La obra de José Gabriel Ceballos y sus dos vertientes

Por Irma Verolín. Buenos Aires. Narradora y poeta

La obra  literaria de  José Gabriel Ceballos tiene una cualidad única y a la vez indispensable: la configuración de un universo propio y original que distingue su escritura de las restantes. Universo sostenido a través de una voz y una mirada en la que la pertenencia a una región específica del país ha sido determinante, ya  que se hace  imposible pensar la escritura de Ceballos sin vincularla a Corrientes o a la zona del noreste argentino.

Fue a  fines de la década del noventa,  durante  la lectura del conjunto de cuentos “El patrón del chamamé”, cuando  sentí el impacto y la particularidad de su escritura. El trazado de los personajes y el delineado del ambiente encuentran en este libro su definición y a partir de allí Ceballos profundiza su estética y su manera de combinar lo típicamente latinoamericano con líneas europeas de escritura.

Quienes conocemos a José Gabriel Ceballos hemos tenido la oportunidad e incluso el privilegio de  disfrutar de sus aptitudes de narrador oral. No  casualmente  en medio de una reunión las personas quedan subyugadas al escucharlo contar episodios que se entroncan en la cultura  de su región, enriquecidos con el aditamento de  su  enfoque chispeante, ocurrente, irónico. Este rasgo  en la personalidad de Ceballos que  pertenece al ámbito de la vida se expresa cabalmente  en su oficio de escritor. A la manera de Borges sus  relatos  suelen tener  un narrador que da cuenta de una historia “referida” en la que el testigo de un acontecimiento alude a él como un curioso observador.  Quizá  la diferencia con algunos de los narradores borgianos  radica en  que en estos narradores testigos de Ceballos aparece el ingrediente de la revelación, el descubrimiento de lo oculto para un grupo social, con lo que el narrador testigo tiene algo de delator. Y en muchas ocasiones lo que se revela esconde aspectos vergonzantes, ya sea por su condimento sexual o por una transgresión ética.

Alejados del enfoque borgiano, los narradores de Ceballos rozan un perfil rioplatense que  los liga al grotesco criollo, cierto matiz del sainete o alguna faceta absurda o ridícula asoma por allí entre el ropaje de sus singulares personajes, línea estética en la que Italia se perfila como el país europeo más influyente. Sin embargo en la elección de  los  nombres y en el enfoque de algunas descripciones se detecta la tradición del realismo mágico, a esto se le suma la fuerte tradición local  de su provincia afectada  culturalmente por limitar con  Brasil. Estas dos líneas, la europea y la latinoamericana, cuya integración constituye un acierto literario,  se ensamblan de tanto en tanto con el tono borgeano. En lo que Borges y Ceballos encuentran  un punto en común es en su elevada concepción del lenguaje que ostenta una suerte de elaborado preciosismo. También está presente otra característica borgeana en Ceballos: el uso del discurso especulativo. Siguiendo esta línea de convergencias y divergencias de la obra de Ceballos con respecto a la de Borges, podríamos pensar que la ubicación y configuración del espacio narrativo en el autor correntino se corresponde con lo borgeano  en tanto la Argentina, concebida por Borges como país austral,  supone para el mundo lo que un perdido pueblo correntino  significa en relación a la cumbre de la civilización urbana para Ceballos.

Asimismo frente a  la prosapia borgeana de los ilustres militares que participaron en las guerras independentistas, Ceballos crea el defectuoso espejo que refleja la vetusta oligarquía local correntina, estas correspondencias en la obra de Ceballos están planteadas desde lo irónico y con la marca de  un penoso y bastante degradado descenso de nivel. En este sentido el universo de Ceballos cambia el signo con respecto a lo borgeano, realiza un contradiscurso mediante el inteligente empleo del sarcasmo. Del mismo modo, a la alcurnia de la estirpe patricia  familiar y el linaje popular del malevo en Borges, Ceballos contrapone la puesta en escena pueblerina cargada de una irrisoria pomposidad en un sitio donde, en medio de la chatura cotidiana, los habitantes esperan con ansiedad un acontecimiento rutilante. Tal vez si pensamos los personajes de Ceballos con respecto a Borges deberíamos hablar de una “antiépica”. Lo que Borges plantea desde su condición de “escritor de las orillas”, aparece plasmado en el mundo de Ceballos conservando la misma relación equidistante con alguna expresión del gran mundo. Para Borges el punto de comparación se sitúa implícitamente en Europa o en un Oriente ancestral, para Ceballos, quizá, en  la capital de la Nación e incluso en alguna capital de provincia más metropolitana que su pueblito escuálido y pobretón. A la exaltación del cuchillero, al extremo de construir una leyenda en el mundo borgeano, Ceballos contrapone una sucesión de antihéroes a los cuales la opinión pública pueblerina procura elevar al status de personaje conspicuo para la memoria provincial. Como en un  juego de cajas chinas se reproduce un sistema de desigualdades, de distancias, de contrapuntos en la configuración del universo de Ceballos con respecto al borgeano.

En el narrador testigo, un poco alcahuete, propio del relato de la oralidad  en la escritura  de Ceballos hay un doblez: lo literario encubre lo real y, aunque sabemos que nos hallamos en el terreno de la ficción, el gesto nos remite a esa franja fluctuante y fascinadora que separa arte y vida. La tradición oral, del mismo modo que en la obra de García Márquez y en parte de la literatura encuadrada en la denominación de “Boom Latinoamericano” abrevó de esta línea y se enriqueció con ella. Pero lo interesante en la obra de Ceballos reside en que mixtura las tradiciones y toma lo mejor de la alta literatura. De esa  confluencia nace la originalidad de su escritura, de ese contraste, de esa sutil combinación. Si nos preguntamos cuál es el modo, cuál es la bisagra que  fusiona la cultura del nordeste argentino con la tradición literaria europea, tal vez encontremos la clave en el ingrediente del humor. La ironía es según Ricardo Piglia la distancia del narrador y a través esta distancia Ceballos produce sus giros y movimientos entre una y otra tradición.  El humor de Ceballos  está lejos de la candidez, yo lo calificaría de sagaz, e incluso posee cierto grado de crueldad, acorde con su mirada desmanteladora de los mitos encubridores, propios  de los pequeños pueblos.

Resulta también interesante que  el espíritu latinoamericano presente en la obra de Ceballos esté acotado a su región, más concretamente a Corrientes como atestigua su  novela “La invasora”, historia arquetípica de su provincia centrada en la vida de Melchora Caburú, quien fuera la  mujer de Andresito Guacurarí, hijo de  José Gervasio Artigas, cuya vida  influyó en la  provincia de Corrientes. El lenguaje coloquial con sus giros particulares se combina con el delicado trabajo de un narrador exquisito.

Corrientes muestra sus sombras y sus luces en la obra de  este autor que ha creado una vasta cantidad de títulos que constituyen un conjunto coherente y deslumbrante.

 

Fotografía: Archivo de la autora.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s