Nanorrelatos, voces y juguetes rabiosos

Por NEACONATUS

Escribir sobre juguetes y encierro. ¿No es una idea encantadora? ¿Inquietante?

Existe una magia particular en los juguetes, tesoros que brillan sobre el tiempo, amuletos a pasadizos secretos en nuestras memorias, historias no contadas que necesitan retomar su propia voz y en su vínculo con la palabra literaria adquieren categoría de objetos poéticos.

 Este libro es una invitación a sumergirse en las profundidades de nuestros recuerdos, un viaje por la niñez a través de 121 nanorrelatos impregnados de poesía y melancolía. Después de todo, ponerse creativo en época de confinamiento es una astuta manera de zafar la locura. Natalia Giménez

¿Qué diría Augusto Monterroso del libro Nanorrelatos: Juguetes y cuarentena, que se publicó este año, de varios autores, compilado por Agustina Bartoli, Alfredo Germignani y Natalia Giménez, editado por El Quiosquito y Literatura tropical en Barranqueras, Chaco. Seguramente se sorprendería. Y gratamente. Porque el autor guatemalteco, maestro de la síntesis y el relato breve, no habrá pensado muchas veces que un grupo de escritores acortarían tanto los relatos para volverlos una síntesis enorme sugiriendo al lector múltiples significados.

El tema convocante son los juguetes y la cuarentena. Los juguetes no solamente como objetos de solaz, ni como cosa de niños para distraerse, sino como cuerpos o naturaleza, rotos o enteros, que nos acompañan y complementan en las sombra de nuestras vidas. El juguete como ente de regocijo para nada, porque el juego en primer lugar es una instancia iniciática, sin lucro alguno. Podrá en un segundo nivel ayudar a realizar conexiones mentales o motoras, o servir para el aprendizaje. Pero estos logros son totalmente a posteriori, consecuencias muy secundarias. Exactamente igual que la literatura. Y acá tenemos uno de los aciertos editoriales de este libro: invitar con la evocación de juguetes (artefactos, deidades menores y lúdicas, poltergeists traviesos) a escribir con las mínimas palabras indispensables, y con ese extracto de emoción, hacer literatura. Son términos, frases cortísimas donde no existe la descripción, ni el juicio de valor, ni el intento de convencer a nadie de algo. Son como gotas del lenguaje, más chicas que los haikus, tan acotadas entre inicio y final que casi son suspiros.

Alguien explicó que el microrrelato tiene inicio, nudo y desenlace, que es igual que el cuento clásico pero de forma breve. En esta obra no sucede eso. Buscando antecedentes leímos que una oración aislada, por si misma, no califica como microrrelato. Pero este libro escapa a esa norma, porque justamente no son microrrelatos, sino nanorrelatos. Quizás también escape de la prosa, salga de todo parámetro, no encaje en nada, como si puestos a jugar los escritores se dieron a sí mismos las reglas, las inventaron ahí, las imaginaron así de libres, y les agregaron imágenes de muñecos lastimados, incompletos, para decirnos que somos los lectores los que debemos unir las fragmentaciones de palabras que no van o no iban así como están, o que sí van o iban así como están, pero formando parte de un cuento-juego más largo, o que antes era otra cosa. Otra cosa más bella o más fea, según la o el lector. Porque la lectura de estas páginas no concluye con la asimilación de cada página. Cuando recorremos este texto, incluso al azar, tenemos la sensación de estar dándole los golpecitos necesarios a un títere para adosarle la cabeza que se le ha salido. Reflexionamos en ese instante, como en el rápido resumen vital del suicida, una época entera de nuestra infancia. Además lo hacemos en suspenso larval, estado de excepción cronificado (¿diría Agamben?), que no otra cosa es la pandemia.

