Inversiones de la poesía

Laura Virgile                                              Evelin Bochle                                      Rosalía Montenegro

Por Tony Zalazar. Chaco – Corrientes. Editor y escritor

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En estos duros tiempos de pandemia Moglia Ediciones, de la ciudad Corrientes, hizo una apuesta importante por la lírica femenina del litoral, y presentó en la X Feria del Libro Provincial, una fresca y promisoria colección de poesía. “Como el agua”, es el nombre elegido para esta colección comandada por la poetisa y docente Evelin Bochle, quien puso sobre la mesa los poemarios Raspones de Minotaura, de Laura Virgile y Sobre un carrusel de barro, de Rosalía Montenegro, dos libros necesarios para abrir el panorama de la poesía actual en la región.

Sobre el nombre de la colección Evelin identificó en el impulso feraz del agua, en su inasible transcurrir y en el goce vital de su esencia, principios fundamentales de la poesía, como así también señaló la volatilidad, el empuje y el riesgo que supone sumergirse en las profundidades de estas voces elementales de la actual poesía correntina. En ambos poemarios se puede sentir la brisa fresca de una corriente cantarina que nos atraviesa con sutil encanto –o con tórrida amargura por momentos-, y nos hace pensar, revivir y palparnos el alma de una manera más concreta, como un barro de posibilidades a orillas del Paraná. Muy atinado el nombre de la colección, en estos tiempos de sequía y acechanzas a nuestros recursos naturales, la poesía de estas autoras viene a conmovernos con la fluidez y claridad de sus pensamientos.

Para qué sirve la poesía si no para decirnos –o intentar decirnos-quiénes somos, quiénes fuimos y quiénes queremos llegar a ser, cómo identificarnos con la naturaleza, con los ciclos vitales, con los latidos íntimos del deseo. Y todo siempre desde la duda, demediándonos con el filo de las paradojas, alojándonos en las ramas de un árbol espinoso y de frutos apetecibles. La poesía de estos libros está en movimiento, en búsqueda franca de la esencia personal. Y en estas búsquedas del yo genuino, de la identidad y de la belleza (tan acechadas hoy), ambas autoras se piensan y se abren sin concesiones, sin falsas posturas y con la brutal escisión de sus historias personales, con la herida abierta y latente; con lágrimas, lluvia, ríos, flujos y agua pura se derraman amorosamente al lector.

Sobre las autoras

Laura y Rosalía nacieron capicúas, la primera en el 78 (en Zárate) y la segunda en el 87 (en San Roque). Ambas viven en la capital de Corrientes y coinciden en el ejercicio afanoso de la docencia (trabajan en colegios diurnos y nocturnos). También coinciden en ser madres de un varón, independientes, frontales y generosas. Las dos aman el arte, Laura con vasta experiencia en el teatro y la gestión cultural, y Rosalía incursionando en distintos dispositivos para mover la poesía y la narrativa, en canciones, videopoemas y contrapuntos que difunde desde sus redes sociales. Las dos con absoluta belleza y valentía desnudan su yo y exponen los miedos, las luchas y los deseos que movilizan a las mujeres de hoy, y todo con la lúcida rebeldía que acrecienta el poder de la poesía.

Sobre un carrusel de barro,

Desde una emotividad delicada y auténtica, surgen a borbotones las posibilidades poéticas que Rosalía Montenegro descubre en los objetos cotidianos, en los viejos recuerdos y en el hastío de la rutina amenazadora.” Nos indica Evelin de la mirada que rige poemario. Y Rosalía montada a la metáfora del carrusel nos mueve en círculos sobre sus sentimientos, el paso del tiempo y el oficio de escribir. La tierra gira, pasan los días, todo se desprende y en ese desprenderse la poetisa –identificada con el sino del árbol- deja caer sus hojas, sus palabras y su voz; su ser que en la entrega crece, madura sentimientos y se enfrenta al desagarro del amor.

