Cuando la letra con sangre entra

Por NEACONATUS

¿Se puede separar el arte (en este caso la escritura) de la vida cotidiana del artista? Sade era un psicópata de género. Genet, ladrón embustero. Anne Perry una asesina que luego se dedicó a escribir. Rimbaud un traficante de esclavos que le tajeó la cara a su compañera negra en Etiopía. Issei Sagawa, fue caníbal, no poca cosa. Richard Dadd un parricida. Con el agravante que Dad/Daddy significa papito en inglés. Los hermanos Karamazov fue inspirada en el asesinato del padre de Dostoievski por parte de unos sirvientes. El escritor ruso era un asiduo lector de policiales. El Chango Rodríguez liquidó a otro músico. El filósofo Althusser mató a su esposa. Norman Mailer en pleno vuelo alucinógeno o borracho y jugando al torero casi mandó al otro mundo a su pareja. William Burroughs se hizo el Guillermo Tell con su esposa y erró el tiro: la bala se incrustó en el cráneo de la desgraciada señora. También el ácido que el escritor Barón Biza le arrojó a la cara a su esposa en plena discusión por el divorcio. Don Georgi fue a cantarle loas a Pinochet en septiembre del ´76. Quizás al listar una serie de personajes famosos y que fueron malos para la sociedad ¿justiciera?, quizás nos resistiríamos a aceptar una relación entre el arte y lo inmoral. Ecuación intocable para una Gauche Divine que, otra vez, ni se entera de la que se viene.

Escribir no es un oficio inocente, quien dispara palabras tiene como James Bond ¿licencia para matar? De aburrimiento no y anatómicamente tampoco. ¿Las canciones si? Cara al sol el himno de la Falange española podía dispensar una dosis de aceite de ricino a quien no la cantara con la suficiente energía.

Existe una categoría de rapsodas, digamos una especialidad, constituida por los que ponen letra a las melodías, llamados mirando medio de costado “letristas”. Este oficio artesanal (¿menos que artístico?) también tiene lo suyo en el sentido de fraguar una obra que no importa mucho cuánto de exactitud posee, y sí, cómo se combina con las redondas y corcheas. Y en este momento histórico, desde hace décadas, intervienen dentro de la cabeza de millones de personas. Las letras de las canciones son como manuales de comportamiento social. Ya se decía que los Beatles te sugerían pasear de la mano con tu hija y los Rolling llevársela a la cama. Y vaya si una letra de reguetón no impone hoy pautas de comportamiento sexual entre chicos y chicas. Este tema en NEACONATUS siempre regresa. Puede que el artículo aquí propuesto levante algunas ampollas.

Ya que estamos vamos a ocuparnos de los letristas que además son músicos espontáneos pues respiran ritmo, pero de uno que además de asesino fue un pésimo compositor. Supo escribir una canción llamada “Ego” que tiene una estrofa que dice así: “Está en la parte posterior/…/ y lo llaman subconsciente/El viejo ego es demasiado/Va a ser que te engañes/Que pienses que eres otra persona/Vas a actuar como un payaso/Y te enojarás cuando alguien te humille/Cuidado con el ego, es demasiado/Cuando todo parece que está bien/El viejo ego te pone en aprieto/Tu corazón se sacude…/Luego la calma regresa”. El autor se llamaba Charles Manson.

El tipo quería ser músico de rock, o por lo menos intentaba cantar en un estilo folk – country, aunque lo que pudo grabar se arrima más a las baladas convencionales. Tenía un estilo desmañado, incoherente y resbaloso. Armaba progresiones armónicas sin originalidad, con acordes básicos y una arritmia enervante. Muy bien representada en la serie de televisión Aquarius con David Duchovny.

Antes de los hechos que lo hicieron famoso estuvo preso. En la cárcel registró un disco (de manera precaria, lowfi entre barrotes) que viene a cuento de cómo empezamos este escrito: lo tituló Lie (Mentira). En los EUA si uno es osado puede vivir vendiendo gatitos chinos que mueven el bracito. Manson vendió algo: su Mentira, y pudo pagar a una abogado que lo sacó de la penitenciaría. Pero como ya lo sospechábamos, la historia recién estaba por comenzar.

