Crónicas rimadas de las batallas de la Guerra Grande

Por Alberto Szretter. Posadas, Puerto Rico, Misiones. Escritor y médico

AlbertoCarlos Martínez Gamba escribió en guaraní paraguayo y nunca (salvo contadísimas excepciones) tradujo o dejó traducir sus trabajos. Antes hubo escritores (Narciso Colman, Basiliano Caballero) que escribieron en ese idioma, pero solo poesía, por lo que podemos decir que Martínez Gamba fue el padre de la narrativa en guaraní.

Su primer libro, Pychaichi, apareció en 1970 y luego le siguieron libros en verso y prosa, cuentos de oralitura clara, con una persistente problemática social. En el año 2002 publicó “Crónicas rimadas de las batallas de la Guerra Grande, en guaraní”, su libro mayor, galardonado con el Premio Nacional de Literatura, otorgado por el Senado de Paraguay, que reconoció la dimensión ética-estética de lo que podríamos titular como un romancero de enormes proporciones que narra la guerra de la Triple Alianza. Tiene 16 mil versos en guaraní. Es una obra portentosa. Allí se cuenta al modo de las antiguas gestas, los años heroicos y decisivos, que signaron el destino del pueblo paraguayo.

Aunque la literatura no se considera fuente histórica, Martínez Gamba abre sus brazos de poeta y abarca en páginas de sublime vuelo épico elementos documentados y ordenados cronológicamente, es decir fehacientes, para cantar lo vivido por su gente. Podríamos afirmar que nada es más enriquecedor para aquel que desea saber los detalles de una hazaña a nivel continental, que recorrer los avatares de este suceso colectivo a lo largo de las ochocientas páginas. Simbolismo, energía y sentimientos, veracidad, belleza, se entremezclan en páginas de una vibración especial, labrando perfiles de personajes conocidos y desconocidos, individuales y colectivos, revelando las aristas conmovedoras de lo que fue un choque desigual, un verdadero aplastamiento de tres países impulsados por Gran Bretaña, contra el independiente proyecto nacionalista paraguayo.

Martínez Gamba se erige en el portavoz de una creación colectiva, porque es un narrador-compilador que sintetiza, como aquellos viejos cantores de la historia antigua que hablaban de héroes y heroínas, la epopeya general de una nación.

El poeta utiliza varios recursos. Uno de ellos es la inserción, que se da en dos formas. El primero consiste en referencias (y apelación al lector) a información documentada, por ejemplo en la página 126: “Cuatrocientas cuarenta y seis (personas) nos cuenta don Efraín/en sus Crónicas, tomo dos. /A ellas recurran pues”. O en el devenir de las estrofas nos otorga otros datos: de Crisóstomo Centurión, de Juan E. O´Leary, que fueron reconocidos historiadores del siglo XIX y XX. Nos dice que podemos consultar esas fuentes. La segunda inserción es totalmente opuesta, o cumple un rol diferente: página 97 “Kirikirí -un ave- sobre mi casa/Karakará -un ave- sobre el montículo”. Fragmentos que alivianan la cargada tensión de la descripción de las crueles batallas.

Otro procedimiento es la repetición, alternativa que utilizaban los cantores de epopeya y que le servían para memorizar. En el caso de “Crónicas rimadas…” casi siempre al final de los detalles de cada combate. Por ejemplo, página 271 “De lo que pasó en Estero Bellaco/hasta aquí lo digo yo. /Todo lo que cuento/por favor complétenlo”. O en la página 341 “Si alguien quiere agregar/aquí mi puesto le dejo”.

Un procedimiento bien aprovechado es la elección de estructuras lingüísticas típicas del guaraní, las actualizaciones temporales (como si estuvieran pasando en este momento) y la instauración de una relación dialogal entre él y los oyentes-lectores, por ejemplo, página 13 “Vengan todos, adultos, niños. /Escuchen, guarden silencio. /La batalla del Riachuelo/aquí quiero relatarles”.

Carlos Martínez Gamba tardó doce años en componer este fresco impresionante de la Guerra Guazú. Para esta reseña hemos preguntado a los que leyeron el libro, dicen que es imposible en muchísimas partes no llorar de emoción, por el modo en que canta el poeta a la valentía, al amor, a la solidaridad del pueblo paraguayo, en medio de la catástrofe bélica, y con un lirismo excelso. Sólo alguien embebido de la cultura de su país, tradiciones y mitos, puede con la sensibilidad de un artista alzar este monumento a todo un pueblo.

