Un rato de encuentros y olvidos

Por María Elena Zuza. Posadas, Misiones. Docente y escritora

A veces ocurre que un plan grupal, organizado y perfecto por razones ajenas a uno se estropea, se desploma y sentimos que nos arrastra y nos derriba con el conjunto, otras veces, ese golpe inesperado nos trae una nueva energía y nos levantamos con más ganas. 

Así ocurrió, no obstante, aún con la sensación de tempestad que arrasaba la quimera de presentar nuestros libros en la gran feria, un grupo de amigas escritoras, con energía nos aferramos a la utopía y la hicimos realidad. Retomamos pasos dados, reenviamos correos electrónicos, WhatsApp, hablamos por teléfono, nos reunimos, hicimos nuestros propios acuerdos, meditamos, rezamos, confiamos en nosotras y en la luz del amor Divino.

Cientos de kilómetros nos separan del centro capitalino del país: Buenos Aires, Baires, la Capital, CABA o cualquier otro nombre que las personas que habitamos el interior provinciano, profundo y federal de esta República Argentina asignemos a la ciudad, representa el paso de la vidriera al mundo.

En esta ocasión, gracias a Dios, después de dos años de ausencia La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2022, fue la cita para los amantes de las letras de todo el país y del mundo, para quienes disfrutan leer y también para quienes disfrutan escribir.

En otro momento podríamos debatir si fue igualitaria en cuanto a oportunidades; pienso que Buenos Aires -La Feria- invitó y muchos pudimos asistir. Fácil y cerca para algunos, difícil y lejos para otros, ahí nos reunimos.

La Biblioteca Pública de las Misiones otorgó las invitaciones y así, con nuestros libros en el equipaje, nos presentamos como dichosas autoras a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2022. SADE, en su stand amarillo, hizo lugar a las autoras provincianas. Allí recibimos y conversamos con los que se interesaron en nuestras obras y eligieron comprarlas. 

Más tarde, después de haber recorrido y habernos deleitado de pabellón en pabellón; a las 19.15 horas fue la siguiente cita. El stand ocre del Parque del Conocimiento de la Provincia de Misiones y la Biblioteca Pública de las Misiones, gentilmente y muy bien organizados me concedieron una hora para que pudiera  explayarme al presentar mis obras  y además permitieron que me acompañara como presentadora la escritora Evelin Rucker, así «Testigo» mi primer libro de poemas, ilustrado especialmente por el artista Bernardo F. Neumann volvió a contar los vericuetos de su historia y algunas de sus poesías se escucharon amplificadas en mi voz y en la de Ricardo Vonte quien, desde su canal de YouTube recitó un poema.

Acercándose la noche fría de Buenos Aires, fue el momento de sentir las voces de «Noche de luna sin luna», un poema infantojuvenil que seduce a niños y ancianos, escrito sintiendo las emociones que nos igualan como seres humanos. Ilustrado por Mateo Lucas, un niño de 12 años con síndrome de asperger, quien, a modo de juego, con este su primer trabajo inicia su carrea de artista. El poema fue traducido a los idiomas inglés y portugués. Además, por esos hechos no planeados, la similitud en el relato poético resonó en las creencias del pueblo Mbya Guaraní y fue adaptado a la lengua y cultura de la comunidad por Anselmo Fernández, joven profesor de lengua y literatura castellana de la comunidad Tekoa Arandú de Pozo Azul, Misiones.

Fue de esta manera y con enorme ilusión que mis dos libros puramente misioneros, se presentaron en sociedad y dieron vuelta una página más de sus versos e historia.

Hacía mucho tiempo que no veía una concurrencia espontánea tan cuantiosa. Miles de personas que eligieron acercarse a conocer, a curiosear, a preguntar y a encontrarse con el libro ansiado, emocionados al punto de abrazar y besar al nuevo compañero que con firmeza sostenían entre sus manos. Tímidamente, caminaban con brillo en la mirada hacia el autor para pedirle una dedicatoria y así capturar el encuentro, además con una selfie que, con orgullo, minutos después de salir del estado de emoción, subían a sus redes. Los autores, en su mayoría gente simple, sencilla, sin corona ni copete, cálida y sin apuro entablaban charlas breves antes de dejar plasmadas sus firmas y unas cuantas palabras especiales como testimonio del momento compartido con el lector conmovido.

El recorrido por la feria fue, también, el momento para descubrir recientes títulos de novelistas, poetas, prosistas, cronistas; a los que algunos eligieron con solo escuchar desde la voz del autor una síntesis del texto. Ese vínculo que observé como testigo me resultó sublime. Un lector anónimo de alguna parte del país decidía llevar a su casa el libro de un autor desconocido y sumergirse en nuevos párrafos al leer.

Durante un sábado de feria vi seguidores de novelistas y novelas, exploradores de frases escritas en los versos de un poeta. Vi gente transitando en armonía, descalzos de egos, triunfalismos o máscaras. Vi a una comunidad compartiendo en familia o con amigos; también vi solitarios acompañados de su inseparable amigo «el libro». Vi jóvenes mordiéndose las uñas mientras que en grupo devoraban el primer capítulo de una nueva novela negra y adolescentes fascinados escuchando al creador del último comic. 

La mayor sorpresa la sentí al cruzarme con una decena de hipoacúsicos que recitaban al unísono poesías leídas en un libro escrito en lengua de señas. No fue todo porque, además, me crucé con quienes buscaban lectura en el stand de ofertas. Observé hombres de trajes grises recostados al sol con lágrimas en los ojos sin disimular la emoción que les provoca la historia romántica que los atrapa. Padres y madres empujando sillas de ruedas con sus hijos y que llevaban libros de cuentos en las faldas. Mujeres leyendo el prólogo de un texto de política; parejas compartiendo una mesa de bar, cada uno en su propio mundo literario. Ciegos con bastones blancos acercarse al stand de Misiones y consultar si tenían bibliografía para invidentes. En cada puesto seres humanos con ansias de descifrar o interpretar, de disfrutar, compartir y también escuchar y ser escuchados al ser leídos.

En La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires – 2022 sentí a mi alrededor una bulliciosa paz, alegría, madurez, mesura, cordialidad, respeto y también, un rato de olvido del agobio y de las preocupaciones, del ninguneo. Sentí una tarde de encuentros, porque allí, en la feria, todos éramos solamente fervientes admiradores de libros.

Anuncio publicitario

2 Comments

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s