Aportes de la literatura a la diversidad lingüística originarias de Misiones

Por Raúl Novau. Misiones. Escritor

rac3bal-novauLos aportes que podemos considerar literarios de Misiones a la diversidad lingüística originaria son los registros escritos en su mayoría por investigadores y traductores de lenguas originarias al castellano, dándonos la posibilidad del conocimiento de la profunda cosmogonía de esos pueblos.

Es necesario puntualizar que existe un sustrato y adstrato guaraní en nuestra provincia que influyó e influye en el habla regional en cuanto a fonética, vocabulario y sintaxis, conforme lo expresara nuestro escritor Hugo Amable (Las Figuras del habla misionera, 1980) Y como los escritores recurrimos muchas veces como fuentes literarias al habla regional para las obras narrativas en cuentos, novelas, dramaturgia, lírica, se rastrean justamente sintaxis e hilos de influencia de la lengua guaraní con los cuales se tejen los textos en forma natural ya que integran parte del acervo lingüístico misionero.

Podemos focalizar el ámbito de estudio al actual territorio de Misiones y de naciones vecinas para desde allí reunir antecedentes que contribuyan a un enriquecimiento del tema propuesto. Los límites nacionales en este caso son difusos y permiten una porosidad de carácter cultural y recíproca avalada por constantes socio-económicas, históricas, migraciones, traslaciones.

Tenemos como base el sagrado origen y significado de la palabra para  la creencia guaraní que obra como fundamento religioso a las mismas y que constituyen su existencia. La palabra es el ser mismo en el guaraní, se vive por la palabra que deviene divina por la propia y primigenia creación.

Esta palabra fue resguardada en los ámbitos de los rituales, al abrigo de los fogones protegiéndola de los avances de las conquistas u oponiéndola tenazmente a la dominación mediante su persistencia en el lenguaje familiar.

Durante las reducciones jesuíticas esparcidas en la región instaladas en los treinta pueblos en el s. XVII se priorizó el conocimiento de lenguas con fines determinados pues la evangelización de los lugareños era prioridad. Y para ello era menester aprender las lenguas originarias, Por otra parte la literatura contemporánea nos dice que “Salimos ganando…salimos perdiendo….Se llevaron el oro y nos dejaron el oro…Se lo llevaron todo y nos dejaron todo…Nos dejaron las palabras”, expresa en su prosa poética Pablo Neruda en “Las Palabras” (“Confieso que he vivido, 1974). Esas palabras españolas son las que poblaron el continente incursionando en los recónditos y protegidos lugares de las lenguas originarias al son de la Conquista. Una conquista espiritual del llamado Nuevo Mundo descripta por Antonio Ruiz de Montoya en su libro del mismo nombre donde en forma de crónicas y relatos se visualizan los pormenores vitales de una cultura milenaria y de hondo contenido religioso. Con la edición del “Arte, Vocabulario, Tesoro y Catecismo de la lengua guaraní” Montoya hace una defensa de la congregación jesuítica en el reino de España resaltando los valores intrínsecos de una lengua como la del guaraní  que conforma la plenitud del ser en la tierra. Ruiz de Montoya, Anchieta y Figueira en Brasil, son guarianólogos en cuyas obras está perfectamente documentado y estudiado el guaraní que se hablaba en las Antiguas Misiones y sur del Brasil. Debemos mencionar también las llamadas “Cartas Annuas” crónicas e informes de los padres a cargo de las reducciones a sus superiores, donde se hallan descripciones en latín del modo de vida de sus habitantes y segmentos de prosa descriptiva de índole literaria.

El jesuita Restivo reviste suma importancia para Misiones pues bajo su dirección el cacique Nicolás Yapuguay de Santa María La Mayor, editó en 1727 la “Explicación de Catecismo y Sermones y Exemplos” en guaraní y latín.

Fue impresa en una de las primeras imprentas del continente sudamericano cuando formábamos parte del Virreinato del Perú en Santa María a orillas del río Uruguay. Desde el año 1705 se imprimieron obras mucho antes de las imprentas instaladas en los grandes centros urbanos de la época. Esa grafía guaraní compuesta con una prensa de lapacho, plomo y estaño habría de inaugurar la circulación de la palabra emponderada en papel. Puesto de relevancia para el primer escritor de nuestras tierras, el cacique, músico, grabador, tipógrafo, escritor y orador Nicolás Yapuguay que en su tiempo dominaba además del guaraní, el latín y el castellano, direccionado en sus menesteres de hacedor traductor por el citado padre Restivo quien diría: “..yo no hice nada más que darle materia…” Cabe acotar que Yapuguay también diseñó Tablas de Parentesco o consanguinidad, valiosa muestra antropológica en el continente sudamericano. El incunable “Sermones y Exemplos” se conserva en el Instituto Montoya de Posadas.