En julio de 1968 un tal Dennis Wilson iba manejando displicentemente su descapotable por una ruta de California, cuando vio a dos chicas que hacían autostop, y las subió al auto. Wilson era el baterista y uno de los fundadores de la famosa banda The Beach Boys, estaba muy relacionado con las empresas discográficas, tenía dinero, era un músico exitoso y su deporte favorito era el alpedismo. Ahora ¿quiénes eran las chicas? Las señoritas formaban parte del clan Manson, y se la pasaron hablándole al maravillado Dennis de un tal “Charlie”. Él las invitó a su enorme casa, pero ellas dijeron que iban a volver con su amigo. Para abreviar la historia, no pasaron muchos días cuando se apareció en la mansión un hombrecito de barba y desgarbado con las chicas detrás. El visitante se agachó, se arrodilló y besó los zapatos de Wilson, un ritual que solía hacer. Cuando el dueño de casa, entre asombrado y contento, quiso darse cuenta, su jardín estaba lleno personajes que bailaban, bebían y se fumaban unos porros modelo zeppelin. Juerga de aquellas.

Acortemos el cuento: el clan invadió la casa, se instaló en sus habitaciones, donde se distribuían las drogas, mientras otros le vaciaban la bodega al despistado baterista. Todos los recién llegados hacían las cosas con el mayor desparpajo y total confianza. Manson por ejemplo, le chocó el Mercedes a Dennis, que contabilizó, cuando logró que se fueran, más de 100.000 dólares de gastos entre los que estaba el tratamiento de una venérea. Dijo, unos años después, que fue la gonorrea más cara de la historia. Dennis abusó del alcohol, cocaína y heroína. Vivió su último tiempo de forma nómade. El 28 de diciembre de 1983 se ahogó en Marina del Rey, después de beber y bucear, bucear y beber. Tenía 39 años. Manson y Wilson hicieron juntos un par de canciones. Es más, Manson aseguró un tiempo después que Wilson le robó “Cease to Exist” (Deja de existir) todo un titulazo, dado lo que estaba por venir. Los hermanos Brian, Dennis y Carl (núcleo original de los Beach Boys), con un padre abusador y una madre ausente no la tuvieron fácil. Sugerimos la biopic cinematográfica “Love & Mercy”, la historia oscura de unas no muy buenas good vibrations.

Pero retrocedamos hasta la invasión de chicas y muchachos a la casa de Dennis. Lo que pretendía Manson era que el integrante de los Beach Boys lo introdujera en el mundo de las discográficas. Dennis lo presentó a Terry Melcher, el hijo de Doris Day, pero este productor lo ignoró completamente. Lo cual hirió profundamente al líder de la secta. Cuando salieron de la mansión de Sharon Tate lo hicieron cantando un éxito de la rubia actriz “Qué será, será”. La novia de Melcher era la bellísima Candice Berger que dijo que la asesinada bien pudo haber sido ella y no la esposa de Polanski.

La infausta historia de Charles Manson comenzó en la infancia, cuando su madre lo cambió a una mesera por un par de cervezas. Luego fue un tío a recuperar el bebé. Le siguieron, ya más grande y dentro de una familia disfuncional, arrestos, fugas y más detenciones. Con diez y ocho años tenía en su haber ocho cargos. Sus delitos varían desde hurto en licorerías, resistencia a la policía y robo de automóviles.

Parece que la música le prendió en la cárcel. Ahí creyó que estaba destinado al estrellato mediante la composición castigando la guitarra. Liberado en el ´67 se fue a San Francisco, allí fundó eso que bautizó La Familia, con todo el grupo se trasladó a Los Angeles y formó una comunidad hippie, que en vez del amor predicó el odio, la sumisión y el abuso sexual.  

La cosa ya no venía bien en la tribu, porque todos los excesos les estaban resultando escasos. Una teoría afirma que el asunto explotó por una canción de los Beatles “Helter Skelter” (Descontrol). ¡Ah! lo que pueden las canciones que dicen la verdad o que mienten. Puede ser porque ese título apareció escrito con sangre en las paredes de la casa de Sharon Tate.

