Tres apariciones de la Patagonia. Sobre el caminar, las carretillas y otros modos de pensar

Por Miguel Riquelme. Trelew – Posadas. Periodista

El caminante puede andar  de muchas formas, avanzar con un pié y luego con otro, también puede salir al camino y caminar, recorrer por ejemplo 22.606 km, atravesar 14 países, dar unas   33.000.000 millones de zancadas, lo que se acerca vertiginosamente al devenir infinito.

Caminar, en este mundo, como dice el francés David Le Breton, es una forma de la nostalgia o de la resistencia, ya que no deja de ser una pérdida de tiempo. Y se sabe perder el tiempo es pecado, o por lo menos un error. Si nos detenemos un poco, paradójicamente, siempre hemos caminado. De seguro lo hizo Lucy o sus padres o sus hijos desde Adis Abeba, hasta poblar el globo con sus descendientes, o como dice la biblia «Téraj tomó a Abraham, su hijo, a su nieto Lot y a Saray, su nuera, y los sacó de Ur de los caldeos para dirigirse a la tierra de Canaán» (Gn 11,31). Se sabe Abraham continuaría ese periplo que inicio junto a su padre.

Martín Echegaray Davis es un poco vasco. Es patagónico, de Trelew, que en la lengua gaélica del sur significa Pueblo de Luis. Algo vasco como el vasco Guillermo Isidoro Larregui que en 1935 cuando tenía unos 50 años, partió desde Comandante Luis Piedra Buena al sur de la provincia de Santa Cruz a la Capital, a Buenos Aires, empujando una carretilla de madera cargada de unas pocas cosas. Estaba  sin trabajo, cesanteado de la petrolera Ultramar de Mata Amarilla, subsidiaria de la Standard Oil.  Esa primera carretilla de Larregui, está hoy en el museo Udaondo de Luján.

Martín Echegaray Davis es un poco galés, como John Murray Thomas, nacido en Merthyr Tydfil – Penybont-ar Ogwr, Sur de Gales. Miembro de la colonia de galeses que habitaban las costas y el valle de río Chubut a finales del siglo XIX. El 2 de enero de 1877  John y otros dos jóvenes, George Rees y Hugh E. Jones, decidieron hacer un viaje de exploración siguiendo el curso del río Chubut, atravesaron el desierto. Un par de caballos, perros y botas fuertes. Poco tiempo después esa experiencia sirvió para que el Coronel Fontana, entonces gobernador del territorio, autorizara la expedición de los Rifleros del Chubut fueron casi 5000 km de aridez.

Martín realizó la misma marcha de la costa a la cordillera y de regreso, a pié, en soledad, empujando un pequeño carro con sus pilchas. Luego germinó o llego de golpe la idea de caminar desde el sur extremo hasta el polo norte. El otro vasco, Larregui, también hizo varios recorridos, el último de ellos unió Trenque Lauquen con las Cataratas del Iguazú, en 1944. Aquí, en Misiones, se quedó y construyó su casa con latas vacías. Se dedicó a ser guía de  turistas. Murió el 5 de junio de 1964. Sus restos moran en el cementerio de Puerto Iguazú.

Caminar reduce la velocidad, diluye al individuo, instala el mundo. “El caminante es un rebelde que camina hacia sí mismo. Andar es un lugar para reinventarse, e intuyo que para aprender a desobedecerse a uno mismo”.  Dice el francés Frederic Gros.

Martín le contó al diario Jornada de Trelew “Yo me despertaba siempre una hora antes que salga el sol. Y caminaba. Cuando el sol comenzaba a ocultarse, buscaba un lugar donde quedarme. Hubo muchos lugares, principalmente en Chaco, donde había agua en la ruta. No había donde acostarse a dormir. En Colombia caminé, caminé, caminé, hasta que se hicieron las doce de la noche y encontré un lugar donde acampar”.

Comenzó en Bahía Lapataia a poco más de treinta km. de Ushuaia el  31 de Octubre de 2017 y la pandemia lo detuvo en Canadá casi 22.700 km. y dos años con dos meses, después. Le dice Martín de 62 años, al periodista M.Tacón del Diario Jornada de Trelew “A uno le abre la mente conocer otras culturas. Hay comentarios que no me gustan, me dicen por qué estoy caminando en lugar de trabajar. Yo le diría a esa gente que camine, que abra la mente y vea que esos caminantes ya hicieron su trabajo, y que ahora están haciendo un trabajo más importante que ir a la oficina. No solo vivir para ellos, sino vivir para otra gente. Eso es inspiración.”

La libertad de caminar es la de no ser nadie, ser un simple animal que avanza, de algún modo, todo lo que parecía dura materia,  pierde consistencia.

Etchegaray Davis, paso por aquí, lo encontré en un semáforo de la ruta 105, camino a san José. En su carrito pilchero ondeaban la bandera de Argentina y la verde- blanca con un dragón rojo, del país de Gales. Cubierta su cabeza con una boina negra, me contó en cuatro palabras su idea de viaje. Pensé que estaba loco.

Nietzsche escribió que cuando se lee  un texto sobre filosofía, la pregunta que hay que formularle al autor es si sabe caminar. Sostenía que aquel que piensa tiene que hacerlo sin ser prisionero de su cultura, de sus libros, de sus referencias.

“Muchos me preguntan si tuve miedo en algún lado. Miedo se tiene antes de salir, no después. Una vez que se dio el paso, ya está todo decidido.” Dice Martín.

Puede que caminar sea indagar, preguntarse rítmicamente, apartarse de la corriente general, ensimismarse. Caminar nos da libertad, lo mismo que el pensar.

Entrevista a Martín Echegaray Davis Diario Jornada Trelew Chubut 08/09/2020 https://www.diariojornada.com.ar/282419/sociedad/echegaray_davies_el_caminante_de_las_3_americas/

 

Imagen: Miguel Riquelme con Martín Etchegaray Davis

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