Pensamientos que hacen camino al andar

Por NEACONATUS

A veces, andando de camino, ocurre detenerse y poner expresamente en palabras o en música algunos de los interrogantes que nos acompañan: Pensamientos.
Viniendo de la filosofía y la literatura, de la música clásica y del rock, del tango
y del folklore, se entrecruzan las sendas de un argentino, Ubaldo Pérez-Paoli y
dos alemanes, Christian Horn y Rainer Unverricht.

El resultado es un proyecto
que va En camino.

Para acercarnos a las canciones de la producción Pensamientos del trío En camino que lidera Ubaldo Pérez-Paoli tenemos que disfrutar las letras y la música, para que se cumpla el famoso koan del zen oriental: aquel que pregunta cuál es el sonido de una sola mano, si el golpe de dos es el aplauso. Una mano es la letra, la otra mano es la melodía. Comencemos por las palabras que nos llegan desde la voz de Pérez-Paoli.

El sonido de una sola mano es de un alto lirismo No hay estereotipos en los textos del álbum Pensamientos o lugares comunes, desgraciadas frases hechas. Y escuchamos versos de una profundidad encantadora. Decimos encantadora porque no tienen el lastre o la fraseología de una filosofía sinuosa, que pretendiéndose honda se oscurece con términos complejos. Aquí hay simpleza y un destello que se adentra en lo enteramente humano. Notemos que esto es muy difícil de lograr, porque las palabras no se oyen densas ni aburridas, sino que fluyen, emanan con la suavidad del nacer (palabra que se repite una y otra vez) natural, sin forzamiento.

Generalmente las canciones tienen versos (que exponen) y estribillos o coros (que resumen o subrayan un leitmotiv). Pérez-Paoli obvia estos clichés. Tampoco encontramos mucha rima. Posiblemente el poeta se antepuso, cronológicamente, al músico.

¿Cuál es el tema general de las obras? ¿Qué une a todos los poemas? Seguramente estas preguntas poseen varias respuestas, pero quizás podríamos resumirlas diciendo que el hilo invisible de todas las canciones es una insondable inquietud: recuerdos de selvas umbrías, torres dormidas, pies desnudos, sendas de sigilo que concluyen en mares y arenas. Hay luces, serenidad de mediodías, prolongaciones de lánguidos atardeceres, franco esplendor del hogar. Cielos azulísimos, estrellas como esperanzas, y esa cosquilla inevitable de todos y cada uno que es la soledad, el dolor de partir, el infinito rebotar de una voz.

Nunca encontramos versos duros, sangrantes, palabras crueles como dardos. Desde los títulos al fraseo es un solo emerger suave, tierno. ¿En qué consiste una “buena letra”? En que con una sola mano podamos escuchar poesía.

Escribir sobre letras de las canciones es cómo escribir sobre un universo, no sólo porque hay planetas, cometas, soles de distinto tamaño y brillo, sino porque es enorme la cantidad de cuerpos celestes. Diríamos que es imposible abarcar esos mundos disímiles, raros, sin unificación, con intenciones múltiples que van desde la política, lo social, lo económico, la belleza simple de lo cotidiano, los mensajes de sublevación, la queja, el enamoramiento.

La evaluación de las letras de canciones implica una comparación. En la estimación estética siempre existe un reparo, un mojón. Además, la apreciación de la poesía es recomendable que se haga con un cierto agrupamiento afín para que el justiprecio de su valía posea una crítica legítima.

Y ahora el koan zen va más allá de las palabras y busca respuestas en la música. Las manos se unen.

