Lo imposible de decir se dice con poesía

NEACONATUS

Según el escritor francés Emmanuel Carrère una niña que lee puede que se transforme en una adolescente que escribe y luego en una poeta, una improbable generalidad histórica. Otra pretendió que en Rusia los y las poetas fueran tan notorios como las estrellas occidentales del cinematógrafo o la música popular. Como si la vocación fuera una cuestión geopolítica. Del mismo modo otro tópico otorgó a la filosofía el territorio de la razón y a la poesía las regiones de la intuición. Todas fórmulas eventuales y sin fundamento esencial. Aquella niña que lee, como Alicia Marina Rossi, sólo quiere jugar en solitario con palabras, porque nadie ve las palabras y eso le permite gozar de la soledad y el silencio. Lo único que necesita para estar a gusto con sus amigos y amigas invisibles. Estas relaciones secretas crecerán a través de los años y le permitirán a la mujer que ya peina canas y comenzó su vida siendo aquella niña que leía, seguir jugando a las palabras en sus íntimas constelaciones de imágenes.

En El espacio de lo posible, reciente y extraordinario libro de poemas de Alicia Marina Rossi (Colección de poesía argentina Astrolabio. Editorial detodoslosmares. Capilla del Monte, Córdoba, Argentina. 2020), la poeta busca el vuelo, lo quiere, lo reclama, porque desea tener la sensación de pájaro. Exige el aire para nombrar las cosas, cava también en sí misma, se sumerge en el agua del río que no cesa, en el río de la vida, de la creación que ovula en el caos, porque hay viento, tempestades, golpes, preguntas, por ejemplo “¿Qué seres nacemos cuando hacemos el odio?” o certezas terribles cuando el presentador afirma que la esperanza humana está destinada a carretear en el polvo, y la poeta confirma “que dice bien”. Es imperativo escribir, hablar, porque con la boca cerrada no se sobrevive.

Repite que vamos a morir. /Insisto porque te escuché:/tú que estás en los cielos.//En los cielos no hay nadie/nos quedamos en la tierra. /A ver si entendemos la Gracia:/solo hay vivos y muertos. (Del poema Más allá).

En todo caso el cielo no es un lugar, es un estado. Y si fuera un espacio, solo con versos podría ser atravesado. Pero he aquí que “no hay nada más allá”, apenas una escalera que sube y baja, un mundo donde la poeta no pregunta cómo saldrá. Y no pregunta porque lo sabe. Saldrá de cabeza y a los gritos.

Alicia Marina Rossi transfigura el lenguaje común. Lo vuelve capaz de poesía por voluntad formante al operar con valores conceptuales, afectivos e imaginativos. Voy a desenterrarte, Amor./…/Al oído le contaré/que necesito desenterrar nuestro Amor/ porque debajo está plastado mi cuerpo.

La autora organiza, transforma y estructura las palabras para volverlas poema. En verdad, todo el libro El espacio de lo posible es un largo poema fraccionado en capítulos con temas que van cambiando pero que mantienen una sola y única conversión, digamos un esqueleto que posee una columna vertebral que consiste en el izamiento del lenguaje a poesía. Esa ganancia en altura es lograda en este magnífico poemario gracias al descubrimiento de la potencia de cada término que hace la poeta, al unir y separar cada uno de ellos de manera magistral, bella, liberta de accesorios molestos, llena de fuerza germinativa, embrionaria, elevada de su objeto[1].  

Hay algo muy interesante en esta obra, que no solemos encontrar en general en lo que se publica, y es que se siente que la poeta está en su poema, pero con genio poético, con su yo poético, no como un sujeto biográfico. Sabemos que el componente individual tiene su peso en el momento de la escritura, cómo no, si Alicia, en este caso, es la agente hegemónica de su obra, pero a las contingencias del universo interior y exterior, a sus avatares individuales ella sabe, su pulido oficio así nos lo demuestra, cambiarlos de fuente nutricia, reversión artística mediante, en algo nuevo, inédito, en una criatura sola, sublime: el poema.

Aunque a veces se lamenta de que “lo único que importa es lo que no morirá con nosotros”, la autora no se desahoga, ni confiesa, ni predica. Se reviste de forma para que todo el caudal del lenguaje funde un nuevo ente verbal.

Una sombra de dolor cruza las páginas, como un desasosiego, una inquietud. “Pasé el día dando gritos” dice en Sogas colgantes, en la página 113. Quizás sea el fantasma que persigue a los seres humanos desde siempre, la muerte. Pero ¿dónde estamos? Si “Al final/todo sucede/encima/o debajo de un jardín” o “No estaré/lo prometo./Seré/la que no encuentre” o “Respetame el invierno” o “A pesar del nosotros enterrado sigo en pie”.

Si el diccionario afirma que baqueano es la persona que conoce las sendas, los caminos y atajos, Rossi nos enseña palabras baquianas o guías; algunas: lengua, azul, lluvia, límite, orilla, soledad, agua, pozo, vida, río, pájaro, pluma, y repetir, repetirnos para ver “lo que queda del todo”. Para “recuperar la ternura/el asombro/ (para) volver al homo sapiens/volver a horrorizarnos/temer la venganza de Natura/ (para) venerar al sol/recordar nuestros dones/bendecirnos en el agua”.

Debemos felicitar a Alicia Rossi por haber hecho este libro bellísimo, que totaliza con unicidad extraordinaria los tres valores del signo lingüístico: imaginación, concepto y afectividad. Vertientes distintas de un solo ojo de agua que con sus hilos corren por vetas diversas de una misma piedra basal.

De todos los poemas que elegiríamos, y elegiríamos todos, permítannos terminar con aplausos, vivas y ¡otra! ¡otra! y las joyas de la página 76 y 77: 

Sobre su pecho

Nos dormimos.
Yo sobre su pecho.
Nunca llevé un cuerpo en mi cuerpo tantas horas
dijo al despertar.

Me quedé
como plumas de una garza rosada
que entregó el cuerpo durante una noche y otras.

Fue mi cazador por largo tiempo
hasta que me sacó de su pecho
y devolvió mi cuerpo a las plumas.

Salí de él
en vuelo pesado y rasante de ave herida.

No me vio caer monte adentro.

Dónde el loco amor

Sobrevive escondido.
Lo llevo en las caderas
donde la tanga ajusta
donde el hombre pondría sus pistolas
guardo el loco amor.

No lo dejo caer.

Y nadie sabe el nombre del volcán
que causó temblores grado 9
en la escala de Richter.

Ilustración: Raquel Barboza
Diseño de tapa: Leda Rensin

e-mail: detodoslosmares.editorial@gmail.com
http://www.editorialdetodoslosmares.com

[1][1] Carlos Bousoño. “Teoría de la expresión poética”. Madrid. Gredos, p 30. Características que debe tener una buena poesía.

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