Hay derrotas y alegrías a lo largo del libro. Escenas contrastantes de gozo y de sufrimiento, de muerte terrible y de vida en su plenitud, insertas en una naturaleza que canta y calla, que se despliega. Página 26 “Tupido bosque/se ve. El alba apenas comienza. /Entre los caraguatá lejanos/las perdices se alborotan/y en la sombra de los campos/las torcazas llantos lanzan”.

Los héroes y las personas comunes se entrecruzan, sobre el trasfondo constante de la gesta del pueblo paraguayo. Es de hacer notar el colectivo anónimo, mujeres, niños y ancianos que en innumerables ocasiones mueven la rueda del destino de los guerreros. Página 677 “Ramona Martínez se llama/una niña en flor de edad/quince años apenas tiene/y una espada pide ya”. Emocionante es la parte en que el poeta narra la movilización  de los escolares al mando del Maestro Fermín López en la batalla de Piribebuy. Pero en todas las páginas se resalta el esfuerzo de la nación paraguaya que sabiendo que va a la muerta va igual, porque la patria así lo reclama.

Entre los personajes individuales se destacan el Mariscal López y el General José Eduvigis Díaz. Hay que resaltar que el Mariscal, máximo héroe nacional, aparece en Cronicas rimadas… con sus luces y sombra, sus aciertos y errores. Incluso se menciona la discrepancia, discusión, que tuvo con el General Díaz, ante la defensa de Curupayty. Esta humanidad plasmada no hace más que alabar la talla enorme de su figura. Es un hombre el que está ahí, el que lucha, aun equivocándose.

Frente a esta obra inmensa, uno no puede sino pensar en que de “este lado del río”, en Argentina, también deberíamos darnos un gran monumento literario abarcador, desde antes de Mbororé, hasta Andresito y más acá, pasando por las guerras guaraníes, que diezmaron de hermanos aborígenes a toda esta amplia zona del país. Porque el primer genocidio en esta parte del mundo fue contra los mbya, que comenzó cuando los colonizadores, con lanzas o con el crucifijo, le quitaron el habla a los aborígenes, que fue como sacarles el alma.

Sobre esto último, y para terminar esta semblanza, contemos que también Martínez Gamba incursionó en la investigación lingüística-cultural de los aborígenes, tomó contacto con ellos, indagó y recopiló buena parte de sus rezos y cantos sagrados: Ayvu Rendy Vera (El canto resplandeciente) y Tatachiná Tataendy (De la neblina al fulgor).

Hay que hacer notar que los Mbya-guaraníes son extremadamente reservados, no cuentan a nadie sus creencias, sin embargo luego de mucho darse con esta etnia pudo recoger sus cantos fundacionales. Además resaltar algo que el mismo poeta que los conocía muy bien, nos dijo una vez en su casa: ellos no son los antiguos dueños de la tierra (no hay que denominarlos así), jamás se sintieron dueños de nada. Su mundo es (o era) el monte, forman (o formaban) parte indisoluble del hábitat, de los árboles y el río. El paisaje es un concepto europeo, es la vista exterior, lo que se extiende delante de cada uno; para los guaraníes ellos eran (o son) el paisaje mismo.

Don Carlos Martínez Gamba nació en Villa Rica, era guaireño, en 1939, y falleció en Puerto Rico (Misiones) en 2010. Más allá del mérito literario, el escritor era un ciudadano de bien que se jugó por la dignidad de su patria a la que tanto amó. Sufrió el exilio, es decir el desarraigo, la persecución del régimen dictatorial de Stroessner, y vivir años lejos de su tierra a la que engrandeció con la filigrana de sus versos y su prosa en su querido idioma guaraní.

Título original: Ñorairó Ñembombe´u Gérra Guasúró Guaré, Guaraní Ñe´épú Joapype. (Crónicas rimadas de las batallas de la Guerra Grande, en guaraní)

Autor: Carlos Martínez Gamba.

Impreso en Asunción en 2002. Con los auspicios de Fondec (Fondo Nacional de la Cultura y las Artes)

Fuentes: El Paraguay en la encrucijada de sus guerras (1864-2005). Sujetos, poderes y estética. Delicia Villagra-Batoux. Coloquio ofrecido en París en 2005.

Agradecimientos: Rodrigo Martínez Gamba. Reneé Simon.

Traducción del guaraní: Delicia Villagra-Batoux

Foto: Estela Careaga

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