Cuando se analizan composiciones musicales donde prima la interpretación vocal y lo instrumental sustenta la obra, se focalizan las pinceladas rítmicas, armónicas y melódicas. Un par de factores suelen quedar en segundo plano: el tímbrico y la atmósfera lograda. Si estos dos últimos constituyentes fueran tenidos en cuenta por los autores y compositores la percepción estética sería más integral y articulada, pues accederíamos a comprender interacciones y conexiones. Relaciones que sustentan el arreglo de un tema donde en este caso se fusionan instrumentos que, habitualmente, no suelen elegirse por diferentes razones. Por género, registro, prejuicios, facilismo, modas u otras circunstancias. En Pensamientos nos enfrentamos a uno de estos ejemplos donde confluyen dos guitarras españolas, un contrabajo de caja pulsado y un bandoneón. En camino es una formación atípica que remite a los primeros tiempos del tango y otros estilos centroeuropeos.

El maestro Alejandro Correa nos acerca a un itinerario más completo sobre este formato instrumental. Tiene en cuenta que el ensamble entre guitarra española y contrabajo se puede encontrar también en algunas variantes del jazz, como ser Charlie Byrd, Earl Klugh o Gabor Szabo. Tanto Byrd como Klugh tienen discos en trío con guitarra española, contrabajo y batería haciendo standards de jazz. Correa reconoce una variante con las famosas guitarras Selmer, que tienen cuerdas de acero, y se inicia con Django Reinhardt y prolonga con todos los gitanos franceses, como ser Angelo Debarre, Bireli Lagrene u holandeses como el trio de los Rosenberg o argentinos como Oscar Alemán y Walter Malosetti. Existen también variantes brasileñas de trío, como ser Baden Powell o Sebastián Tapajos o el mismo Toquinho, también Paulihno do Pinho que se radica en Buenos Aires o el argentino Agustín Pereyra Lucena. Cuando se añade un bandoneón es ineludible que se asome la sombra del tango.

Esta producción no se encuadra en un género musical definido, aunque podría acercarse hacia la dimensión de la balada, con ciertos aires de milonga rioplatense casi imperceptibles. Si recurriéramos a la metáfora tanto música como letras sugieren un escenario bucólico, introspectivo. En camino bien podría estar tocando, durante una noche invernal, junto a un brasero en una taberna de Budapest o un bodegón de Santa Fe.

Los arreglos instrumentales se basan en la interacción de las dos guitarras, secundadas por el contrabajo y sutilmente infiltradas por líneas del bandoneón. Las guitarras se complementan en un juego acórdico donde destaca un entramado de arpegios y una mínimas líneas de punteos que desarrollan sutiles líneas melódicas.

No se utiliza una construcción de los temas anclada sobre acordes plenos, se privilegia la digitación de triadas y sus extensiones desplegadas con una técnica, quizás cercana al Fingerstyle, donde confluyen ritmo y melodía. Tengamos en cuenta que el trío no recurre a ningún recurso percusivo. Tal vez el contrabajo cubre esta zona. 

El juego armónico es ascético y formal, y apuesta por la creación de climas donde la voz se desliza manifiestamente cómoda, sin estridencias, favorecida por una aplicación de cámaras de reverberación limitadas y precisas.

Una mención especial merecen las imágenes con estilo geométrico insertadas en los videos y realizadas por Julia Pérez-Paoli.

El koan zen ha sido resuelto.

 

Data de producción

Músicos

Christian Horn, contrabajo y bandoneón

Rainer Unverricht, guitarra

Ubaldo Pérez-Paoli, canto y guitarra. Autor de todos los temas.

La grabación fue realizada en el estudio de Rainer Unverricht en la ciudad alemana de  Wolfenbüttel y masterizado en Barcelona por Milo Gomberoff (sound worker) www.hukotaudio.com para el sello Hukot disc.

Algunas plataformas de descarga

https://open.spotify.com/album/1jhbWtT2N2Uk75wEIKzn7f?si=bWHYH8SVRTSK_wou_tx9bQ

https://music.apple.com/gb/album/pensamientos/1545120471

Videos disponibles en YouTube

https://www.youtube.com/watch?v=wHrWuE1S8pY

https://youtu.be/W0njTo7i6cM

 

 

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