Una reseña añejada durante catorce años

sicilia-definitivo

Por Carlos Piegari. Buenos Aires, Posadas, Barcelona. Escritor sofista. 

Fue hacia el año 2007, ya no vivía en Argentina. Estaba de paso por Buenos Aires, caía la tarde, fría y solitaria. El auditorio de la escuela de periodismo Tea se iba caldeando de a poco con el público que llegaba para la presentación del libro de Luis Sicilia. Ocupé una butaca a un costado alejado del escenario donde el autor y otras personas también entraban en escena. Quería pasar desapercibido, hacía muchos años que no lo veía a Luis, el hombre que me abrió las puertas de una redacción cuando llegué a Misiones en 1994. Algo que agradeceré por siempre.

Luis “Tino” Sicilia compartiría su reciente obra Un cronista recorre América, del Che Guevara a la Guerra de Malvinas. Un texto que podría encuadrarse, según el prologuista Rogelio García Lupo, en el género periodismo testimonial. Un periplo de crónicas que entre los años setenta y ochenta nos llevan a Cuba, Moscú, Bolivia, Perú, Chile, las Malvinas, el Chaco y Misiones.

Finalizado el evento me acerqué y nos abrazamos. No me sumé al festejo posterior, debía llegar a tiempo a Retiro para tomar el último micro a Posadas. En mi mochila ya atesoraba su libro. Lo leí varias veces, ya es tiempo de contar algunas de sus aventuras.

Para los jóvenes comunicadores sociales de hoy cabe mencionar que Luis Sicilia fue un periodista que nació en Buenos Aires (1930 – 2016). Trajinó las redacciones de publicaciones emblemáticas: La Hora, Crónica, Ultima hora, El Cronista Comercial, La Calle, Buenos Aires Herald, El Periodista, La Semana, Perfil, El Observador y Trespuntos. Y en Misiones estuvo involucrado en los medios gráficos, El Libertador, Primera Edición y El Territorio. Fue contemporáneo y compañero de trabajo de Carlos Gabetta, Silvina Wangler, Carlos Nine, Scafati, Cascioli, Osvaldo Soriano, Marcelo Zlotogwiazda y Estela Canto (la única novia de juventud de Borges), apenas algunos referentes de un amplio seleccionado histórico de la prensa argentina.   

La masa madre del periodismo son las cosas que pasan y las lecturas que los medios de comunicación construyen. Los albañiles que procesan la argamasa adhesiva de los diferentes ladrillos de la información son los periodistas. Profesionales que desde los años setenta han renovado sus herramientas de avistamiento y registro de los acontecimientos y sus versiones. Quedó atrás aquella ortodoxia donde primaba una supuesta objetividad, la subjetividad y el compromiso emocional fueron ganando espacio. Leer el libro de Luis Sicilia, hoy descatalogado pero accesible en las plataformas de venta online, es una experiencia vertiginosa. Durante 19 capítulos viajamos en autos, camionetas, micros, trenes y aviones, apasionados por capturar la primicia, la frase que corone un artículo o intentando llegar a la ineludible hora de cierre antes que se pongan en marcha las rotativas.

Casi todas las páginas de Un cronista recorre América, del Che Guevara a la Guerra de Malvinas forman parte de esa prosa, casi literaria, vinculada a unas redacciones de diarios y revistas que ya casi son leyenda. En el CAPITULO X (El toba rebelde) leemos que durante la intervención militar en el Chaco de los años setenta a cargo del General Serrano, Sicilia visita la región de El Impenetrable y recuerda que “los cortos de TV mostraban tractores conducidos por tipos que tenían el torso desnudo, abriendo a destajo la Ruta Nacional Juana Azurduy, que conducía al obrador, luego convertido en un caserío bautizado Fuerte Esperanza.

Algunos porteños despistados atraídos por la oferta de ocupar tierras sin pagar un peso llegaron al lugar y se encontraron con la endiablada cina cina y árboles casi sin follaje, de madera dura y profundamente enraizados. Pensaron entonces que una forma de despejar la tierra era atar la culata del camión a la base del árbol y arrancarlo. El fiasco fue tremendo porque lo que arrancaban era la caja del camión que la mayoría de las veces quedaba allí abandonada, junto con los sueños de los improvisados granjeros”.

En el CAPITULO XII (La voz de las noticias) un fragmento es digno de una película de los hermanos Marx. Sicilia trabajaba en el popular diario Crónica junto con Américo Barrios que cada semana escribía sobre platos voladores. Llega un hombre, pide hablar con el redactor especializado y sin mayores preámbulos afirma que los extraterrestres le transmitieron un poder: “el poder de volar”. Sicilia remata la anécdota relatando que “y sin dudarlo un segundo se tiró por la baranda agitando los brazos. Cayó sobre el mostrador del empleado de guardia y no se mató de milagro pero sufrió contusiones graves.” Este es el truco de magia narrativa que el libro destila, de una escena bizarra como esta cruzamos a la vereda de las luchas obreras en Latinoamérica.

