Ahora, con la inseminación, ya no podemos sentir ni el cortejo ni la habilidad del toro para la monta y otras sensaciones que no deseo compartirlas con usted.

            En verdad, Sr. Luis, disiento de la categoría suprema que se abroga, dado que la matanza entre miembros de una misma especie, carnicería masiva para nosotros, guerras para ustedes, es una peculiaridad exclusiva del humano. Por lo cual, los vacunos estamos convencidos de que sucumbirán antes que nosotros y desaparecerán del planeta.

            Por otra parte, dado que no escribimos en papel, le aclaro que esta carta está grabada por mis pezuñas en la pradera y será enviada por un extenso y agudo mugido hasta la ciudad pampeana donde usted habita, según el remitente de la misiva que hallé entre la alfalfa; pero que, lamentablemente, como usted lo reconoce, no podrá leer, pues no han podido aún descifrar nuestro idioma.

            Doy entonces por cerrado este camino epistolar, previo mmmmmmmuu muuu mu muu, frase que tampoco comprenderá, lo que se traduce en: deseo que se cumpla el destino final de autodestrucción del hombre, al cual los lleva, indefectiblemente, la imbecilidad de sus ejemplares. Es el ruego en mugido que usted suele escuchar en su campo, en los atardeceres.

Atentamente, lo abraza,

la  MATRONA GERTRUDIS

 

 

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