Exploración literaria del NEA argentino

Por Francisco Tete Romero. Resistencia, Chaco. Escritor, editor, docente

De todas las acepciones posibles de confines una me interesa en especial: “Sitio más lejano a donde alcanza la FRANCISCO TETE ROMERO vista”, “Se aplica por extensión a lo más apartado del centro en un territorio o país o del sitio en que está quien habla”, según el Diccionario de uso del español de María Moliner[1]. Pienso entonces en los confines literarios de la Patria, en relación a un centro que canoniza una tradición notable –la del Río de la Plata– como literatura nacional, y relega al resto de las tradiciones a las dimensiones menores de “regional”, del “interior” o “provincial”. Pienso en los confines menos como lugares geográficos que como miradas culturales. Pienso en la noción de confines como espacios porosos, fronterizos, de cruces a la vez geográficos, culturales, lingüísticos, étnicos y de géneros –de tradiciones y creencias, de lenguas y de cuerpos–, conflictivos, dinámicos y cambiantes. Pienso también en una Patria de los confines, ayer nomás vedada a las múltiples lecturas que ofrece su rica y compleja diversidad.

El nordeste argentino como territorio del Gran Chaco Americano

En el prólogo a la Antología Pertenencia. Cuentos y Relatos del Nordeste Argentino, Mempo Giardinelli  enmarca la región nordeste dentro de la cartografía de lo que llama El Gran Chaco Americano, como territorio de pertenencia común a nordestinos de la Argentina, junto con paraguayos, bolivianos (del este de ese país) y brasileños (del sudeste). Área cartográfica-literaria que define como “el espacio interior de Sudamérica, la vasta región chaquense entendida como el corazón geográfico de la América del Sud”.

El Gran Chaco Americano se presenta, así, como un espacio geográfico, histórico y cultural que otorga unidad y sentido a las existencias y experiencias colectivas de habitantes de cuatro países sudamericanos, cuyas diversidades culturales, lingüísticas, étnicas, religiosas y de género, definen una región de enorme riqueza cultural –y literaria– con visiones de mundo, miradas y voces que nos constituyen como sujetos pluriversos. Por eso hoy su literatura debe ser pensada como una zona o región de las letras latinoamericanas.

Mapa provisorio de la literatura nordestina coetánea

El policial negro –su vertiente latinoamericana– será el género emblemático del así llamado Postboom- que en los 80 fue un modelo de indagación de las distintas dimensiones de la violencia, que incluía también una moderada dosis de humor para evitar la autocompasión. Y poética –el género negro en general, más allá del policial– en la que tuvo además lugar la parodia, el erotismo y, más adelante, mixturas de géneros, como por ejemplo con la novela histórica o la ciencia ficción. Así como hoy el neo fantástico es una marca de género y de generación entre los narradores más jóvenes. Así como un neocoloquialismo de la intemperie, interpelador de los vínculos familiares y sociales rotos, inaugurará nuevas poéticas en la poesía del siglo veintiuno. Así como en la literatura millenials –narrativa y poesía– lo indecible está dentro de las vidas familiares, porque la violencia o el terror ocurren en los propios hogares.

La narrativa de Mempo Giardinelli, escrita primero en el exilio, fue el verdadero parteaguas con aquellas poéticas que podríamos enmarcar en la vieja y en la nueva narrativa de la tierra. Atrás quedaban el realismo mágico, lo real maravilloso, porque la violencia de la dictadura había convertido en totalmente caducos todos los modelos de representación de la realidad y también el lenguaje, las palabras con las que urdir alguna poética que diera cuenta de aquello que ese personaje de Piglia definiera como lo indecible.

El radar de esta antología orienta su brújula hacia la narrativa y poesía de las últimas décadas, la de los últimos años del siglo veinte, la de estos años del nuevo milenio.

¿Cómo dar cuenta a través de la literatura de la violencia que habíamos padecido en nuestros cuerpos y en nuestra lengua? ¿Cómo traducir estéticamente, con qué lenguaje, con qué poéticas, aquello que había sido indecible durante tantos años? ¿Cómo hacerlo desde los confines nordestinos de la Patria?

La generación del 80, la del siglo XX, lleva a cuestas –implícita y/o explícitamente– esta pesada mochila de interrogantes que operan como condiciones de producción de las escrituras paridas en esos años de la reapertura democrática.

La ficción cambia en esa década. Irrumpe la poética de la ciudad como espacio privilegiado de desventuras, lugar marcado por la lógica de la violencia. Porque a su vez esa ciudad había sufrido transformaciones muy importantes.

Se produce una revisión crítica del concepto de literatura regional, en el marco de un proceso de transfiguración de la ficción escrita en buena parte de las provincias argentinas, operado en el último tercio del siglo XX, a partir de la aparición de narradorxs que conciben su relación con el espacio no en términos físicos (de pintura paisajística o color local) ni como reflejo testimonial o folclórico, sino en tanto espacio cultural, mirada o percepción singular.

Por otro lado, al abandonar los estereotipos y clisés, se suelen situar desde lo urbano, no para negar lo rural, sino para mirar y narrar desde el sitio multicultural en el que para bien y para mal confluyen esas diversidades tan acechadas por las políticas globalizadoras. Por eso suele haber más de un narrador para contar historias rotas, desfondadas de memoria. Por eso también se suele elegir el punto de vista del derrotado, de la otredad negada y acechada.

Bajo esas nuevas condiciones de producción irán apareciendo una diversidad de poéticas, impensable hasta antes de la década del 80, que encontrará su máxima expresión en lo que va de esta segunda década del siglo XXI, período histórico para las letras nordestinas, en las que se destacan con proyección nacional e internacional al menos una docena de escritores y escritoras.

Confines de la patria fue editado en 2020 por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos C. L. Buenos Aires – Argentina. Director Editorial: Javier Marín. Diseño: Clara Batista. Arte de tapa: Ernesto Pereyra.

En el primer tomo participan: Mempo Giardinelli, Miguel Ángel Molfino, Rodrigo Galarza, Osvaldo Mazal, Mariano Quirós, José Gabriel Ceballos, Estefanía Ceballos, Orlando Van Bredam, Claudia Masin, Franco Rivero, Patricia Severín, Ana María Donato.

Completan el segundo: Marina Closs, Adriana Helbling, Sandro Centurión, Lucía Pérez Campos, Humberto Hauff, Evelín Bochle, Francisco Linares, Susana Szwarc, Graciela Elizabeth Bergallo, Fabián Yausaz, Juan Mario Basterra, Lucas Brito Sánchez, Juan Genaro González Bedoya, Luis Edgardo Argañarás, Mario Doldán, Juan Solá, Carlos Busqued, Rocío Navarro, Mariana Rinesi.

 

[1] Moliner, María (2007). Coordinado por Tomás Lambé. Diccionario de uso del español, a-i. Buenos Aires: Editorial del Nuevo Extremo.

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