Elogio de las espores

Por Stella Maris Guibaudo. Puerto Rico, Misiones. Escritora y docente.

Mitos… ¿eran los de antes? ZAPATILLAS

Desde que los humanos se dieron cuenta de sus limitaciones, al erguir sus cuerpos y mirar cuan alto les quedaba el cielo, iniciaron una larga y profunda labor de creación. Y proliferaron los objetos de culto. Hasta nuestros días fueron llegando las versiones de los más sorprendentes relatos míticos, matizados con los rasgos de la cultura regional.

Podemos nombrar infinidad de figuras señeras que encierran, para quien las advoca, un poder simbólico, más allá de cualquier dogma. Aun contradiciendo al sentido común. Por  aquí reconocemos: a la “pora”, al “pombero”, al “curupi”…entre los miembros de una familia de seres sobrenaturales, ricamente prolífica. En ruedas de fogones se puede oír con frecuencia las más coloridas historias, de esas que tienen por marco, lugares propicios a la veneración y el asombro; a las que mucho más que una gallinada en olla negra, alimentan el temor y la conciencia de nuestra propia finitud.

Ahora, si nos acercamos a nuestro cotidiano, inmersos como estamos en esta insaciable sociedad consumista, quizás nos asombre….todavía….descubrir en cuántos objetos de uso personal proyectamos nuestros deseos incumplidos de ser exitosos…o  poderosos. En forma muy notable este delirio (como tantos otros), se hace carne en el segmento adolescente. Pero aceptemos también en los que ya sobrevivieron cronológicamente, esa etapa de la vida. Y a los que, por alguna deuda  para consigo mismos, los mantiene atrapados en ella.

Entonces, se me ocurre que un objeto tan ramplón como la zapatilla, ha llegado a ser elevada. Desde nuestros pies, a un rango de tal jerarquía que se podría considerar

un mito. No de los de estirpe griega. Sí, de la familia de  cultos urbanos.

A mí me cuadra– dice un español.

¿Objeto de culto urbano…..o consumo revancha?-

Los que hemos tenido contacto directo con el universo adolescente sabemos del culto al calzado llamado zapatilla. Quienes hemos compartido nuestras rutinas con los gurises de algunos pueblos fronterizos, (formoseños, entre otros). Aprendimos a nombrarlas con el sugestivo apodo de “championes”. Claro que mencionarlas denuncia la edad.

Con una buena dosis de memoria llenaríamos una lista abundante de marcas y modelos. Cada cual puede recordar las que hicieron época, quitándole el sueño a más de uno/a. ¿Se acuerdan de algunas en particular? Prohibido nombrarlas, si es que siguen despertando la codicia desde la vidriera. Evitemos promover los chivos publicitarios.

Según la urgencia por mantenerse en el grupo social de pertenencia,  había que calzar lo que garantizaba estatus. En tal sentido, podemos remitirnos a la que se vendía como un calzado común, sumamente útil  para el hombre “de a caballo”. Acá corresponde un alegato en favor de  la humilde y rústica “alpargata” que, con los devaneos culturales (¿influjo de los medios?), se convirtió en la “diva” de turno para los “teenagers”. Qué antigüedad.

¿Quién que haya sido miembro de una tribu urbana no se lució con ellas?

Los motivos de esa necesidad creada y engordada por presiones socioculturales pueden ser infinitos. Para alguno de los sectores más desprotegidos, comprárselas pudo llegar a convertirse, incluso, en un impulso instintivo de consumo- revancha. ¿Reemplazando prioridades? ¿Respondiendo a sus peleados derechos?….

Es una cuestión de debate apropiada para los sociólogos y otros “ólogos” especializados, que puedan dar respuestas fundamentadas, no opiniones.

En este punto de mis mambos reflexivos me detengo. Para no recargar vuestras neuronas y no inundar las mías de nostalgia; sintiendo la distancia, cada vez más alargada, de los días de caminatas enfrentadas solamente por el viento en contra.

La memoria personal devuelve, mientras puede guardar este registro, siluetas enfundadas en remeras,”jeans” y “espores”.

Entonces, ¿mitos, eran los de antes? ¿O es que seguimos adorando? “Hoy por hoy”,”nada”, objetos de culto urbanos. Si es así: ¡Viva la zapatilla!

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