El poemario arranca indagando en La soledad del poeta, vista como un remolino, un agujero hondo donde cabe todo lo vivido y lo restante, a orillas de un río que siempre es el tiempo. Este poema con el trascurrir del libro, tras las vueltas del carrusel, tiene su réplica homónima -o siamés felizmente separado-, pero ya con la mirada cambiada. De este segundo poema nace el título de la obra: un carrusel de barro que gira mientras el río se convierte en un niño que duerme y la poesía destella en la contemplación y descripción del instante; río y niño son un verso tendido en la magia de la existencia, en la hondura visual de Rosalía.

Hay también una serie de poemas -homenaje velado a Cacho González Vedoya- en los que un racimo de verbos copulativos ayunta el yo (cuerpo y alma de la poeta) a elementos simbólicos de la naturaleza, y así la identidad se consustancia en el barro, se eleva en el humo y se proyecta en la esperanza de la semilla, que ha de brotar en el fondo del patio de la infancia.

En otras vueltas del carrusel Rosalía desnuda un índice cruento sobre su herida, las etiquetas que limitan, el peso del tedio sobre su cuerpo escurriendo los días, la rutina que debilita y el amor incómodo que la sitúa en la disyuntiva de lo hermoso de quedarme y la necesidad de irme.

Sobre un carrusel de barro es un poemario escrito con lucidez, nostalgia y desprendimiento. 22 poemas para recorrer una vida madurada por las estaciones de la escritura, la lectura y el amor.

La soledad del poeta

huella indeleble donde cabe todo

lo que está pasando

y lo que no

la noche cae

carrusel de barro

círculo frondoso

fuerte

entre rieles detenidos

sin importar que abajo

duerme el niño

inquebrantable

como el verso que lo escribe

Quiero volver

saber si está de pie la parra del patio

el sol en la higuera

secando los grises

La leña cortada para el pan de las seis

Quiero volver

aunque sólo quede el hueco

del ceibo

agua de siesta

primero fue lluvia y ahora es agua del Santa

Lucía

Buscar el pajarito

debajo del mango que ya no está

Quiero volver y verte siempre

con tu aire tranquilo

te juro

Me estoy mirando

en el agua que piso

mi imagen es inestable

pisoteo mi reflejo

me miro de nuevo

sin pisar

ahí está la imagen

es perfecta

porque es mía y de nadie más

me miro

al lado alguien que también se mira

sonreímos

somos yoes

por fin

reflejando

Raspones de Minotaura:

La escritura de Laura se constituye desde una voz genuina y provocadora. Este posicionamiento deviene en un tono conversacional que indaga sin tapujos pero sin ánimo de juzgar” señala Evelin la actitud de la poeta, que ante los ocultamientos, los roles indeseados y los deberes impuestos a la mujer, se convierte en Mina-Taura (a decir del tango), mujer mbareté (a decir de acá) o simplemente en Minotaura, para nada vaca que muge y acata, sino mujer valiente que decide y dice lo que desea.

Con el neologismo la poeta nos recuerda al Minotauro aquel, que producto del execrable amor fue confinado en el centro del laberinto, pero ahora, en la piel de Laura, intenta con la escritura salir del ocultamiento, de la asfixia, del enredo de escrúpulos, pudores y reglas impuestos siempre a desmedro de la libertad y del goce femenino. Opta hacerse tora-taura para rebelarse en primera medida contra sí misma, contra el orden de su educación y clase que la sujetan con prejuicios y miedos. Y a partir de esta transformación vital Minolaura arremete por saber de sí, por salir del laberinto aun raspada.   

Con el brío toruno de una Thénon que pregunta “por qué grita esa mujer” Laura arranca su poemario inquiriendo ¿Quiénes son las tilinguitas? pregunta y vomita términos viscerales, rabiosos y callejeros por la arcada que provoca el abuso y la usurpación del cuerpo de las mujeres desde niñas, vomita porque muerde y no se traga la industria de la hipocresía, la doble moral y el discurso despectivo, porque conoce como Girondo el trasfondo insidioso del capitalismo y le vomita en la cara a los caretas y caraduras carentes de alma. Pero detrás de la ironía y la furia brillan la empatía tierna de la poeta y resuena una sororidad que va creciendo junto a su sensibilidad poética. hay una escritora instalada en mi cuerpo/ me espera desde la infancia/ no me atrevo a nombrarla y dejarla crecer revela Laura en tanto suelta su cuerpo, alza su infancia y libera la voz en una caudalosa sucesión de acciones cotidianas, en cuestionamientos a sí misma y en confesiones que la afirman como mujer que sangra, que duda y se fragmenta para reencontrarse en sus partecitas que ilumina los días con el rito de la escritura.

