La saga del almirante Domecq García, de huérfano de guerra a almirante. 1º parte: La leyenda blanca

Por Mariano Damián Montero. Buenos Aires – Asunción (Py). Historiador, investigador, escritor

mariano-monteroEn un recordado episodio de la serie animada “Los Simpsons”, titulado “Lisa, la iconoclasta”, Lisa Simpson visita el museo del prócer de la ciudad, Jebediah Springfield, con el fin de recabar datos para un trabajo escolar en el marco del bicentenario de Springfield. En el museo, dentro de un objeto, descubre un manuscrito inédito de Jebediah, donde éste confiesa que en su pasado fue un temible pirata asesino. Cuando Lisa intenta hacer conocer la verdadera historia del prócer, es rechazada por toda la comunidad. En el momento clave, cuando Lisa tenía previsto decir la verdad ante toda la población en el acto oficial, se arrepiente y oculta la verdad sobre el pasado de Jebediah, con el argumento de que el “mito” de Jebediah tiene valor y promueve los mejores sentimientos del pueblo. 

Actualmente, en el Paraguay estamos inmersos dentro del “Sesquicentenario de la Epopeya Nacional” – conmemoración oficial de los 150 años de la Guerra contra la Triple Alianza o Guerra Guasú, 1864-1870 -. Y la “buena” noticia para algunos, y “mala” para otros, es que esto se extenderá hasta junio de 2026, ya que hacia mediados del año 2018, un grupo de historiadores y promotores culturales lograron que la conmemoración se extienda entre 2014 y 2026 gracias a la Ley 6.090. Es decir, rememorar no hasta el fin de la guerra en sí, sino hasta el retiro de las tropas brasileñas de Asunción en 1876. Un pasaje de la ley mencionada, reza que se privilegiará un relato “tendiente a la revalorización de la historia de la República del Paraguay y la identidad como Nación heroica”. Palabras parecidas a las del Bicentenario de la ficticia ciudad de Springfield: “promover los mejores sentimientos del pueblo”.

Es en este contexto que se está difundiendo, fundamentalmente por redes sociales y en grupos de aficionados a la historia – aunque también en textos académicos -, la crónica de vida del almirante argentino Manuel Tomás Domecq García (1859-1951), bajo un título dramático y atractivo: “De huérfano de guerra a Almirante”.

El primer autor que se interesó por rescatar datos de la vida de Manuel Tomás Domecq García, (a quien de ahora en adelante, para ahorrar palabras y como guiño al escritor argentino Juan Forn, lo llamaremos “el almirante”) fue el coleccionista paraguayo Juan Bautista Gill Aguinaga (1910-1982), quien, a mediados de la década del ’30, adquirió en una subasta realizada por los descendientes de Estanislao Zeballos, toda la documentación que éste había acumulado en más de treinta años con el fin de escribir una monumental Historia de la Guerra del Paraguay, que nunca vio la luz. 

Luego de dejar macerar esa valiosa documentación durante más de treinta años, Gill Aguinaga, miembro de número de la Academia Paraguaya de la Historia (APH) desde el año 1947 (en ese momento Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas), decide utilizar parte del Archivo Zeballos, y en 1968 escribe el artículo titulado “Excesos cometidos hace cien años” (Anuario No. 12, 1967/68, pp.17-25 de la APH).  En este artículo, Aguinaga detalla tres casos de niños secuestrados por las fuerzas brasileñas y argentinas en el apartado “Caza de niños”, para luego mencionar, con mucho más detalle, el caso del “El rescate del niño Domecq García”, en la p.21: “podemos referirnos al caso concreto, en que unos soldados brasileños, cobran ocho libras esterlinas por el rescate del niño Domecq García, suma exigida a la tía de éste, Doña Concepción Domecq de Decoud (…) El Joven paraguayo Domecq García, ya terminada la guerra, se traslada a la Argentina por disposición de su familia.  Era oriundo del pueblo de Tobatí, en el Departamento de las Cordilleras, hijo de madre y padre paraguayos, muerto éste en el cerco de Humaitá (…) Al correr del tiempo, el Congreso de la República Argentina, le concedería carta de ciudadanía a este compatriota, de sobresaliente actuación en la Armada de ese país, obteniendo el grado de Almirante y ocupando el cargo de Ministro de Marina, en los años 1922-1928, durante el gobierno del Doctor Marcelo T. de Alvear”.  Luego, enumera todos los logros del almirante en su carrera político-militar: delegado demarcación de límites con Brasil en 1887, construcción del buque-escuela “Fragata Sarmiento” en 1896 y observador de la guerra ruso-japonesa en 1905.

