Infanticidio secular. Ayer niños patriotas, hoy niñas guerrilleras

Por Mariano Damián Montero. Buenos Aires – Asunción (Py). Historiador, investigador y escritor

mariano-monteroLos amigos de Neoconatus me solicitaron escribir algunas reflexiones sobre la actualidad del Paraguay, país donde resido desde hace dos años y que conozco mejor a través de mi profesión como historiador especializado en su historia reciente.

Imposible es analizar el presente del Paraguay sin volver la vista hacia atrás, como también es difícil encontrar otro país en el que el peso de la Historia sobre el presente sea tan abrumador, asfixiante y hasta anestésico.

Muchos escritores nacidos en tierra guaraní, resaltaron esta particularidad de los usos de la Historia en el Paraguay. Hugo Rodríguez-Alcalá, en 1978, desde Nueva York, reflexionaba sobre la obra del escritor paraguayo exiliado Lincoln Silva, quien se destacó por criticar corrosivamente al nacionalismo paraguayo de la época del “Centenario de la Epopeya Nacional” (entre 1964 y 1970, momento en que se cumplían cien años de la Guerra de la Triple Alianza). Rodríguez Alcalá se preguntaba “¿No será que ese nacionalismo o, mejor dicho, el carácter terapéutico de ese nacionalismo ha dejado de ser necesario, y que el país ya puede inventar formas diferentes de activar su vitalidad y de concebir su destino?”.

Por este carácter hegemónico que posee la Historia paraguaya sobre cada una de las manifestaciones artísticas-culturales del Paraguay y sobre el discurso de construcción política, es que todo lo relacionan con la Guerra Guasú o Guerra de la Triple Alianza (GTA) y con la Guerra del Chaco en menor medida.  La Literatura se historiza y la Historia se ficcionaliza (ver “Ficcionalizacion de la Historia en la novela paraguaya”, https://webs.ucm.es/info/especulo/numero35/ficnopar.html, del investigador marroquí Boujemâa El Abkari).  En mi humilde entender, lo que se termina haciendo – especialmente utilizando a la GTA -, es una especie de adanismo.  Pero no me refiero al significado que le atribuyó Ortega y Gasset a ese término.  En mi jerga de historiador, un investigador comete adanismo cuando se remonta a un episodio producido en tiempos remotos, para intentar explicar un fenómeno actual. Por ejemplo, como en su momento planteó el historiador español Alberto Reig Tapia, pretender explicar las causas de la Guerra Civil Española de 1936-1939 remontándose a las “guerras carlistas”.

La GTA, como dispositivo literario-histórico que, a la manera de un Aleph borgeano, sirve para condensar todas las explicaciones sobre los orígenes de los más variados temas, definitivamente no es útil para comprender el presente, por lo menos desde hace unos 85 años atrás.

El adanismo paraguayo, representado en la GTA, no sirve para entender lo que viene sucediendo desde 1989 hasta nuestros días.  Para esto, debemos recurrir a la Historia Reciente – categoría prácticamente desconocida en el Paraguay, a excepción de contados autores que la llevan a cabo -, es decir, tener claro lo que significaron los 35 años de dictadura stronista y sus secuelas, tanto físicas como psíquicas, que se arrastran hasta la actualidad. Porque… ¿De qué nos puede servir la GTA para analizar los motivos por los cuales una tropa de élite asesina a dos niñas de 11 años de edad en la zona de Yby Yaú, departamento norteño de Concepción, el 2 de septiembre pasado; y que el grueso de la sociedad paraguaya no haya salido en masa a las calles a reclamar por estos infanticidios?  ¿Sirve para tratar de comprender cómo pudo ser que la sociedad elija en 2018 como Presidente a un continuador biológico e ideológico de la peor dictadura que sufrió el país, el mismo que luego del asesinato de las dos niñas, posa junto a los militares infanticidas con arma en su cintura cual Rambo subdesarrollado?  ¿Sirve para intentar clarificar por qué el mismo parlamento que destituyó en forma exprés al ex presidente Fernando Lugo en junio de 2012, por un enfrentamiento claramente “armado” entre militares y campesinos, sea el mismo parlamento que en el caso del asesinato de estas niñas mira para otro lado?

Y en otro orden de cosas, ¿sirve para explicar por qué Paraguay es el único país en el que los fiscales son amigos de los delincuentes, en lugar de sus perseguidores? ¿Sirve para dilucidar ese misterio por el cual el paraguayo lee en promedio solo un cuarto de libro por año, es decir, solo 25 páginas de un libro de 100 al año?  ¿Y para desentrañar el por qué el Paraguay se ubica en el puesto número 137 sobre 180 países en un ranking mundial de corrupción, donde los últimos puestos, obviamente, corresponden a los países más corruptos? 