17 poemas que -en versos largos, en prosa poética o en ligeros poemitas chispeantes- reactualizan a la bruja, rescatan a la niña del monte, se animan al juego del amor y hurgan en la urbe anestesiada en busca de una pizca de magia, de sabor y de latidos que nos reanimen. 17 poemas que nos permiten Verlo todo por primera vez/ como si fuera la última.

Las tilinguitas

¿Quiénes son las Tilinguitas?

Las hijas de las tilingas, de las putas pero más putas… son un hueco

Un hueco son

¿De dónde salen tantas?

Bajan en oleadas de mal gusto de los colectivos y llenan la peatonal de colorinche espanto.

Se roban las miradas de los hombres, de tu marido, del de ella, de los novios, los vendedores, los pretendientes, los candidatos, los solteros y los que no

Ramillete de mal gusto

¡Ordinarias!

¿Quiénes son las tilinguitas?

Las que viven donde no hay propiedad privada: la campera es de una tía, el celular robado, tres hermanos para una cama y cinco amigas para el herpes de un labial.

No son propietarias ni de sus huecos, conchas colectivas, culos del alcohol, úteros de los planes, bocas del vacío.

¿De dónde salen tantas?

Pieles tersas, tetas firmes

¡Huecos abiertos atentando contra la integridad del matrimonio!

¿De dónde salen tantas?

¿Quiénes son las tilinguitas?

Las hijas de las tilingas, de las putas pero más putas… son un hueco

Un hueco son

Golpeadas

Abofeteadas

Escupidas

Pateadas

Castigadas con la palabra

con el silencio

con la mirada

¿Qué saben éstas lo que es mantener una casa?

No hay consecuencias para sus encamadas

Y yo

no debería perdonarlo

pero ya no tengo edad

para volver a ser una tilinguita.

Si hay que hamacarse en la tierra, lo hago bien o nada, llevo la bandera de la fea y puedo ensuciarme toda.

No sólo tengo una hermana rubia de ojos verdes. Para colmo nos mudamos a Wanda, una colonia Polaca en los 80, de las top models.  Listo, ya está, se mueren una a una todas mis posibilidades de ser bonita.

Mato insectos y hay tantos en Misiones que no termino más.

No voy al club a hacer natación o tenis con las lindas, voy al monte, al pinar, al pantano y descubro hojas: Las plantas pueden ser de cualquier forma.

Algunas veces hay hombres en el pinar. Me escondo y escucho palabras en guaraní, tengo que salir despacito. Los paraguayos son peligrosos, me advirtieron todos.  Mi abuelo le decía a mi papá “ya te voy a encontrar en el monte, cagando sin papel”, pero yo nunca encontré gente haciendo caca, aquella infancia que no descifraba las amenazas, comprendía sin embargo que el hedor es de otra cosa.

Fétido el monte, se come a sí mismo, mientras con ternura los brotes intentan llegar al sol.

Se pudre y crece o sobrevive o vive, así podrido y hermoso, enredado, vestido de hongos, blancos, amarillos, anaranjados y ocres.

Las madrigueras descubren mi paciencia y mi deseo.

El monte no es solitario está lleno y yo busco en él lo maravilloso, lo fantástico, eso que pueda contar mientras exhibo mis rasguños y la sangre y

la tierra en los costados de las uñas.

Cuando me encuentro toda reunida

abrazadas mis lauras a mis lauritas y mis lalas

cuando el caos es armonía de silencio bullicioso

 cuando las perdono

cuando las condeno a mi aceptación en el ritual de expiación de las vergüenzas

cuando huelo sus gritos y acaricio sus excrementos

cuando me visto de adulta

la niña sangra su menstruación de chicharras

de lágrimas cristalizadas en el borde del borde

no crece ni muere la niña hechizada

existe

existe remedando al cristo

para que la culpa de ser mujer no parezca

Imágenes cedidas por el autor

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