Unos 34 años después, en el año 2002, el historiador brasileño Francisco Doratioto (“Maldita guerra”, Sao Paulo, Companhia das Letras, 2002, capítulo “A caza a Solano López”, p.386) repite la misma historia del secuestro del niño Domecq y afirma que su padre “morreu en Humaitá”, y resalta su posterior carrera militar en la Argentina.  Se basa en el testimonio que la tía del almirante, Doña Concepción Domecq Grance de Decoud, le dio al argentino Estanislao Zeballos, en 1888, o sea, la misma fuente que Gill Aguinaga utilizó para su texto de 1967/8. 

Cuatro años después, en agosto de 2006, un periodista paraguayo llamado Luis Verón -también miembro la APH-, escribió un artículo que salió publicado en la revista dominical del diario ABC Color (13 de agosto, pp.34-38, a tres días del aniversario de Acosta Ñu), bajo el título de De huérfano de guerra a almirante, en dónde repetía exactamente lo mismo, pero agregándole otros datos, como, por ejemplo, que la madre del almirante, a la que el texto de Gill Aguinaga no hacía referencia, “habría muerto en la batalla de Piribebuy en 1869”. Verón no informa de dónde obtuvo este dato del fallecimiento de la madre en una batalla. Simplemente lo agregó. Gracias a internet, copiamos el link del artículo a continuación:  https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/abc-revista/de-huerfano-de-guerra-a-almirante-923300.html, aunque el texto original impreso es más extenso.

En 2009, Diego Zigiotto en su “Las mil y una curiosidades del Cementerio de La Recoleta”, repite que nació en el Paraguay y que sus padres “murieron en la Guerra de la Triple Alianza”.  En el año 2011, el académico norteamericano, Thomas Whigham (“La Guerra de la Triple Alianza”, Vol.3. eBook, Taurus) -también miembro de la APH-, replica la historia del secuestro del niño Domecq, tal cual lo hiciera Doratioto (a quien toma como fuente, junto al Archivo Zeballos). No hace referencia a sus padres, pero sí a su posterior carrera en forma elogiosa: de adolescente se unió a la armada argentina, donde llegó al grado de almirante. Sirvió como ministro de Marina en el gabinete de Marcelo T. de Alvear (1922-1928)”.

Y en los últimos años, con la tecnología de por medio -que ofrece nuevos soportes para publicar investigaciones o artículos sobre Historia-, la leyenda “blanca” del almirante se instaló con mucha fuerza en las redes sociales. Basta mencionar que el 11 de enero (fecha de la muerte del almirante) de 2018, en la página de facebook de la Asociación Cultural Mandu’ará, con el título “El niño de Acosta Ñu que sería ministro en la Argentina”, le agregan, al relato de Verón, que el futuro almirante “sufrió en carne propia las crueldades de la guerra desde sus escasos 6 años, participando en la batalla de Acosta Ñu con 10 años de edad y siendo uno de los pocos sobrevivientes de aquella masacre”, es decir, al dato dramático de la madre muriendo en Piribebuy, agregado por Verón, aportan uno nuevo, más heroico aún: el niño luchó en Acosta Ñu ¡y sobrevivió!.  Claro que, como en el caso de Verón, no aclaran de dónde extraen la información. En este texto, escrito por Eduardo Nakayama, miembro de la Academia Paraguaya de la Historia, se repite la forma en que mueren el padre y madre del almirante como lo relata Verón, pero contiene un aspecto realmente preocupante sobre la honestidad intelectual de los investigadores, que abordaremos más adelante.

