La grasa de las capitales

Por NEACONATUS

En las primeras páginas de este libro ya se advierte al lector:

[CARACHA].

Modernismo/Regionalismo

  1. f. Algo necesario de expulsar
  2. De carácter molesto e incómodo

[PARRESIA]

De or. Griego

  1. f. En la retórica clásica, era una manera de hablar con franqueza o de excusarse por hablar así, significa hablar atrevidamente

La palabra Caracha también remite a sarna, es un americanismo, sarna de las personas. Pero es además en los Andes, el nombre de una enfermedad de las llamas y otros animales, con erupciones en la piel. En Ecuador la palabra se refiere al lugar donde van los condenados, culpables o no: la cárcel. En Misiones es suciedad. La madre le dice al hijo “limpiate esa caracha que tenés en el cuello” esas rayitas de mugre. Asimismo tiene una acepción peyorativa de costra, de algo purulento, endurecido, como sangre coagulada.

Núñez escribe con desenfado, versos y versos salidos con la espontaneidad (eso impresiona así) del habla, del decir, de la oralidad. Quizás apelando a uno de los significados de caracha, pone en el ¿episodio? 01 “quiero escribir para sacarme la cáscara del lenguaje”. Página 5. El libro es generoso en imágenes. En la página 6 hay una frase “voy a” y una llave grande, vacía, que quizás se explique con los poemas siguientes. En el 03 habla de los dientes, en el 04 dice que el ejercicio es… que hay que identificar el deseo, al menos “eso dicen”.

Vuelve una y otra vez la palabra escupir. Como es un verbo sin mucha prosapia poética, suena, queda resonando. En el 06, vuelve a repetirse. Un poeta argentino decía que hay palabras que tienen cierta prosapia de belleza, en contra de otras que se ponen del lado de “afuera”  del ambiente lírico. Algo de cierto hay. No es lo mismo en un poema decir “capitán” que “sargento”, esta última carece de una historia de obras en las que figuraría. Y no por una cuestión de jerarquía castrense, sino de antecedentes. Con las disculpas del caso que enviamos al Sargento Cabral.

En 07 hay un poema y el mismo poema invertido. Los poetas son bichos raros. Hacen esas cosas sin que nadie supiera por qué. Vallejo, César Vallejo, no llegó a tanto, pero en un poema de Trilce (justo el nombre de la editorial que edita a Núñez) escribió una frase completa invertida. En 08 el autor inserta una palabrita que hace ruido: “bordesito”. Se puede suponer mal escrita, Núñez le puso “s” en vez de “c” como suelen llevar los diminutivos castellanos. “Para contemplarme en el bordesito ese que me genera el lenguaje”. Entonces exploramos, cómo es el diminutivo de borde. Pues, no existe. En buen castizo figuran: costadillo, orillica, bordillo (la más utilizada), filete, naturito, bastardillo, ribereta, vivillo, orillita. Pero no, en ninguna parte, bordesito. Claro que esta puede ser tomada como una licencia poética. El poeta puede hacer cualquier cosa, en serio, ironías afuera.

En 09, regresa el verbo escupir: “escupí con furia”. Un viejo poeta hablando de estas cosas supo explicar cómo entender la construcción “de novo”, de algo que no existe: el poema. A los escritores se le suelen “pegar” palabras por temporadas. Y puso un ejemplo personal: al él se le había pegado el término “alambre”. Y no sabía cómo dejarlo. Es algo similar a las canciones que uno anda repitiendo día y noche, la misma, en forma mental o a los gritos, a veces sin saber ni siquiera la letra. En este poema relata una serie de sucesos, los enumera sin ninguna metáfora a la vista, y concluye que ese listado “ya fue”.

En 10. Pone “esto es un ensayo de la libertad”. Quizás todo el libro lo sea y ahí esté el secreto y su belleza. En 11 continúa su temática. En 12 aconseja algo peligroso: “no te olvides de escribir, incluso cuando no haya motivo” (sic). En la página 18 del poema 13 asegura que “el tiempo solo transcurre”. Es cierto. Pero ¿cabría juzgar que eso ya lo sabemos? Que el devenir es inexorable. Desde Heráclito a Spinetta.

En 14 escribe posansiedad. De nuevo la cosquilla, se escribe así o “postansiedad”. Cristian Núñez no da tregua con su desafío de travestir palabras. El 15 es de un erotismo movilizador. En 16 se pregunta “¿De qué está hablando este tipo?” En 17 dice “soy contradictorio”. Valiente confesión, pero ¿le observaríamos la desnudez de la verdad?

“¿vos preguntás mucho?

¿Yo? Hasta dormirme”.

En 18 siguen las enumeraciones de cosas, actos, etcétera. Las listas parecen ser una obsesión. La poesía ¿es un catálogo de pérdidas? Si nos separamos de nuestra pareja, por ejemplo, ¿debemos escribir un poema al respecto enumerando las sensaciones? Sólo Clarice Lispector pudo hacerlo, o Nicanor Parra, o Ernesto Cardenal, con la belleza inigualable de alguien que pone algo encima de otra cosa de manera genial. Primo Levi, también estaba abrumado con las listas de los fantasmas del recuerdo cuando regresó de Auschwitz. Lo llevaron al suicidio.

Y vamos terminando el libro de Núñez. Quedan aún, 19, 20 (“podés borrarlo”) 21 (como un manual para la depresión), 22 (se consagra a los vientos; bien ahí), y 23 “las palabras no son las cosas”, los nominalistas arden. ¿Qué son las palabras? Las cosas no existen sin las palabras ¿o sí?

Cristian ejecutó un truco de catarsis, si quiso experimentar consigo mismo, es loable. En su voz hay un magma poético que pide seguir profundizando. Allí abajo hay algo más, y nos intriga. ¿Qué será? No lo sabemos. Pero ¿alguien sabe lo que es poesía?

Una vez más la editorial Trilce nos acerca voces noveles, apuesta con premeditación y  alevosía por el ostracismo sedicioso, no busca un segmento de lectores, lo convoca. Que de eso se trata la tan zarandeada creación de nuevos públicos. 

Esta publicación atípica, como todas las realizadas por la editorial misionera Trilce, fue editada y corregida por Marcos Hillebrand y Juan Báez Nudelman. Maquetada y diseñada por Juan Báez Nudelman. El libro fue realizado entre los meses de febrero y julio de 2022 con la colaboración de Sebastián Báez, Belén Maldonado, Pipi Giudice y Estefanís González.

N° 3 / Colección Punto & Trama. TRILCE editorial

Crédito fotográfico: Estefanís González

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