No. Para poder dar respuestas a todo esto, no hay que hacer adanismo. Hay que producir investigaciones sobre Historia reciente. Hay que estudiar esos 35 años oscuros entre 1954 y 1989. La podredumbre que hoy existe en todos los ámbitos de la vida pública en el Paraguay, es resultado directo de aquellos años. Hay que preguntarse qué hizo la corporación judicial, el actual Gran Hermano del pueblo paraguayo, que, a través de sus impresentables fiscales, persiguen más a jóvenes que pintan consignas en un monumento histórico, que a militares que asesinan niñas. Sólo la ignorancia y la ceguera patriótica, inoculada en la población desde 1954 hasta hoy, puede explicar esto. Hay que preguntarse qué hizo una parte de la corporación política, que con su participación en el parlamento de juguete que les permitió tener Stroessner, legitimó al régimen como una supuesta democracia con elecciones regulares. Hay que preguntarse qué hizo esa gran porción de la intelectualidad paraguaya que no se exilió, que optó por quedarse y por colaborar con el régimen, algunos en forma más activa que otros. Hay que preguntarse cómo fueron asignadas a amigos del poder más de 8 millones de hectáreas entre 1954 y 1989, que explica parte de la presión social sobre la tierra y del por qué de la existencia de aborígenes mendigando en la capital del país, que tanto molesta a una parte de la buena ciudadanía asuncena. Hay que preguntarse por qué el nivel académico de su principal universidad, la UNA, es tan bajo. No es por falta de inteligencia de los intelectuales paraguayos. Es porque no cambió nada desde la época de la dictadura, y porque muchos de los actuales docentes se formaron en aquella época y muchos otros, más jóvenes, son discípulos de éstos, y reproducen la misma ideología autoritaria y la misma pobreza en los estudios. Un claro ejemplo de esto es un reconocido periodista, presentador del noticiero de la Televisión Pública, llamado Amancio Ruiz Díaz quien se recibió de Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Asunción, y en su ciclo televisivo llamado “Curiosidades con Amancio” llega a decir cosas como que “el comunismo es que todos comen lo mismo…el Estado dice que hoy se come pollo con arroz, y todos deben comer pollo con arroz, no podés elegir, si vos querés asadito, no vas a poder…”. Incluso en países con gobiernos de derecha y conservadores, el ámbito universitario siempre es un lugar de resistencia e ideas progresistas, pero no es el caso paraguayo, donde está cooptado por gente afín al Partido Colorado, que impide el ingreso de docentes con perfiles más progresistas.

Si lo que pasó en Concepción, con el asesinato de estas niñas de nacionalidad argentina (residentes en la localidad de Puerto Rico, provincia de Misiones), no logró generar una reacción de la sociedad paraguaya, es porque ahí están más vivos que nunca los resabios de aquellos 35 años.  El cuidado de las niñas nunca fue prioridad.  Incluso, muchos en redes sociales salieron a criticar la actitud de las autoridades argentinas de solicitar explicaciones de lo ocurrido, bajo el argumento de que “las nenas nacieron en Paraguay y fueron inscriptas en Argentina, por lo tanto son paraguayas”; casi como queriendo decir “para que se preocupan por estas nenas si no son argentinas”, o “pero las nenas son paraguayas, por lo tanto podemos matarlas si queremos sin tener que explicarle nada a un gobierno extranjero”. Esto es parte de la deformación nacionalista. Es más, el mismo dictador Alfredo Stroessner, de acuerdo a muchas fuentes y testimonios (ver el libro de Julia Ozorio Gamecho, “Una rosa y mil soldados”) fue un pedófilo serial, que junto a un grupo de generales de su misma condición enfermiza, secuestraron y abusaron de cientos de niñas de la misma edad de las que fueron “abatidas” hace dos semanas atrás en el norte paraguayo.

Luego de haber “escupido” estas reflexiones, justo es aclarar – principalmente para aquellos que, estoy seguro, criticarán este texto – que, desde ya, sí sirve la GTA para explicar cuestiones de más largo plazo, como por ejemplo, que esas niñas no cruzaron la frontera, sino que fue la frontera la que las cruzó a ellas, como a todos los habitantes actuales de la provincia de Formosa y parte de los de Misiones y Corrientes. Y que también sirve para comparar miradas sobre los niños mártires de Acosta Ñu – chicos de entre 10 y 14 años que fueron masacrados por tropas brasileñas en agosto de 1869, durante la GTA – y el caso de las niñas de Yby Yaú.  Según el emisor y receptor del discurso, podemos pasar de “niños héroes que defienden a la patria”, a “niños masacrados por tropas brasileñas”; y de “niñas guerrilleras, adoctrinadas, que bien muertas están”, a “la culpa no es de los militares, sino de los padres por tenerlas en el campamento guerrillero”.

En honor al nombre de esta revista digital, yo le propongo a la comunidad de historiadores paraguayos, el “conatus” de analizar con más fuerza y decisión la historia reciente del país.  No existe otro modo de empezar a cambiar las cosas. Así, evitaremos que la reflexión que Lincoln Silva, en su libro de 1975 “General General”, se extienda por otros cien años:

“Después de todo, en el Paraguay no es difícil nacer loco. Desde el fin de la Guerra Grande, en un siglo de hambre y de verano, de explotación y catolicismo, que se haya afectado la cordura nacional en sus raíces, a nadie podría extrañarle”.

 

4 Comments

  1. LEÍ SU TEXTO … ES MUY OPOSITOR Y MUY FURTE SU MANERA DE ESCRIBIR, APARTE DEL CONVENCIMIENTO DE QUE LA FALTA DE ESTUDIAR LA HISTORIA ES LA CULPLABLE DE TODOS LOS MALES. ¿SERÁTAN ASÍ? . ADEMÁS HEMOS COMPARTIDO TRABAJOS, ESTUDIOS, JORNADS DE REFLEXIÓN CON COLEGAS DOCENTES PARAGUAYOS Y NUNCA LAS SEMNTÍ DICTATORIALES. PENSAMOS MUY DISTINTO SEÑOR HISTORIADOR

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