El 23 de octubre de 2018 en https://www.portalpiribebuy.com/manuel-domecq-garcia/, un señor llamado Emilio Urdapilleta, publica que “A la tierna edad de 9 añitos, formó parte del Ejército Paraguayo” y que “probablemente participó en la batalla de Piribebuy junto a su madre, pero sin duda alguna, fue uno de los Niños Heroicos de la Batalla de Acosta Ñu, en dónde fue hecho prisionero por los brasileños”.  Aquí ya tenemos el cuadro heroico del futuro almirante luchando junto a su madre, es decir los dos íconos del nacionalismo guerrero paraguayo: el niño mártir y la “gloriosa mujer paraguaya”.

Para no agotar al lector, y pasar a la segunda parte de este artículo, señalaremos los más recientes textos que contienen al relato heroico del almirante. El 21 de octubre de 2019, en la página de facebook denominada Memorias de la Ocupación, publican el texto titulado “Un niño de la Guerra Guasú”: repiten lo mismo, pero, como Verón, no lo asocian a Acosta Ñu.  El 11 de junio de 2019, la Municipalidad de Tobatí anunciaba un acto por el cual se inauguraría la plaza “Manuel Tomás Domecq García”, a quien presentaban como “Niño tobateño, Héroe de Acosta Ñú”.  Pero más preocupante aún, por tratarse de un artículo publicado en una revista científica y arbitrada, es el texto “Captura, secuestros y rescates de niños paraguayos a fines de la Guerra de la Triple Alianza”, escrito por la presidenta de la Academia Paraguaya de la Historia, María Graciela Monte Domecq en noviembre de 2019, para la Revista Paraguaya de Historia.  Aquí, repite todo lo que ya escribiera Gill Aguinaga y Verón, pero, como éste último, no ubica al niño almirante en Acosta Ñu.  Sin embargo, replica los datos acerca de las muertes del padre y madre del almirante, sin especificar su fuente para esta información.  Y por último, en un artículo publicado el 16 de agosto (aniversario de Acosta Ñu) de 2020, en el diario paraguayo La Nación, afirman que “en el cerco de Humaitá (1868) cayó su padre, y en Piribebuy, un año más tarde, perdió a su madre. Puso el pecho en Acosta Ñu con valentía (la batalla más triste del continente)”https://www.lanacion.com.py/gran-diario-domingo/2020/08/16/nino-de-guerra/.  Aquí, toman como fuente a Verón y a Nakayama.

Entonces, podemos considerar a Gill Aguinaga como el “paciente cero” de esta “leyenda blanca”, a la que cada uno de los “infectados” le fue agregando un síntoma nuevo: muerte heroica de la madre (Verón, 2006; Monte, 2019), sobreviviente de Acosta Ñu (Nakayama y Urdapilleta, 2018), y, si nos descuidamos, para el 2023 es posible que afirmen que el niño Domecq García acompañó al mariscal hasta Cerro Corá.

Actualmente, una gigantografía con la foto del almirante y el texto sobre su vida –fiel a este relato que se viene repitiendo desde 1968, con agregados cada vez más heroicos-, es una de las atracciones de una muestra itinerante organizada por la Secretaría Nacional de Cultura y la Comisión del Sesquicentenario (“Paraguay 1869, un país en guerra”), que ya fue exhibida en muchas ciudades del Paraguay y que en estos días se instalará en Caaguazú, hasta el 30 de octubre. Sin lugar a dudas, el caso de Domecq García es  “explotado” como uno de los mayores ejemplos de “heroicidad” y superación.  Sin embargo, todos estos relatos citados, prácticamente idénticos entre ellos –lo que de por sí, ya se trataría de un disparador para preguntarnos sobre los modos de hacer Historia en ciertos círculos-, en donde prima más la hagiografía que la biografía, ocultan un hecho clave sucedido en Buenos Aires en enero de 1919, muy grave, y en consecuencia, imposible de desconocerlo por parte de estos miembros de la Academia Paraguaya de la Historia. 

Hablaremos de aquellas jornadas, en las que el almirante tuvo un obscuro rol central, en la segunda entrega de esta saga histórica que comparte ambas orillas del Paraguay y la Argentina.

Foto: Imagen de la muestra itinerante “Paraguay 1869, un país en guerra”.

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