Los tres amigos… 50 años después

Por Luis Daniel Flores. Posadas, Misiones. Médico, fanático del jazz y escritor

– ¡El Hugo tuvo un infarto! -Así ,sorpresivamente, Liete, su esposa, me dio la noticia. Confirmando la creencia que las personas de nuestra edad vivimos con la garantía vencida.

El Indio, o sea Hugo, y Juan Carlos son mis mejores amigos desde la época en que los tres vivíamos juntos, en Córdoba y estudiábamos medicina. ¡Pasaron más de 50 años!  y la amistad perdura. Los veo muy de vez en cuando, la vida nos llevó a distintos lugares del planeta. El indio vive en Rio de Janeiro y Juan Carlos en California.

Le di la mala noticia a Juan Carlos e inmediatamente me dijo:- “vamos a verlo y a estar juntos una vez más”. Casi no pude contener la emoción.

Vivíamos primero en una casa en la calle Juárez Celman del barrio Jardín, cerca de la cancha del club Talleres y después en otra en la calle 9 de julio del barrio Clínicas, cerca de la cancha del Club  Belgrano.

¡Tenemos tantos recuerdos de aquella época de estudiantes!  ¡Tantas anécdotas!…como  cuando apostamos en el hipódromo a “Narizudo” y ganamos!;  cuando entramos colados a la cancha de Belgrano trepando un muro con vidrios;  cuando trajimos a la mascota Fefa; cuando íbamos a la iglesia para que nos invitaran a comer; cuando imaginábamos en qué gastar el dinero  si ganábamos el PRODE; cuando nos recluimos forzadamente durante El Cordobazo…

El 3 de setiembre llegaremos a Rio de Janeiro cada uno en sus respectivos vuelos. Juan Carlos tendrá muchas más horas de viaje. El Indio está preocupado por no comer carne respetando el vegetarianismo de Juan Carlos, Juan Carlos preocupado para no importunar la vida cotidiana del Indio y  los tres preocupados por dónde nos hospedaremos.

Estaremos juntos cuatro días, compartiendo, dialogando de irrelevantes o importantes temas ,allí, nos miraremos a los ojos con el respeto, aprecio y afecto de siempre. Con esa rara sensación que estamos allá lejos en el tiempo pero 50 años después. Usaremos  el lenguaje y jargón inventados por nosotros como  el  -“con semi sumísima cautela”, y el  “ya nada pero ya nada importa”  y otros, con un significado e historia, que sólo lo entendemos nosotros.

Aquella fue la mejor época de nuestras vidas. No porque estemos mal ahora, al contrario,  con toda una vida transcurrida, ya con  nuestras familias y profesión de médicos arraigada y establecida,  con logros y algunos fracasos, esos dos impostores,  pero satisfechos.

Fue la mejor época a pesar que no éramos ricos y no teníamos lujos, apenas nos alcanzaba el dinero para estudiar. Tampoco teníamos mucho para comer, en realidad algunas veces pasamos hambre. Tampoco teníamos ropas costosas, solo las necesarias para vestirnos decorosamente. Tampoco poseíamos transporte propio, usábamos el ómnibus o la mayoría de las veces caminábamos… sin celulares, televisión, redes sociales.

Pero teníamos, preciados tesoros: la Sinceridad, decíamos lo que sentíamos, sin miedos o desconfianzas. Teníamos Ideales e Ilusiones: de ser un gran médico, del Altruismo de salvar vidas, de ser  buenas personas.  Pensábamos que teníamos  el infinito Tiempo por delante. Teníamos la idea de recorrer el mundo y visitar lugares exóticos y preciosos. De tener un gran amor. Pero, sobre todo, teníamos la AMISTAD. Esa que permanece hasta ahora y que nos lleva a estar juntos, una vez más.

Los tres tenemos diferentes maneras de ver la vida. Con ideas políticas y religiosas disimiles. Pero entre amigos…” eso no importa”.

 Y ahora esta noticia del infarto … tantos años con el colesterol acumulándose en esas placas de ateromas, y el descubrimiento de alguna  patología congénita  que pasaba de incógnito en ese corazón, que el Indio se tomó el trabajo de explicarme con precisión académica. Fue en ese instante que apareció la palabra muerte. Comentamos, algo en broma y algo en serio, que si demoramos en juntarnos sería demasiado tarde.

A pesar del entendido presagio que todos moriremos, me sorprende la serenidad que tenemos sobre esa ocurrencia. El Indio dice estar tranquilo porque sabe de qué va a morir. Juan Carlos confiado porque espera la segunda venida de Cristo. Y a mí,  no me interesa hablar del tema.

Estaremos  juntos para cumplir el sagrado deber y misión de seguir y fortalecer la AMISTAD.

Y cuando nos despidamos, quizás por última vez,  la vida continuará, y nos iremos con “semi sumísima cautela”, porque ¡ya nada…pero nada  importa!

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