Collagear, o la experiencia de romper para crear

Por Julieta Ramos. Resistencia, Chaco. Escritora de poesía.

Entre las infinitas maneras que existen de crear y expresarnos, hoy les quiero hablar del collage, la técnica artística que consiste en realizar una composición con diversos materiales, gestando algo totalmente nuevo y que muestra distintas capas de significados y referencias en el mismo plano. El término generalmente alude al pegado de dichos materiales sobre papel, pero puede extenderse a cualquier manifestación artística (por qué no, collage musical, collage audiovisual, etcétera). Desde sus orígenes a principios del siglo XX en Francia, el collage se fue convirtiendo en un medio artístico de expresión contemporánea y vanguardista.

A su vez, colindante con el término descrito, se encuentra la técnica literaria aleatoria denominada cut ups, mediante la cual un texto es recortado al azar y reordenado para generar un nuevo texto, y cuyos inicios se remontan a los años veinte, emergiendo dentro del movimiento dadaísta, e intentando romper con la linealidad de la literatura común.

Luego de este resumen introductorio, me arrojo ahora a lo que quiero desarrollar.

En mi historia personal, el collage surgió con mucha fuerza gracias a un bloqueo en la escritura. La necesidad de expresión no se había ido, pero sí la consonancia en la sucesión de la labor que me había acompañado naturalmente hasta ese período, a partir del cual, la palabra escrita se tornó un tanto escurridiza ante mi demanda. Con ello, comencé a dejarme llevar por los elementos, a sumergirme en un procedimiento más tangible, si se quiere. Papeles, revistas y libros viejos, tijeras o solamente mis manos, cola vinílica, y… ninguna metodología. El caos, las ausentes reglas. O en todo caso, las reglas inventándose en el mismo hacer. Poco a poco, las creaciones que en un principio eran meramente visuales, se fueron ensamblando con poemas que surgían del revoltijo de palabras o frases recortadas. Me tomo el atrevimiento de declarar que ese fue mi reencuentro con la escritura

Así es como parto del interesante hecho a través del cual, el azar (¿o es, más bien, el inconsciente abriendo unas delgadas puertitas, el libre flujo creativo operado por la intuición?) se implica en el proceso de decir, del lenguaje. Sabemos que el arte en general y, sobre todo, la poesía, tiene un parentesco directo con el juego infantil (cabe considerar por aquí a Freud desplegando el siguiente enunciado al respecto: “todo niño que juega se comporta como un poeta, pues se crea un mundo propio o, mejor dicho, inserta las cosas de su mundo en un nuevo orden que le agrada”). En consecuencia, cuando digo collage y digo cut ups, me refiero asimismo a la disposición al juego que nos permite inventar símbolos, ideas y mundos que primitivamente están instaurados de otro modo, disposición que nos evidencia la posibilidad de la obra en base a la ruptura y mixtura de cosas que previamente no tienen relación alguna. Esto explica, por ejemplo, la satisfacción de concebir un poema a partir de un discurso político trozado (vaya agradable ejercicio).

Quiero manifestar, además, que el resultado del collage/cut up no es más importante que la sensación de libertad que deviene del proceso, teniendo en cuenta que éste plantea, esencialmente, un lenguaje abierto por completo y carente de normativas (podemos pensar que estamos ante los símbolos que en su desobediencia nos complacen, como sucede en los sueños). Y digo más, si realmente apostamos a la libertad, el resultado devuelve una revelación. Me he sorprendido más de una vez ante el hallazgo de lograr decir a través de esta lúdica tarea lo que, de otra forma, no podía. Entonces pregunto, ¿qué es lo que nos provee el caos y la desestructuración, que no hallamos en el orden?, ¿qué será eso que se pierde en el acto de decir y que, si nos ubicamos en otro lugar, reencontramos en el collage?

Cerrando la idea de este discurso, voy a citar a William Burroughs cuando dice que “la mejor escritura parece estar hecha casi por accidente, pero los escritores (…) no tenían manera de producir el accidente de la espontaneidad. No se puede querer la espontaneidad. Pero se puede introducir el factor de espontaneidad impredecible con un par de tijeras” y que “toda escritura es de hecho cut-up”. Dado que estoy de acuerdo con Burroughs, y también con Borges cuando deduce que toda literatura puede verse como un conjunto de citas, o dicho con sus propias palabras: “la antología a la que tiende toda literatura”, abrazo la correlación y hermandad que mantienen estas técnicas con la poesía, a modo de construirla y transformarla desde y hacia diversos escenarios.

Imágenes: Obras de Julieta Ramos

2 Comments

  1. Eso de las reglas inventándose en el mismo hacer, es el juego de los niños.
    Los niños se ponen a jugar sobre una base elemental, pero enseguida van cambiando las normas.
    Y más abajo en tu escrito lo escribía con todas las letras, cuando hablás de Freud y los juegos infantiles y los poetas.
    La frase sobre los símbolos que nos desobedecen y nos complacen (por eso mismo) está excelente.
    El tema del orden y del caos, es una cantera para charlar o escribir, horas enteras.
    Tal vez “el orden” no sea más que el resultado de una conveniencia social, para no destruirnos unos a otros.
    Pero que a la vez conlleva una pérdida de libertad, una cesión a la comunidad de parte del libre albedrío ¿o no?
    El mejor ejemplo es habitar en un edificio de propiedad horizontal, donde el consorcio impone una serie de reglas
    (no tener animales, no hacer ruido a partir de tal hora, etc) para que lo que hace uno no moleste a otro.
    En la sociedad pasa lo mismo. Y cuando “la nave va” hay orden.
    Pero he aquí que tenemos una vía de escape a esos recortes urbanos modernos, para no enloquecer.
    El arte.
    En el caso de tu nota, el collage o el arte del collage.
    En el medio del “orden” creamos un caos. Ese caos es lo que nos satisface.
    Y nos satisface porque volvemos a respirar libertad.

    Felicitaciones.

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  2. Después de mandar el comentario al artículo de Juli sobre el collage, me acordé de un escrito de Cortázar acerca del tema, no sé dónde salió o está. Dice el autor de Rayuela (otro juego) que los niños puestos a dibujar se sienten libres, pero basta que la maestra les ponga adelante un atril con una manzana arriba y les ordena que dibujen la fruta, para que se rompa el hechizo de la libertad. Entonces «el pibe ya fue».

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