Una declaración de amor a lo orgánico y lo inorgánico

NEACONATUS

Juan Báez Nudelman tiene 29 años y ya se ha buscado bastantes problemas. Está involucrado,  como diseñador y productor, en la productora audiovisual Rito, en 2018 fundó su propia editorial, Trilce, y tiempo después se organizó en banda con Belén Maldonado (escritora y tallerista de la provincia de Buenos Aires), Sebastíán Báez (productor y gestor del Slam de poesía de Posadas), Estefanís González (poeta y comunicadora social de Resistencia, Chaco) y con Camil Polo (poeta y fotógrafa de Posadas).

Desde 2021 este clan planificó diversos disturbios textuales a través de publicaciones Blitzkrieg (guerra relámpago) con libros, revistas y fanzines. El oficio de enamorarse es una de estas incursiones, fue un proyecto escrito entre los años 2018-19 y corregido durante 2019-20, momento en el que se suma la ilustradora y arquitecta Eli Keo quien cierra el plan de la ofensiva literaria.

El ideario agitador de la facción tiene como objetivo captar  el apoyo de la comunidad para continuar produciendo material poético y en prosa de difusión alternativa. Reivindican el ejercicio editorial como una variante a los dispositivos digitales y virtuales, presentados muchas veces como el único camino posible de comunicación. Y buscan rescatar lo palpable y tangible dentro de cada proceso creativo como arte y profesión.

El oficio de enamorarse puede ser definido como un libro de poemas, quizás baladas de caminantes perdidos, que destila sensualidad en tanto goce de la percepción atravesada por las emociones, los afectos y las dudas. Desde las páginas de esta obra Aristóteles se insinúa con su teoría filosófica del hilemorfismo, el ser estructurado a partir de la materia y la forma, “porque quiero amarte de una forma/que se reinvente/ a pesar del tiempo…” (Página 19), o “a lo mejor estamos/estamos inventando la forma/no tenemos antecedentes/a lo mejor/lo único que cabe/en este amorfo sinsentido que nos lleva/es el deseo de ser más libres/cada vez” (Página 26).

Estrofas autónomas, sin puntuación, sin mayúsculas, frases cortadas según una respiración que le hubiese gustado a los versos proyectivos de Charles Olson. Ausencia de rima para “convertir el futuro en presente” y el presente utilizado con un estilo actual, casi futurible, con jerga informática, con la x en vez de o, de a. Imágenes que desafían el confort de la elipsis meramente lúdica: “El universo es un pullover con el que me abrigo de otras intemperies… tengo síndrome de poros abiertos… ¿cuántos cuerpos se necesitan para construir un desierto?… algo de cariño le tengo a la máquina de repetirme”. Líneas que no nacen de una melancolía mórbida sino desde una imaginación erotizada, hiperactividad creativa, palabras anómalas y sediciosas como escapadas de un disco de Nick Cave. Porque en El oficio de enamorarse más de una estrofa podría ser parte de una estupenda canción.

Eli Keo aporta las ilustraciones que vuelan sobre un viento nuevo, o mejor, como las vibraciones eléctricas de un riff de Skay Beilinson que no se ve, y aquí surge la magia, de algo que sin embargo está ahí, sonando fuerte. Hay dibujos a pluma, (carretilla, árboles tronchados, una tumba abandonada) intercalados entre los poemas y frases con algunas tipografías grandes. Trazos ásperos de estilográfica que sugieren una cierta estética cercana a un Robert Crumb rural, confinado durante la pandemia en una chacra misionera.  

Detrás de lo escrito acecha el artista que habla. Y un listado de capturas de pantalla, artefactos, electrodomésticos, un arsenal de fotos, las dificultades, el ejercicio de la clama intermitente, el disfrute, la lucidez acuosa, esa belleza extraña, un sueño… tantas cosas. El oficio de enamorarse podría parecer como un trabajoso aprender a amar, pero el poeta se ve “considerando números como formas de amor/palabras como formas (otra vez) de amor/ fotografías como formas (de nuevo, es una obsesión) de amor”. Esas formas de amor son a la postre como conejos blancos asomando tarde desde el fondo de la galera de un prestidigitador.  

Estamos frente a un poeta escultor del amor. Esculpe con el lenguaje el escurridizo oficio de amar o posiblemente su estadio previo, que es -paradójicamente- cuando eso, el amor, es brillante y gigantesco, y todo es música cóncava que embarga – embriaga – embosca, como si nos cubriera un cielo de poesía o la cúpula de Stephen King.

Los insurrectos de Trilce son peligrosos, están ocultos entre nosotros como la secta del Fénix que supo revelar Borges, son dueños del secreto, y en cualquier esquina o plaza pueden montar sus aquelarres sensuales donde copulan el fuego y el lenguaje.

El oficio de enamorarse ha sido publicado por Trilce Editorial, Posadas, Misiones, 2021. Poesías de Juan Báez Nudelman, ilustraciones de Eli Keo, edición y corrección por Belén Maldonado y Juan Báez Nudelman, diseño y maquetación, Juan Báez Nudelman.

 

 

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