Álvaro Obregón o el matrimonio con la muerte

Por Alberto Szretter

La muerte es una seductora dama, llena de caprichos, para mucha gente (con la que tarde o temprano termina como cónyuge), pero sobre todo para los mexicanos y, más que nadie, para el militar y político, Álvaro Obregón Salido, que tuvo un largo idilio con ella.

Muy joven, la muerte le arrebató por triplicado a su mujer y a dos hijos mellizos, en pleno parto. Durante la revolución mexicana estuvo por ser fusilado cuatro veces. Cargado de armas y pertrechos avanzaba, retrocedía y volvía a avanzar, en aquella tierra sembrada de rocas, arena y cadáveres, donde se aliaban y traicionaban unos a otros. En una oportunidad Obregón ordenó llenar los vagones de un tren con explosivos y largarlo a todo vapor, sin maquinista ni nadie, solo con las espoletas listas, para hacerlo estallar en las trincheras del enemigo. En otra ocasión usó aviones para el bombardeo (por primera vez en el mundo se utilizó la aviación como sistema bélico de exterminio).

El 3 de julio de 1915 sufrió una muerte parcial: subido al campanario de una hacienda en Guanajuato, para inspeccionar el campo de batalla, soldados villistas lo atacaron con granadas, y lo hirieron. Obregón perdió el brazo derecho. Intentó completar la merma de su anatomía, pegándose un tiro con la izquierda, pero la bala no quiso salir.

En otra ocasión se salvó de ser ejecutado escapando de sus rivales, que, como él, no andaban con vueltas, disfrazado de ferroviario, mientras los perdigones le picaban al lado.

Como la muerte, a su alrededor, lo coqueteaba, él le juró una víctima y ella aceptó: mandó un ejército de sicarios a la intersección de las calles Juárez y Barreda, en Chihuahua, a esperar que el amante de Manuela Casas terminara de solazarse. Cuando el hombre, a las 8 de la mañana, se vistió, salió y subió al Dodge, donde una ridícula guardia cabeceaba de sueño, se escuchó una balacera que dejó al automóvil como un colador. Así liquidó a José Doroteo Arango Arámbula, alias Pancho Villa.

Antes de llegar a la Presidencia de México (1920-1924), fueron asesinados Emiliano Zapata y Venustiano Carranza (que también había sido presidente y ex aliado -con aquel nombre romano- de Obregón). Es que hay personas que son obstáculos a los fines de otras.

Por el año ´28 manifestó su deseo de volver a candidatearse para la presidencia. Parece que el poder, ese vicio insaciable, está comprometido con la Parca, como novio formal: siguieron los crímenes. Una vez, al ir a una corrida de toros, le lanzaron una bomba, que liquidó a su custodia. Pero como aún no era el momento, Obregón, dijo que no, con su faz impertérrita de jugador de póker. A propósito, nadie quería jugar a las cartas con él, no solo porque al repartirlas sabía qué naipe tenía cada uno, sino porque ganaba siempre, sí o sí.

Finalmente ese año, la muerte consintió y le puso el anillo de casamiento. Fue así:

estaba cenando en el restaurante La Bombilla de Ciudad de México, cuando un tal Toral, de 26 años, que fingía pintar a los comensales, burlando la seguridad, se le acercó. El militar accedió a que lo dibujara; solo la cara (no quería salir manco). Pero el muchacho, en vez de sacar un lápiz para hacer su retrato, sacó una pistola y le descargó cinco balazos en el rostro. Obregón, que de una manera u otra ya había aceptado el matrimonio, cerró los ojos y, con su querida compañera, se fue de viaje, no justamente de luna de miel.

Alberto Szretter, es médico y vive en Puerto Rico. Tiene publicados cuentos y novelas.

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