Por aquella época corrió el rumor de que pasados al revés en los discos se podían escuchar mensajes diabólicos. Helter Skelter, la canción número 23 del disco fue la que más llamó la atención de Manson. La composición, escrita completamente por Paul McCartney, quizás era la canción más heavy en la producción de Los Beatles a la fecha. Sin embargo, a pesar de la guitarra pregrunge, los sonidos alucinados y los gritos de fondo, la letra de la canción era completamente inocente y hablaba de una vieja montaña rusa y de la sensación de subirse en ella. Muy lejos del significado que Manson le daría meses después.

Cuando las hemorroides sociales se inflaman pueden surgir análisis (con perdón de la palabra) irritantes. “Revolution 9” por ejemplo cantada por Lennon y Yoko Ono donde ellos dicen “right” (correcto o derecho) Manson interpretaba “rise” (levantarse). Y en vez del rótulo verdadero, lee “Revelación 9” o sea el noveno capítulo del último libro de La Biblia, el apocalipsis. Y la confusión sigue: “Piggie” de George Harrison, Manson aseguró durante el juicio que el chico de las Gretchs se refería a los políticos, y que había que degollarlos a todos. Con toda esa locura esnifada, Charles Manson y su clan inicia su sangriento peregrinaje. Primero matan de manera ritual y brutal al músico Gary Hinman, en Malibú. Esto es en julio de 1969, en agosto ingresan a una casa de Roman Polanski en Beverly Hills. El Director polaco estaba en Europa ultimando su película “El bebé de Rosemary” filmada en el edificio Dakota donde una década después asesinarían a John Lennon. En la vivienda de California estaba Sharon Tate y unos amigos. Ahí se produjo una masacre. Pero al otro día entran y aniquilan, en la casa del empresario Leno LaBianca. Una de las integrantes, tal vez una de las chicas que levantó Dennis Wilson en la ruta un tiempo atrás aportó una lista de futuros candidatos a morir “como cerdos que son”: Richard Burton, Elizabeth Taylor, Steve McQueen, Frank Sinatra, Tom Jones… ¿nadie del Ku Klux Klan?

Mark Chapman el asesino de Lennon dijo haberse inspirado en “El guardián en el centeno” de J. D. Salinger. Mason que tenía una morcilla mental es decir una locura de sangre coagulada, vengativa, resentida, era fanático de los Black Panthers y se había grabado una esvástica en la frente, afirmó que se iluminó con las canciones de los Beatles. Todas estas sandeces le hicieron daño a la música, porque saltaron las clases reaccionarias y conservadoras de los USA y del mundo. Sin embargo el sistema capitalista miraba para otro lado. El negocio era muy bueno y en alza.  

Hace pocos días un candidato de las PASO en Buenos Aires mientras festejaba su éxito saltando como en un recital, sonaba como música de fondo “se viene el estallido” de la Bersuit. Los winers estaban escoltados por efectivos de seguridad vestidos con uniforme negro. Conexión poco afortunada entre moda y música.

Las letras de las canciones pueden o no decir la verdad, aunque un tarado u oportunista con su grupo desquiciado crea escuchar cualquier otra cosa. La paranoia viene por las condiciones sociales y económicas de una organización alienante de la vida y detona por estímulos nimios. Así salen los Manson o los responsables directos de Columbine o los demás tiradores y criminales. Y otros también, aunque no necesariamente lleven un arma en sus manos.

Imagen: Fotograma intervenido de la serie Aquarius (NBC 2015)

1 Comment

  1. ¡Grande Neaconatus! La música tiene más poder del que se le reconoce. Ahora, cuando los que la escuchan vienen ya preformateados para el desquicio, ni los villancicos los salvan. Entonces que no le echen la culpa a la guitarra eléctrica, ni a los letristas, ni al submundo del rock y de otros ritmos. El tango hasta Gardel, era cosa de bajofondos prostibularios. Por ejemplo, un famoso escritor argentino cuyo apellido comienza con “B” hablaba peste del tango, y bien de la milonga, contradicción que solo puede entenderse como provocación al gusto popular. Lo que le molesta a las élites no son los sourvernirs de la música, sino que esta posea arraigo en el pueblo, que convoque multitudes, lo que sus dirigentes no logran hacerlo. Ahora, cuando ven el negocio, se prenden como huérfanos a la teta.

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