El silencio de las Cautivas Correntinas


Por Natalia Schejter. Santa Ana de los Guácaras, Corrientes. Crítica e investigadora teatral

En el año 1865 durante la Guerra de la Triple Alianza, fuerzas paraguayas invaden la ciudad de Corrientes llevándose cautivas a cinco mujeres, esposas de altos cargos del ejército argentino. Las mismas peregrinaron por el Paraguay bajo las órdenes del ejercito comandado por el mariscal Francisco Solano López, y a su regreso a la ciudad de Corrientes[1], después de cuatro años y algunos meses, lo primero que hicieron fue ir a agradecer a la virgen de la Merced por la protección, realizaron un voto de silencio que jamás rompieron y que continua latente en la sociedad 150 años después. El psicoanalista Fernando Abelenda, plantea que las cautivas sufrieron un segundo cautiverio, ya que a su regreso y durante el resto de sus vidas, solo salían de su casa más que para ir a misa y ni siquiera hablaban entre ellas.

Para la sociedad correntina, las Cautivas quedaron sacralizadas en la historia y este silencio, logro un objetivo mayor, que fue anular la reflexión sobre este episodio histórico. Cuando la escritora y periodista Gabriela Saidón estuvo en el Museo Provincial de Bellas Artes, “Dr. Juan R. Vidal” presentando su novela “Cautivas” (2015), los descendientes de esas mujeres, agrupados en la “Comisión de Homenaje a las Cautivas” realizaron un repudio público por considerar agraviante y bochornoso para el honor de las mujeres las posibilidades que Saidón plantea en su ficción[2]. Esto se explica, porque la escritora viene a romper un silencio que la sociedad entera aceptó durante un siglo y medio, una sociedad conservadora que no tolera pensar en la posibilidad de una mujer sexualizada más allá de sus obligaciones reproductivas, y que históricamente ocultó la vergüenza tácita -bajo su mirada machista- de que durante cuatro años los maridos no pudieron defender a sus mujeres.

Este discurso del silencio ha calado tan hondo, que parece ser parte de la idiosincrasia de los correntinos y correntinas y se expresa en una tensión entre lo dicho y lo callado. Esta tensión aparece de diversas maneras en la sociedad, a veces de manera muy sutil, y por supuesto también emerge en algunas expresiones culturales. Por ejemplo al analizar una serie de obras de teatro que en principio tienen la pretensión de exponer temas controversiales en escena.

En el 2017 había visto la puesta en escena de Como si fuera esta noche de Gracia Morales, actuada por María Balbi y Virginia Zacarías y dirigida por Tirso Leandro Soto Esquenón, Las hijas idiotas de Luigi Serradori en la puesta en escena del grupo Los del callejón de Resistencia y Arritmia de Leonel Giacometto, dirigida por Nancy García y actuada por Mariel Moretti y Blanca Sobol. Estas obras agrupadas por tener en común que sus únicos personajes en escena son dos mujeres en diversas situaciones de encierro, conformó un corpus para plantear un proyecto de investigación que permita pensar que están diciendo los teatristas correntinos de la sociedad que habitamos. Cuando el objetivo se transformó en evidenciar aquella tensión arraigada que determina parte de nuestra idiosincrasia y de la que es difícil escapar, decidí también bucear en una puesta de Como si fuera esta noche realizada en el año 2004 por el grupo Bambalinas y la primera puesta de Las hijas idiotas realizada en 2007 por el Grupo Raíces dirigida por el propio Serradori.

La antropóloga Marcela Lagarde y de los Ríos de su libro “Los Cautiverios de las Mujeres”, propone cinco categorías para definir los cautiverios históricos de las mujeres – madresposas, monjas, putas, presas y locas –. Estas categorías aparecen en todas las obras mencionadas (y en otras posibles cuando ampliamos el análisis a toda la escena teatral de la región), y no solamente porque sean obras que se planteen desde esta perspectiva, sino porque, parafraseando a Lagarde, esto se debe a que en este sistema existen pocas y reducidas formas de ser mujer y la sociedad las estimula en torno a este número reducido de opciones culturales dominantes. En Como si fuera esta noche hay una madresposa que encontró la muerte a manos de su marido y una hija que la recuerda y que se debate con muchísima dificultad, en decidir ser madre o no y de fondo, en no repetir la historia de su madre. En Arritmia se cuestiona la institución salud, se pone sobre la mesa la soledad de los ancianos y las protagonistas son dos mujeres que también clasifican en estas categorías universales: una madresposa y su contracara, aquella que no lo fue, que esta “sola”. Por último Las hijas idiotas, aunque “idiota” es una palabra sin género, está precedida por el sustantivo hijas en femenino, y no solo son mujeres, de las que se espera que sean esposas y madres, están presas en su clase acomodada y se deja entrever que posiblemente estén locas.

La vinculación con la historia de las Cautivas Correntinas no tiene que ver explícitamente con la temática de las obras, sino con un nudo en esos hilos invisibles que comenzaron a aparecer en cada análisis de obra, en cada entrevista a realizadores y espectadores, incluso en el mismo proceso de investigación: lo no dicho. En este punto es necesario diferenciar entre lo “no dicho” en el teatro, que muchas veces es constitutivo a nivel dramático, de lo “no dicho” en el contexto social que habitamos. Entonces esa tensión, entre hablar de temas controversiales pero soslayando alguna profundidad donde realmente duelen, fue apareciendo en algunos procedimientos teatrales y sobre todo en los discursos de los entrevistados.

Corrientes es una sociedad muy conservadora y este tipo de idiosincrasia se caracteriza por ser silenciosa. Fernando Abelenda, dice que el voto de silencio de las cautivas correntinas “ubica toda su tragedia en el silencio, así como la verdad de la guerra está en el silencio, en lo indecible, no en los relatos”.

Un silencio que sus descendientes guardan con tanto recelo aunque parece tratar de estallar en lo que va del nuevo siglo a partir de algunas narrativas que están emergiendo, sin embargo nos determinó por tanto tiempo que aparece de formas sutiles en los discursos de los teatristas correntinos más allá de su intensión de expresarse con voz y cuerpo. Estos cautiverios están tan arraigados que no se ven, por lo tanto este patrón que se repite no es señalado con juzgamiento, sino que es un análisis que pretende ampliar la mirada sobre nuestros modos de ser.

Este artículo es una síntesis que se desprende del trabajo de investigación “Poéticas del encierro en la escena correntina. Hacia una cartografía teatral de los cautiverios de las mujeres.” realizado durante 2018 y 2019 con el apoyo del Instituto Nacional del Teatro, para acceder al informe completo contactarse con la autora en teatroenelnea.blogspot.com o en la cuenta de Instagram teatroenelnea

Imagen: Dibujo alusivo de la autora. 

[1] Una de ellas no regresó, hay varias teorías sobre su destino final, generalmente se dice que murió de cólera, pero hay otra hipótesis (más controversial para la sociedad) que dice que se enamoró de un paraguayo y se quedó a vivir allí.

[2] Críticas al libro “Cautivas” que se presenta hoy en Bellas Artes. (2 de octubre del 2008). El Litoral. Recuperado en https://www.ellitoral.com.ar/

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