La mixtura de palabras e imágenes es incómoda, soplos verbales de juguetes rabiosos. Mark Fisher aconsejaría que son cosas que no deberían estar allí. Objetos familiares, por excelencia los juguetes, que al desgarrarse y ser abandonados pierden su derecho a vivir en el reino de lo “doméstico”. Y quizás regresan del inframundo de todo lo que descartamos por capricho, sujetos y objetos, para vengarse de nosotros como fantasmas pestíferos. Los nanorrelatos unen entes que no convendría, vaya a saber, que copularan juntos. La progenie podría perturbarnos.

Palabras y encierro, atmósfera sofocante que nos sugiere al inefable Thomas Ligotti, maestro de lo extraño más allá de lo consciente. Relatos breves construidos con retazos de sugerencias, hilachas de telas que flotan en habitaciones donde alguna vez jugaron niños y niñas que hoy son sólo sombras. Estos nanorrelatos invocan lo inadecuado, lo que importuna la seguridad, son jadeos de lo extraño. Instantes breves como visiones antes de despertar. Ligotti refiere en tres líneas esa sensación: Un hombre se despierta en medio de la oscuridad y alarga el brazo para coger las gafas de la mesilla. Alguien o algo coloca las gafas en su mano.

Obras como ésta impulsadas por El Quiosquito y Literatura tropical nos indican que algo ha cambiado en el mundo, virus mediante. Algo debe variar en el decir, en el contradecir también, y hasta en el sentir. No nos quedamos con ningún nanorrelato en especial, permanecemos en todos, porque juntos nos dicen que podemos abrir la puerta para salir a jugar. Aunque luego se cierre de golpe y nos encontremos solos en medio de una calle vacía dentro de una noche eterna, en un planeta sin lunas. 

Créditos y devenires

El prólogo advierte, este libro surge a partir de una iniciativa de la artista Natalia Giménez a través de su espacio cultural “El Quiosquito”, en co-gestión con la línea editorial de la plataforma creativa Literatura Tropical, y reúne los textos literarios seleccionados a partir de la convocatoria llevada adelante durante 2020 bajo la consigna “Juguetes y Cuarentena”.

Dirección Editorial: Agustina Bártoli – Alfredo Germignani. Compilación: Agustina Bártoli – Natalia Giménez. Diseño de Interiores: José González [Jota Darq]. Diseño de Portadas: Blas Aparecido – Carlos Aguirre. Corrección: Agustina Bártoli – Alfredo Germignani

Autoras y autores: Ayalén Figueroa, María Angelina Cazorla, Julián Bravo Rodríguez, Patricia Martel Azar, Ricar Mosca, Agustina Bártoli, Sandra Soler, Cristian Andrea, Oscar Blanco, Tony Zalazar, Natalia Barchuk, Héctor Zabala, Cristhian Mario Chuiko, Camila Perezlindo, Julieta Ramos, Ramiro Ignacio Monteros Solito, Fernando de Leonardis, Nora del Carmen Mendizábal, Sara Colque, Angelina Carissimo, Franco Gabriel Greve Cárdenas, Sofía Victoria Díaz, Estela Pellegrini, Fernando Catanneo, Matías Ávalos, Fernando Santiago, Mauro Galarza, Blas Aparecido, Nadia Sapag, Rosa Rivero, José González, Verenice Cardozo, Loreley Gonzáles, Nicolás Isla, Alfredo Galeano, Mercedes Alegre, Mónica Florencia Maidana, Tami Lang Goy.

Como expresó el equipo frente al público asistente durante la presentación en la Feria Iberoamericana del Libro, Chaco 2021 “este libro, que aún se encuentra en formato virtual, es el resultado de la autogestión y el esfuerzo colectivo del que todos ustedes también son parte. Estamos organizando un evento en el Quiosquito para el mes de diciembre, donde lanzaremos la pre venta del libro. Muy pronto, más novedades que compartir.”

 Literatura Tropical www.literaturatropical.com literaturatropical@gmail.com

El Quiosquito, espacio cultural autogestivo. elquiosquitoarte@gmail.com

 

 

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