Este sentido de comunicación con fines de adoctrinamiento no necesariamente significaba una plena reciprocidad pues los núcleos vitales de la lengua se resguardaban en las profundos tekoá de las memorias, en sus catedrales de palabras, imágenes, sonidos, plegarias.

Nos inclinamos a conceptualizar los alcances de la literatura incluyendo como literatura oral que practicaban los habitantes originarios de esta región geográfica. Como hemos señalado, región hablante que abarca un tiempo histórico y social en un complejo dinámico de conquista física y espiritual a través de la permeabilidad de las llamadas fronteras. Convengamos entonces en que los basamentos de lo que conocemos como literatura escrita son las llamadas literaturas orales transmitidas desde tiempos antiquísimos por trovadores y rapsodas, traductores y compiladores en el mundo occidental.

Nosotros conocemos en nuestra región a los guaraníes mbyas cuyos poemas y plegarias acompañadas de cánticos y danzas rituales más relatos en prosa constituyen un corpus literario que refleja toda una cultura ancestral y de sentido cosmogónico, conservada aún hoy en las comunidades existentes en el territorio provincial.

Debemos mencionar a aquellos que habitaban las denominadas Altas Misiones, sería al nordeste de la provincia, pertenecientes a la etnia Kaingnang del grupo lingüístico Gë que han emigrado con el correr del tiempo a los estados fronterizos brasileños de Río Grande do Sul y Santa Catarina, notándose su paulatina ausencia hacia finales del s. XIX. Eran los llamados coroados, bocotudos, bugres, según estima el historiador misionero Jorge Machón (Los Kaingang de las Altas Misiones, 2012). Igual suerte ocurrió con los Guayanás del Alto Paraná, siguiendo al citado historiador, ya que se mestizaron en los asentamientos criollos después de la expulsión en 1767 de los jesuitas, o emigraron a estancias correntinas.

El dinamismo oral en mantener las palabras sagradas a través de recursos de la memoria se ha transmitido en generaciones continuas, rescatadas y traducidas al castellano por prominentes guarianólogos y lingüistas como León Cadogan, el Dr. Carlos Bareiro Saguier, Natalicio González, Narciso R. Colmán Rosicrán, el padre Bartolomeu Meliá por citar algunos de los insignes estudiosos de la cultura guaraní del Paraguay.

Con esa premisa de registro histórico y lingüístico nos hemos abocado a considerar a Juan Bautista Ambrosetti, reconocido como el “padre de la ciencia folklórica argentina”, explorador, naturalista, etnógrafo, arqueólogo, escritor, cuya fecha de nacimiento es reconocida como día del folklore argentino, por sus loables estudios realizados en nuestro suelo. Como es sabido sus obras comprenden una larga lista de enfoques etnográficos, arqueológicos y antropológicos merced a sus extensas exploraciones científicas por la geografía argentina. Ambrosetti realizó tres viajes a Misiones cuyos testimonios obran justamente en esas publicaciones entre los años 1892 al 96 y con esos títulos. Después de su tercer viaje publica “Vocabulario Kaingangue del Pikyry” y “Los indios Kaingangues de San Pedro” (Ambrosetti Juan Bautista, 1895). Es una clara e inestimable descripción de los modos, costumbres, mitos de los últimos Kaingangues en esa época, fines del s. XIX, sus creencias y fonética de una lengua perteneciente a la familia lingüística Tupí llamada Gê. Se detalla  por ejemplo sus creencias en Tupén la divinidad que manda en el país de los Udá Kuprí al cual esperan ir los muertos para descansar pues se vive sin temor y habiendo colmenares y animales a cada paso. La sobrevivencia como mito del pueblo Kaingang resulta de una inundación en la noche de los tiempos que fue cubriendo la superficie terrenal. Se refugiaron en la cumbre de la sierra Kriujidjumbé. Los Kaingangues nadaron hacia ella llevando hachones de leños encendidos en la boca. Los rezagados se colgaron de los árboles. Esperaban morir cuando escucharon los cantos de las saracuras que echaron tierra en canastos disminuyendo el nivel de las aguas. Los patos también ayudaron. Así pudieron salir menos los que estaban en las ramas que por su indolencia se transformaron en monos.

