Elizabeth Barret

Por Alberto Szretter

Tuvo una vida de manual freudiano: un padre castrador que la indujo a la droga, y un marido, que reemplazó al progenitor y que, posiblemente, la mató.

Nació en 1806 en la húmeda y fría Inglaterra. Su papá, un hombre hosco que había hecho fortuna en Jamaica, prácticamente la secuestró en su casa para protegerla de enfermedades misteriosas que, sin embargo, la atacaron igual, con achaques generales, pulmonares y dolores vertebrales. Él la consoló con opio, y ella con poesía, que suelen tener efectos iguales (en la adicción, queremos decir).

Después de un largo cruce epistolar secreto, se casó con Robert Browning, un prometedor y ambicioso escritor. Con él huyó a Florencia, para escapar de la tiranía paterna que se oponía a esta relación, residiendo en la Casa Guidi (hoy museo), frente a la Piazza San Felice (vaya nombre para unos infelices exiliados). Aquí tuvieron un hijo al que, por un defecto de la imaginación, llamaron Pen (lápiz, en inglés).

Elizabeth es considerada una gran poeta. Fue, en tiempos victorianos, una defensora de los derechos femeninos y estuvo en contra del trabajo infantil y la esclavitud.

Vivió el pretérito indefinido, el tiempo verbal más romántico y puntual que existe (aunque parezca lo contario), con hondos y largos poemas tiernos, delicados, sutiles; en muchos de los cuales manifiesta su amor por los oprimidos, y el apoyo al Risorgimento italiano. Fue precoz lectora y escritora, y prolífica autora de una obra diversa que tuvo mucho éxito.

En 1861 murió, quizás envenenada con morfina y por su marido, quien pudo alterar fácilmente la dosis, y que siete años después, ¡oh casualidad!, hizo del uxoricidio su obra maestra: The Ring and the Book.

Su tumba, que nunca fue visitada por Robert, está en el cementerio florentino llamado “de los ingleses”. Es un pequeño sepulcro de mármol levantado sobre seis columnas. Los curiosos contemplan el monumento mortuorio desde lejos, porque da la impresión de caerse en cualquier momento. Así de precaria es la vida, y parece que la muerte, también.

Alberto Szretter, es médico y vive en Puerto Rico. Tiene publicados cuentos y novelas.

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