Por qué escribo

Por Alicia Marina Rossi. Resistencia, Chaco. Escritora de poesía y novela

Después de oír el decir contundente de escritores entrevistados, ante la pregunta: porqué escribe, también respondo a quien quisiere preguntarme (aunque nadie lo hizo) y en especial a mí. Lo importante es contestarse y contar a quien quiera oír. 

Escribo porque no puedo decir oralmente bien, con hondura, no puedo expresar con claridad lo que siento  y deseo transmitir.

La escritura me da la posibilidad de pulir y perfeccionar el pensamiento, aunque lo logre solo en parte.

Escribo porque cuando me invade la torpeza, las debilidades, la dificultad para hallar la palabra indicada, precisa y oportuna no hay nadie delante, ni un oyente virtual esperando, a quien respeto.

En cambio, ante un lector ausente y futuro tengo la oportunidad de tallar las ideas y gestar un ser nuevo. Porque el temor de no saber o no poder decir se lo aguantan los grillos de mi cuarto y los fantasmas que ahuyento con el ventilador de techo y que no asustan a nadie más que a mí.

Porque puedo volver sobre el texto, borrar, reflexionar, tengo una oportunidad. En la voz no hay vuelta de hoja.

Escribo para ordenar la mente que alborotada y atiborrada anda a los tumbos; porque no entiendo el mundo y a veces las palabras me lo cuentan, lo descubren y lo espío por sus rendijas.

Escribo porque me duele adentro, porque estoy harta de mí y quiero irme lejos. Escribo porque llueve y porque no llueve, porque sí y porque no.

Porque a nadie le importa, lo hago sola, sin ruido, sin estorbar, sin censura previa, salvo la mía, claro. Escribo porque me canta un pájaro.

Cuando veo palabras en un charco, son las que flotan en los charcos de mis ojos, las tomo porque están allí desprovistas de paisaje de mar, de río y las llevo a las profundidades del agua y las libero. Lo que suelo olvidar es que siguen los dos charcos en mi cara y la tarea de rescate no termina.

Escribo para nada, publicar es otra cosa, escribir es decir en el silencio los alaridos, los cantos, las protestas, las pasiones, ejercer el derecho de expresión pincelando el pensamiento, no borrarse en el tiempo, testimoniar a la habladora que no calla. ¿O para qué me habla?

Escribir es decir: yo digo, no importa si no escuchan, digo. Después vendrá el compromiso con el arte. Pero antes es conmigo. 

También es ser fiel a esa voz invisible que te dicta, de la que mucho no se habla, dicen que tal vez venga de un loco o loca sueltos. Será mejor o más fácil referirse a una única voz que nos habita, aunque en la intimidad escuché seres invisibles que merodean y escaparon de mí.

Escribir es animar a leerte y saber de tus pobrezas, de tus insuficiencias, de los demonios que te habitan. Espejo atroz de finísimo cristal en peligro de quebrarse y perderte en las fisuras.

Escribir es menos peligroso que leer y escuchar. Después de leer  a quienes dicen bien, de escuchar a quienes tienen algo que decir, sucede que te atemoriza escribir, más aun hablar.

La suerte es que el miedo se te pasa, porque escribir es a solas, ya lo dije, solo tienes que atrever a verte en el papel, que es el cristal frágil del que hablaba.

1

Con la luz del sonido

voy a releer los textos

a borrar lo intocable

y tragar las sobras

tal vez

con esas acciones

la obra se incomplete lo necesario

te dejo

una hoja en blanco

para nacer hacia dentro

2

El lector se rasca para adentro

en secreto placer

sin culpas

decidí entrar a esa fiesta

escribo

para tener mi propia orgía

3

Siempre

hay un loro más orejudo que yo

posado en un vértice invisible

que escribe

la partitura del poema que sueño

Ámbar

Hace tiempo

alguien llora en mi casa

convertida en lámpara

la pinotea

lleva medio siglo lacerada

y aun llora en resina

sus aromas de menta

con estirpe de pino

con orgullo de bosque

el madero denuncia

la sierra del imperio

que abrió su corazón

y lo desangra

alguien llora

hace tiempo en mi casa

si hubiera un oxímetro

que amplíe su latido

el pulso de sus venas

habría oído el llanto

fue la fascinación del ámbar

que agudizó mis ojos

y hoy descubro

sus lágrimas fosilizadas 

bajo su lumbre

arrimada a su pena milenaria

unas gotas salubres

empañan mi lectura

hoy no llora sola

la que llora en mi casa

La muerte es una metamorfosis

El oleaje pequeño del río

persiste

como albañil del agua

yo, hija de Leteo,

escucho su mensaje de olvido:

nada es quieto

ni forma permanente

dicen las arenas

un canto de agua

sobre el pentagrama de olas

insiste:

lo que es no quedará

alertadas mis manos

consteladas por la noche

se internan en el río

a cazar las estrellas de agua

los peces las pegan a sus escamas

se las llevan

y me recuerdan

que el brillo me es ajeno

entre aletas pregunto:

si no soy pájaro ni pez 

si tan solo camino

a qué he venido

las manos del tiempo

dibujan una clave de sol en el viento

una mariposa sale de mí

no logra seguir su largo viaje 

se posa

donde mejor se metamorfosea

Imagen provista por la autora

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