La Quiles está de moda

Por Alejandro Bovino Maciel. Corrientes, Asunción, Buenos Aires. Escritor y psiquiatra.

Marta Vidoni, hija de la escritora correntina Marta Quiles me hizo llegar un libro, el último publicado, con las poesías de Martha Quiles quien falleció en San Luis del Palmar, donde vivió casi toda su vida, en el año 2003.

“Camino hacia la luz” (Moglia Ediciones, 2018) contiene 32 poemas luminosos de Martha, dispersos aquí y allá en manuscritos que la hija fue recopilando con la pasión de un doble descubrimiento: el de su madre, Martha, y el de las obras. Muchos de estos poemas luego fueron musicalizados y hoy rondan por el espacio del pueblo del que la autora nunca desertó y al que, estoy seguro, porque la conocí, desearía volver siempre. La música del chamamé ha sido el vehículo perfecto para que Martha, en cada canción, hoy nos susurre al oído en la voz de los músicos todas esas verdades que permanecen ocultas a las miradas superficiales del siglo XXI. Por esa razón, porque circula en las rondas de musiqueros, en los grandes festivales del chamamé, en las pistas de baile de cada pueblo o ciudad de nuestro NEA, la Quiles está de moda.

Quizás la gente un poco distraída ni siquiera sepa que les habla la Quiles, pero la Quiles no calla. Si una feroz dictadura como la del ’76 no fue capaz de acallarla en las mazmorras donde la confinó, es porque la Quiles nunca calla.

Martha Quiles fue una de las tantas víctimas de la dictadura militar de la Argentina de 1976. Estuvo en la cárcel y allí dio a luz a su única hija Marta Libertad.

La poesía de Martha es claramente popular. Pero aquí lo “popular” está muy lejos de las simplificaciones paisajistas que se suele asociar a esta carátula. Violeta Parra fue una escritora popular. Atahualpa Yupanki fue otro poeta popular.

Hay un prólogo en el libro y está escrito por la propia autora. En ese texto Martha fija su itinerario y su deseo: la causa y efecto de su poesía en frases como:

-Decidí escribir para no morirme de angustia.

-Conservé un sentido del humor bastardo y la manía de escribir. Porque dejar de hacerlo significaba una rendición incondicional.

-Este es un libro censurado y vuelto a censurar. En él sostengo la determinación de ser mestizos y aceptar que venimos de una cultura animista. Que vivimos en un lugar envuelto por el río y el viento en un pueblo que esconde todos sus antiguos secretos. Yo no los diré, aunque los sepa. Y ustedes no me creerán, aunque se los dijera. Nadie podrá extinguirnos.

-El libro más perfecto es el Universo y ese libro nadie nos puede quemar. Así que al fin de cuentas seremos capaces de llegar a viejos.

Poemas como “Autorretrato” donde nos dice que “era muy torpe pretender / el ser feliz en un lugar / donde la vida no es así” o “Para Juan” donde advierte “Regresaba en cada luna / y un día no regresó / se metió dentro del monte / y esa noche el monte habló” o “Coplas para Ricarda raíz” donde nos cuenta “Ricarda raíz de nube / enagua con almidón / me enseñaste a hacer cigarros / sentadita frente al sol / Ricarda raíz de viento / llevame a jugar con vos / un juego que no termine / escondeme del dolor / o en “Al fin de cuentas” cuando confirma “Me queda mucho por ver, me queda el tiempo” pero el tiempo de la Quiles se agotaba. Murió joven. La depresión, el agobio de la soledad, el propio aislamiento la fueron sumiendo en esa forma mezquina de la vida que nada deja para la esperanza. Un inquietante texto “Acerca del amor” parece la clave de tanto desengaño. Martha dice “Escribir del amor nunca he podido. / Por eso, si me pides que te escriba / del amor; lo haría de rodillas / y con la roja tinta de mi sangre / una inmensa canción intentaría / si supiera una sola de las letras / de esa enorme y sagrada maravilla”. Todos estos trabajos han sido musicalizados con justicia. La música, que es, según algunos, la más perfecta de las artes, lo ayudará a sentir con profundidad el sentimiento popular.

Quien haya tenido la suerte de haberla conocido sabrá que la Quiles nunca odió. Jamás la escuché hablar mal de nadie. El amor era su forma de ser; vaya si podría hablar de él con mucha mayor autoridad que tanta gente frívola que lo convierte en un negocio.

A fines de los ’80 me visitó en Buenos Aires. En el balcón de mi casa que da a la calle Bartolomé Mitre me propuso escribir una obra de teatro que se llamaría “La casa de la rosa plateada” título muy de la Quiles. La obra hoy está en el portal más importante de Literatura en español: el Cervantes Virtual que administra la Universidad de Alicante. Cualquiera la puede leerla poniendo simplemente el título de la obra en el buscador. A nadie más que a la Quiles se le ocurriría un título similar para un prostíbulo de frontera del siglo XVII en Ituzaingó.

Cuando escuchen una canción que se presente como “letra de Martha Quiles” por favor afine su atención al máximo nivel. Martha le estará hablando directamente a su corazón, sin intermediarios.

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