Productos de Novela

Por Ubaldo Pérez-Paoli. Santa Fe – Braunschweig. Escritor

La poseía,                  ubaldo                                            

yo poseía – la poesía.

Y también la prosa porosa.

Pero usted no ve la novela.

No ve la trama del drama.

Con media comedia

y versos diversos

se arrima a las rimas,

delira de liras,

de réplicas épicas.

Con traje de tragedia

opera en sus óperas

lo que en sayo de ensayo

y en cursis discursos

nos cuenta sin cuenta,

sin dar ni darse cuenta,

ni tenernos en su cuenta:

la fábula del Mundo

irreal, inexistente,

engaño de los años

y de daños aledaños,

destino de desatinos,

condenando el otro al olvido,

el existente y real,

ese mundo tan mondo

como inmundo,

fecundo, iracundo, tremebundo,

el que vemos y oímos,

tocamos y sentimos,

olemos y gustamos,

usamos y ensuciamos,

arreglamos y ordenamos,

que se agazapa y se nos escapa,

en el que nacemos y crecemos,

comemos y bebemos,

y hacemos y hacemos

y después nos deshacemos

de las obras que nos sobran,

en el que vivimos y actuamos,

nos amamos y odiamos,

nos creamos, recreamos, procreamos,

nos mandamos y acatamos,

defendemos y atacamos,

nos matamos y enterramos

y después nos enteramos,

fríamente,

y después nos recordamos,

mutuamente,

y después nos olvidamos,

recíprocamente.

Esa es la poesía que a mí me poseía.

Pero usted no ve la novela.

 

¿No oyó?

No, no oyó.

Dije que

¡no! – no yo,

no yo la poseí,

ni la puse ahí.

A mí me poseía la poesía,

me elegía la elegía

y con ella la epopeya

también me puso en su huella

y por poco no me desuella.

Me eligió, me sopapeó,

me poseyó,

qué sé yo: me selló.

Me acechó y se me echó,

me asombró, me ensombreció, me sembró,

me hinchó, me cosechó,

y deshecho me desechó.

Maltratado me han dejado

sus tratados,

que tomo y retomo,

tomo por tomo,

leo y releo

y repaso paso por paso.

¿Y entonces yo qué hice?

Y yo quise desquiciarme,

quise quitármela,

desquitármela

con esta novela

que no la ve usted,

que no la veo yo,

que no la novela usted,

que no la novelo yo,

que no la novelamos,

que nos la velamos

con pies y manos,

con ojos y orejas,

narices y bocas,

cerebros y pechos

y vientres

y bajos vientres,

glándulas y músculos,

venas y arterias,

pieles y huesos;

pero se nos rebela,

nos vela si quiere

y si quiere nos revela,

nos devela y nos desvela,

nos nivela en lo hondo,

bien a fondo,

en el fondo sin fondo,

de este inmundo Mundo mondo,

que no nos deja dormir

y la culpa no le echo,

porque de hecho no es lecho

para nosotros,

no es cucha

ni escucha

ni ve la novela,

pero bien que nos nivela,

y, en el fondo, nos novela.

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