La isla del medio

Santiago Morales. Posadas, Misiones. Escritor

En el marco de cada Feria del libro, internacional, nacional, provincial, municipal, insular o barrial, y en la antesala de cada período de vacaciones, resurge aquella vieja consulta sobre los libros que nos llevaríamos a una isla desierta.

La situación para el encerrado por pandemia se asemeja a la del isleño perdido, con la diferencia de que el nuevo confinado social puede tener más libros a mano.

Aquí las diversas respuestas de los lectores consultados:

a) Un visitante contestó que llevaría cualquier libro que tuviera mucho espacio en blanco y una birome para escribir, descartando la elección de un libro nuevo, que aun no haya leído, por el riesgo del disgusto o aburrimiento y la obvia imposibilidad de una devolución o cambio (no habrá librerías bajo las palmeras); descartando también llevar un libro de relectura, esos que le aseguran al lector la delectación, debido al riesgo de acordárselo mucho y aburrirse y caer en la tentación de lanzarse desesperado al río en busca de una salvación imposible.  

b) Otro lector contestó que se llevaría En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. No porque le gustase mucho sino porque consta de 7 tomos de 300 páginas. Un libro interminable. Más interminable que Las mil y una noches que es el libro más interminable. Con esa elección “me distraería de la soledad y la posible muerte por aislamiento” aclaró.

c) La más ingeniosa de las respuestas la dio quien expresó que se llevaría un Manual para sobrevivir en una isla desierta y el sarcasmo estuvo a cargo de un estudiante de Letras que citó a Eduardo Mendoza “Si tuviera que llevarme un solo libro a una isla desierta, preferiría morir en el naufragio”

d) Otro escritor poco dispuesto a juegos retóricos objetó: -¿Por qué desierta? Da igual si la isla está desierta o no, me llevaría los mismos libros- ¿es a la Isla Apipé? No está para nada desierta, y está explotada turísticamente. ¿Habrá librerías?

e) La pregunta es muy vieja, incluso ha sido la pregunta fetiche de una entrevista que se hacía en un suplemento literario, pero ahora en verdad pierde relevancia dados los dispositivos electrónicos que permitirían almacenar no solo miles de libros sino incluso películas y música, para cuyo consumo en una isla desierta antes tenía que haber electricidad, pero ahora ya no.

Siendo rigurosos, nadie puede tomar muy en serio esta selección. Primero porque es poco probable que uno quede varado en una isla desierta, y encima con libros. Y con libros que uno pudiera elegir. Además las islas ya no están desiertas. Todo está ocupado, explotado, ya no se puede ser un náufrago tranquilo. Pensándolo bien, definitivamente me llevaría un E-book.

Además está comprobado que la Isla del medio será una isla bonita pero, sobre todo los fines de semana, es lo más alejando a una isla desierta.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s