Aterrizamos en la Bolivia de 1980 durante la dictadura del general García Meza y como contrapunto surge la figura del escritor y periodista Sergio Almaraz que denunció las condiciones de trabajo de los mineros no muy diferentes a las padecidas durante la época colonial. Nuestro cronista viajero relata “Por cada año de trabajo en las minas profundas envejecen tres. Las partículas de sílice producidas por los taladros al perforar la roca, quedan adheridas en los pulmones endureciéndolos gradualmente hasta producir la muerte.”

Disfrutemos la prosa ligera y ágil que fluye desde algunos párrafos del libro.

CAPITULO I

Tomando mate con el Che

¨Había viajado con el propósito de participar de un encuentro de la Federación Sindical Mundial. El Che se alojaba en un hotel cuyo diseño arquitectónico, a pesar de haber sido construido en los años 40 o 50, expresaba el mal gusto del llamado monumentalismo zarista… Me había quedado sin tabaco para la pipa y sabía que el ruso era de pésima calidad, así que empecé a deambular buscando una tabaquería cubana que, según un colega italiano, quedaba muy cerca del hotel Moskva, en las inmediaciones de la Plaza Roja. Mientras caminábamos el moscovita que oficiaba de intérprete me tiró a quemarropa una noticia bomba: Allí, en ese hotel, está alojado el Che.

– Yo lo quiero ver – me apuré a decirle -. Espero que me reciba.

Ese mismo día lo intenté, pero choqué frontalmente contra la guardia mixta ruso-cubana instalada en el lobby del hotel… Sin embargo, mi condición de periodista argentino y la ayuda de un colega cubano me permitieron superar la primera barrera… Cuando salí del ascensor me encontré con una señora sin maquillaje, detrás de un escritorio-trinchera, que lucía un enorme rodete y hablaba en perfecto castellano. No señor, usted no figura en el listado de las personas que tienen audiencia con el camarada Guevara, así que regrese al ascensor… Cuando ya me veía en tránsito a un calabozo se produjo el milagro. De una de las habitaciones ubicadas al final al final del pasillo asomó su cabeza el Che. Sonriente, con un Partagás entre los dientes, le dijo a la señora del rodete: Si es argentino y trae yerba, que pase a tomar unos mates.”

CAPITULO XV

Preso por espía

Durante la Guerra de Malvinas Luis Sicilia llegó hasta las islas y luego se infiltró en las proximidades de Punta Arenas, ciudad chilena pegada a la frontera argentina, para investigar que tanto había de cierto en el rumor sobre la ayuda chilena a los británicos.

Fue capturado con su reportero gráfico y por mediación del cónsul argentino logró salir ileso. Luego narrará su paso por el frente de batalla. “Nuestra estadía en el archipiélago duró 24 horas, soportando la hostilidad de los lugareños que nos miraban con odio. Malvinas es un páramo cuyas riquezas están en la pesca y en el subsuelo del mar que contiene grandes depósitos de petróleo. Algunos soldados argentinos nos pedían que llamáramos a sus familiares para decirles que estaban bien. Pero no lo estaban. Me topé con muchachos provenientes del norte, desacostumbrados a tan bajas temperaturas, eran pibes casi sin instrucción militar, algunos de los cuales hoy yacen sepultados en ese territorio usurpado por los ingleses.”

CAPITULO XVII

En tierras del mensú

“Mi reiterado tránsito por la provincia de Misiones me brindó la oportunidad de trabajar en una realidad diametralmente opuesta a la de las grandes ciudades, en un escenario que conjuga el mundo mágico de sus pobladores y un paisaje deslumbrante… Una vez que uno hace una pausa en las pequeñas aldeas habitadas por gente que se mata cultivando yerba, té y tabaco, o en los obrajes madereros, queda atrapado para siempre en esa tierra tantas veces saqueada, cuna del Mensú: el peón de los yerbatales que tan bien fue pintado por Alfredo Varela en su novela Las aguas bajan turbias, o en la emblemática canción de Ramón Ayala El Mensú… Misiones ha sido escenario de históricas luchas por la tierra y la libertad, en distintas épocas pero en particular durante la dictadura militar, sus protagonistas fueron duramente reprimidos…”

CAPITULO XVIII

El santuario

“… Con ese cuento del terrorismo islámico el Pentágono pretendía instalar tropas en la Triple Frontera, como ya lo estaba haciendo en Paraguay, con el propósito real de apoderarse del Acuífero Guaraní.”

Luis Sicilia y su pipa eran inseparables. Era el radar que captaba los motivos ocultos detrás de una declaración o un informe. La pipa de Sicilia fue el pararrayos y el periscopio que articulan todas las historias de su libro Un cronista recorre América, del Che Guevara a la Guerra de Malvinas publicado por la editorial Capital Intelectual SA en el año 2007.

En la página 171 de su libro el autor escribe “Según Alberto Moravia, el novelista italiano al que Jean Paul Sartre comparó con André Gide y Vasco Pratolini, entre otros, el periodismo y la literatura son primos hermanos.”

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