En el Vocabulario de los Kaingangues se especifican nombres de animales, partes del cuerpo, parentescos, cocina, siembra, maíz, pronombres, verbos, caza, astrología, en una profusa nomenclatura. En esa línea en Misiones se destaca la figura de Carlos Martínez Gamba, escritor, poeta, nacido en Villarrica, Paraguay en 1932 y residente en Puerto Rico, Misiones donde falleció en 2010. Poseedor de una exquisita refulgencia en expresarse con el guaraní como idioma escrito, se hizo acreedor del Premio Nacional de Literatura del Paraguay en el año 2003. Martínez Gamba posee una ponderable lista de publicaciones tanto en poemarios como narrativa en guaraní como “Ñorairo Ñembobeu Guerra Guasú Guare” (Crónicas rimadas de las batallas de la Guerra Grande”) relacionada a la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870). En 1984 publica “El Canto Resplandeciente. Ayvu Rendy Vera”, una recopilación de plegarias de los mbya guaraní de Misiones. Las entrevistas a los caciques fueron traducidas al guaraní paraguayo y al castellano y al decir del prologuista el escritor misionero Nicolás Capaccio: “Pero por fuerza alguien tendrá que traducirnos las palabras que nombran el hambre, la niebla, la pequeña flauta de dulce sonido. Alguien casi por un milagro, nos dirá cómo se nombra la vida en esa lengua que solo se parece al murmullo del agua”. Martínez Gamba puntualiza en el prólogo refiriéndose a León Cadogan que éste recomendaba hacer un relevamiento de los textos míticos de los mbya asentados en la Provincia de Misiones y en ese sentido él cumplía en hacerlo como un homenaje a aquel señor po`i piru puku a quien solía ver en su adolescencia en Villarrica.

No se equivoca el preclaro Roa Bastos al referirse a la literatura criolla “los textos de esta literatura mestiza escrita en castellano, segregada de sus fuentes originarias, se apagan, carecen de consistencia y de verdad poética ante los destellos sombríos de los cantos indígenas tocados por el sentimiento cosmogónico de su fin último en el corazón de las culturas heridas de muerte… esta unidad, esta plenitud de los cantos y mitos indígenas –que sobreviven victoriosamente en las traducciones y versiones- prueban una de las tesis de las ciencias lingüísticas: la que no hay una lengua inferior a otra”. (A. Roa Bastos, Las Culturas Condenadas, 1983).

El otro autor a quien nos referiremos es Federico Mayntzhusen (Nacido en Hamburgo, Alemania en 1873, falleció en Paraguay en 1949)) que contribuyó con sus publicaciones a acrecentar los saberes sobre el pueblo Aché-Guayakí asentados en la región altoparanacera, lindante con nuestra provincia.

Es “Los Guayakí y la civilización” artículo del Boletín de la Junta de Estudios Históricos de Misiones, año 1944, siendo el autor asiduo asistente expositor a Congresos Americanistas a principios del s. XX. En el año 2009 la misma Junta de Estudios Históricos publicó “Los Aché Guayakí”, monografía sobre los guayakís realizada por él quien fundó en 1907 y se radicó en lo que hoy es Capitán Meza, Paraguay. Cabe mencionar que el autor donó importantes elementos etnográficos de la etnia al Museo Regional Aníbal Cambas de Posadas. Durante veinticinco años estudió la vida de este pueblo cazador y recolector sometido en ese entonces principios del siglo XX a un proceso de aculturación violenta. Frutos de sus intensas observaciones científicas y etnográficas se recopilan en esta obra editada en Posadas traducidas del alemán en que fue escrita, y que se suma a la bibliografía existente sobre los Aché-Guayakí. En ella se hallan además referencias de su brillante y compleja mitología y sus creencias animistas, volcados a relatos que tienen sus orígenes en la naturaleza, fauna y flora de la selva. En cierta manera, los mitos y leyendas se entrecruzan con otras culturas como por ejemplo el del yasy-yateré guaraní muy enraizado hasta ahora en nuestra región. Mayntzhusen describe al yakarendi como semejantes a los aché pero más pequeños. Tienen la altura de un niño de unos 10 años. Los hombres son kuru (rudos, sarnosos). Las mujeres son blancas y lindas (iyu), tienen muchos niños y viven bajo las raíces del árbol paye (es el incienso), cazan jabalíes. El tema es que carecen de fuego y asaltan por las noches los campamentos de los aché, disparan a los hombres y copulan con las mujeres, y se llevan el fuego. Las mujeres embarazadas así paren hijos con cabellos diferentes. Es imposible atraparlos pues desaparecen en las profundidades de los raigales.

