Lectores, autores y lo que no se puede decir

Por Belén Silva. Posadas. Presidenta de la Sociedad Argentina de Escritores, filial Misiones

La 46° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires viene cargada de las ansias que supieron alimentar dos años de ausencia por razones que todos conocemos.

Un verdadero parque de diversiones para los amantes de los libros, donde convergen las editoriales, universidades y librerías más importantes del país. Enormes beneficios para las bibliotecas populares, promoción de la actividad de las librerías y gran impulso a la industria del libro en general.

Se percibe un efecto narcótico entre lomos y tapas fulgurantes.

Los distintos pabellones de la Feria del Libro atraen tanta variedad de personas como de intereses. Desde coleccionistas del objeto libro al acecho de ediciones exclusivas, pasando por los que buscan 5 clásicos por $1000 para regalar, hasta lectores sin rumbo claro que quieren saber «qué se lee» en la actualidad.  

Mil actividades culturales, fraccionadas en diecinueve días, ocurriendo en simultáneo para la exacerbación de los sentidos.

El “lado b” de la feria son los intereses meramente capitalistas, los egos y las censuras. Eso que no se puede decir. Los noveles escritores que sienten que tomándose una foto dentro de la feria y publicándola en redes avanzan diez escalones hacia la cima del “reconocimiento”, que son los mismos que asisten a más eventos culturales que capacitaciones y rara vez se los ve a la salida llevando más libros que los que les regalaron otros colegas. 

La feria es también la alfombra roja de famosos devenidos en escritores y autores consagrados que presentan o acompañan presentaciones en los distintos pabellones de la feria aglomerando a cientos de personas. Es un buen campo de estudio para las ciencias sociales descifrar si allí se disputa el amor por el libro y su contenido o la desesperación por una firma y una selfie. 

El discurso de apertura a cargo de Guillermo Saccomanno fue tan esperado como inconsistente, lleno de contradicciones. Capaz de quejarse de lo que cuesta imprimir un libro, de recibir solo el 10% del precio de tapa y en el párrafo siguiente ufanarse de los libros que -con la licencia de la juventud- se robó de las librerías. Eso, mas un despliegue de los autores que se jacta de haber leído, (muy Borges) nombrando una lista interminable de treinta de ellos.

Resultaba difícil estar entre el público de ese auditorio con miles de personas riéndose y aplaudiendo frases que de plano dejaban en ridículo el mero hecho de estar asistiendo a la feria.

“Esta es una Feria de la industria, y no de la cultura aunque la misma se adjudique este rol. En todo caso, es representativa de una manera de entender la cultura como comercio…” decía Saccomanno después de contarnos que cobró $250.000 por dar ese discurso.

Se agradece una dosis de sinceridad, de autocrítica, en estos eventos que guardan tantos intereses económicos, políticos y personalistas. Con suerte, ahora podrán conversarse y se están conversando cuestiones importantes en relación al libro y sus autores.

Recomiendo leer “El discreto encanto de despreciar la Feria” de Guillermo Martínez.

Párrafo aparte se merecen los jóvenes que de a miles recorren la feria, en grupos, intercambiando recomendaciones de libros, de editoriales, de autores. Adolescentes que abrazan y besan al libro que por fin es suyo. Algunos, se sientan allí mismo en la alfombra a devorarlos porque no pueden esperar.

Hay una literatura juvenil de gran éxito que las grandes editoriales promueven y que representan una nueva etapa en la literatura pensada y escrita para las generaciones jóvenes y sus formas de consumo.

En el pabellón Ocre, correspondiente a las provincias, se cae fácilmente en la opulencia gráfica y de performance artística ofreciéndolas como destino turístico, explotando con bailes, música y folletería sus singularidades culturales más de lo que se promueve a sus escritores y sus particularidades narrativas.

Para los escritores de las provincias la magnificencia de la feria es alucinante, vivir la experiencia, que no te la cuenten, conocer a colegas, a lectores y traer a casa nuevas lecturas junto con la efervescencia cultural de la «capital» que suma nuevas inspiraciones sin dudas es justo y necesario.

Solo no perdamos de vista la capacidad de analizar, sumarnos a los debates y salir del estado de «entretenimiento» que tan lejos está de lo que nos ayuda a crecer en lo que amamos.

 

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