Me arde

Por Café Azar, Posadas, Misiones. Escritor, antropólogo, gestor cultural

Implacables, las palabras. Firmes y contundentes. En esa firmeza del libro Demasiado cerca del sol hay temblores ocultos, dudas devastadoras, deseos que arden sin temor a consumirse. Hay paisajes cuya paleta de colores está compuesta por la ira testimonial, la sangre de heridas sin cerrar y la celebración amorosa de los encuentros afectivos, sexuales y enamorados. Se trata de patear las puertas del pecho, como las del cielo (en versión del Grupo Green) y escuchar el eco del grito mudo de aquel niño asustado en un oscuro vacío que debiera caer – en lo posible – estrepitosamente, para respirar, para seguir. El azul  – en sus páginas – es un color que tiñe más de una vez las texturas de aquello que vimos, imaginamos y significamos. El celofán, el cielo (que también puede ser rojo) y el terciopelo (¡Ay, David! ¡Cómo te metiste en nuestra subjetividad para mostrarnos que el deseo es un laberinto cruel y oscuro tras las cercas blancas y los cielos límpidos sin que – podamos saber todavía –  si agradecerte o maldecirte!).

También tenemos una road movie emocional, visiones que se filtran en rutas provinciales, provincianas, panorámicas y tan, pero tan personales. Hay – además – algunos homenajes y dedicatorias con derivas existenciales que apañan con ternura los dolores tristes de las despedidas. Tristezas en los andenes y en las pasiones. Pasajeros en sombras agitando la voluntad de poder.

Así las cosas.

Demasiado cerca del sol.

El libro de poesías de Kevin Morawicki que forma parte de un álbum (¿será esa la palabra que defina un conjunto de canciones en tiempos de visualizaciones y plataformas de streaming?) y una perfomance auditiva y escritural. Ver: https://www.youtube.com/watch?v=HE6sYggMQFw&t=986s

Poética del camino, de las cosas inevitables, del ardor que da el placer y el ardor que convierte todo en cenizas. Ícaro lo sabe, Neil también. Es preferible dicen, y alimentan la tozuda, prepotente, invasiva y hambrienta ansia de vivir. En tiempos de tristes pasiones y algoritmos indiferentes arder es una necesidad vital. Son tiempos bélicos, por eso Kevin escribe como Toro Salvaje en el ring. Las palabras y su fuera de campo son las trompadas y los golpes recibidos. Es Víctor Galíndez con sangre en sus mejillas revoleando el puñetazo final y redentor en la cara de Richie Kates mientras Ringo moría asesinado. Es el fuego en el océano de Andrés.

Y – otra vez – la herida y el refugio.

Leer a Kevin Morawicki es escuchar  Bill Hicks diciendo – con profundo dolor y encantadora esperanza -: “la vida es sólo un paseo”. Cerca del sol.

It’s alright. Café Azar, Halloween, 2022. Perdido en los pasillos del Overlook Hotel, Posadas, Misiones,

  1.  

Un libro producido íntegramente en Misiones, de modo autogestivo. Diseñado  por Marcos Luft.

 Presentación oficial sábado 5/11 (Invitados Especiales: Karoso Zuetta, Nerina y Eva Luna) Reservas al 3743-456275

 

 

 

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