Según Mayntzhusen para ellos en la narración de un cuento es más importante en cómo cuenta que el mismo relato. Son actores innatos y gestuales. Valoran las vivencias del oso hormiguero o la torpeza de un jaguar como ocurre con el tigre y el zorro en los relatos guaraníes.

El jaguar se quejaba al oso hormiguero porque tenía muy mala visión. El oso hormiguero le respondió que se frotara los ojos con be chamumbu (be animal chamumbu agujerear el ojo) y con esto iba a adquirir una vista muy aguda. El jaguar se frotó (kiri) los ojos con el arbusto cuyas filosas espinas le arruinaron la visión.

De la mitología guayakí Mayntzhusen rescata el sol y la luna. Ambos eran hermanos. La luna tiene a Venus (tarabachu) como esposo. Se desplazan por el cielo. El esposo sale primero, la señora nueva luna bien cerca detrás de él, pero cuando más vieja se pone más queda atrás. El esposo sigue su caminosin errar pero el hermano sol está malo por su hermana y le advierte: “dare, deprarueme vaipu krapipaperu” mujer no seas haragana el jaguar te va a comer. Ella no quiso escuchar y él le disparó y de ahí tiene cicatrices en el rostro. Llega la desgracia: un día el mítico jaguar que vive en el sol la come (eclipse de luna).

Se consigna la importancia de los diccionarios editados en nuestra zona que contribuyen a través de sus significaciones a los soportes de comprensión idiomáticas, mencionándose el “Diccionario Etimológico-Lingüístico de Misiones” de Guillermo Kaul Grünwald, publicado en el año 1977, agotado a la fecha, cuyo autor fue el primer estudioso en abordar en forma sistemática los aspectos lingüísticos y léxicos de Misiones. La Biblioteca de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de Misiones lleva su nombre.

Además, se ha publicado (Edunam, 2018) el Primer Diccionario Mbyá Guaraní-Español por el Prof. José Rodas y Kuaray Poty Carlos Benítez que contó con el aporte de caciques, opyguas, ancianos, conteniendo un anexo de Pentatraductor temático al inglés, portugués, guaraní paraguayo, español.

Se otorga suma importancia a las publicaciones de investigadores, traductores, escritores regionales, que derivan en un mayor conocimiento de las fuentes de culturas originarias destinadas a lograr un fortalecimiento de lazos integrales de comprensión y respeto a la diversidad lingüística.

Resumen ponencia al XVII Encuentro de Escritores del Mercosur, Asunción y Yaguarón, Paraguay, jun/2019

Bibliografía

AMABLE, Hugo (1980). Las Figuras del Habla Misionera, Posadas: Ed. Montoya. AMBROSETTI, Juan Bautista (1895). Los Indios Kaingangues de San Pedro, Revista del Jardín Zoológico, Buenos Aires.

ANDERSON IMBERT, Enrique (2007). Teoría y Técnica del Cuento, México: Ed. Ariel. KAUL GRÛNWALD, Guillermo (1977) Diccionario Etimológico-Lingüístico de Misiones, Posadas: E. Puente.

MACHÓN, Jorge (2005). San Francisco de Paula y los Kaingang de las Altas Misiones, Posadas: Ed. de Autor.

MARTINEZ GAMBA, Carlos (1984). El Canto resplandeciente, Buenos Aires: Ed. del Sol.

MAYNTZHUSEN, Federico (2009). Los Aché-Guayakí, Posadas: Ed. Junta de Estudios Históricos de Misiones.

NERUDA, Pablo (1974). Las Palabras. Confieso que he vivido. Barcelona: Ed: Seix Barral.

RODAS, José y BENÍTEZ, Carlos (2018). Primer Diccionario Mbyá-Español-Guaraní. Ed.: Editorial Universidad Nacional de Misiones EdUNaM.

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