Quintana-Escalante y las delicias de los pasos ilegales

Por Ridrigo N. Villalba Rojas. Formosa. Escritor y docente

villalba-rojas– Eran ladrilleros, ellos. De acá, de Formosa se fueron. Ahí donde está el Lote 4, por esa zona, hacia el fondo. Solían reunirse en una esquina cerca de donde está el Hotel de Turismo, y ahí se hicieron reconocidos. Después se fueron al Paraguay y empezaron a grabar. Y se hicieron famosos, ellos. Famosísimos se hicieron, bárbaro. ¿Cómo es que se llamaban?

– ¿Quintana-Escalante? – le digo, en joda.

– ¡Eso mismo! Quintana-Escalante, increíble como se hicieron famosos…

La ventaja de las charlas de sobremesa suele ser el disfrute, cuando no hay excesos alcohólicos de por medio, o cuando el ka’úre conserva algo de cordura y puede sostener un diálogo medianamente coherente. Hace unas semanas, la charla con un vecino me arrojó este dato. Hasta entonces yo conocía ya al dúo paraguayo, pero aún hoy sé poco de su historia. Y por supuesto, me había resultado algo insólita la anécdota, pero no imposible.

A vuelo de pájaro, una nota del diario Última Hora me confirma parcialmente la referencia: “En 1947, Escalante conoció a su colega Quintana tras viajar a Formosa (Argentina), junto al poeta Clementino Ocampos. Tras una noche de bohemia en el bar La Esmeralda, conforma el mítico dúo en 1950.” [1]

La ladrillería no aparece, claro, pero si la veracidad ha llegado a este punto, ¿qué impide que también sea cierto? ¿Y qué impide que mi vecino -o mi viejo, al que nunca le di la oportunidad de contarme historias sobre la música paraguaya- haya compartido alguna farra con el dúo de la simpatía?

Más allá de eso, quiero detenerme en observar, en este sólo detalle, la operación del silencio en dos direcciones:

(1) El silenciamiento del oficio. El del ladrillero es un arte que merece aparecer entre las preguntas de Brecht, quien ha visto a los ladrilleros en actividad lo entenderá perfectamente. La preparación del terreno, de la mezcla, los moldes, la quema, la estiba. ¿Cuánta poesía pudo haber nacido o nació efectivamente en ese proceso, pero no transitó el itinerario usual hasta la vereda del canon? ¿Cuántos libros pueden jactarse de tener hebras de paja y arcilla entre sus hojas? ¿Cuántos escritores pueden jactarse de haber incursionado así sea infructuosamente en los hiper-precarizados bajofondos del mundo laboral? ¿Acaso quienes escribimos no accedemos a una nueva forma de ver el mundo cuando nos sumergimos episódicamente en los oficios otros –más que en las tareas domésticas– en los obrajes?

(2) El silenciamiento del contrabando, de los pasos prohibidos, de las márgenes del paso fronterizo. Martín Escalante conoció a Valerio Quintana en Formosa. En 1947. ¿Qué lo trajo a Formosa en plena guerra civil? ¿Por dónde llegó a Formosa? ¿Qué hizo en Formosa, además de conocer a Quintana y componer polcas? (y tal vez hacer ladrillos, ¿y cuáles son las casas que se enorgullecen de haberse erigido con ladrillos del dúo Quintana-Escalante? ¿Qué música emanan, qué historias? ¿Cantaba las polcas del dúo, o polcas de Emiliano, el albañil? ¿Hospeda, esa edificación de sustrato paraguayo, a un argentino puro y duro?).

Alejandra Lesbergueris. “Esperando al cliente”.

Quienes tenemos ascendencia paraguaya solemos tirar el chiste de que también llegaron nuestros abuelos en los barcos, cuando cruzaron de Alberdi a Formosa. Mi viejo solía jactarse de la cultura contrabandista de Alberdi y que de hecho su pueblo creció y prosperó gracias al contrabando. Es que, en principio no se trata de un desplazamiento migratorio unidireccional, y la dinámica social en la ciudad de Formosa no se dio por la llegada de los paraguayos, porque desde el preciso momento en que Fontana mudó Villa Occidental a la ilustre Vuelta Fermoza, no mudó un grupo endogámico, sino que trazó un camino para el contrabando, la potencialidad de un nuevo paso. Y desde que Alberdi se consolidó en 1935 hasta nuestros días, logró erigirse como un distrito comercial de referencia para el Paraguay. Muchos alberdeños se radicaron en Formosa y muchos formoseños hicieron lo propio en Alberdi, conociendo las oportunidades y seguramente los intersticios de la legalidad.

Pero en esos tráficos marginales hemos intercambiado u hospedado definitivamente numerosos bolsones de cultura (incluida gastronomía, contacto lingüístico, música, mañas). No hace mucho me hablaron de unos imprenteros paraguayos que hacían en Formosa sus libros y los llevaban a comercializar al Paraguay. Uno de los avisos publicitarios del cancionero bilingüe castellano-guaraní Ocara poty cue-mi (1922), tal vez el más prolífico y longevo que tuvo el país, indicaba la posibilidad de conseguir cancioneros y yerba mate en el depósito de Luciano Ferreiro “Formosa-Argentina”. También Formosa tuvo su cancionero bilingüe, Reminiscencias, que publicaba el paraguayo Marino Barrientos. Una de las radios más populares de la ciudad está a cargo de un paraguayo… y así, apyra’ỹmeve, ad infinitum.

¿Y cuáles son los emergentes actuales, los signos de esa dinámica?

Hoy aflora en la primavera de los labios nacionalistas la queja constante por la llegada de los alberdeños, a pesar de las restricciones de la cuarentena, y antes de la cuarentena, porque llegaban a vender votos o atenderse en hospitales, educarse, vivir gratis de las ubres del estado argentino. Llegan los terribles paraguayos en la oscuridad de la noche, en canoas y en pasos ilegales, cobran su irrisorio ingreso familiar de emergencia (el guaraní hace rato nos dejó a pata), y vuelven obscuri per nocta solum.

Y no importa, porque lo importante aquí es que mantienen viva una tradición con la que habitamos desde hace décadas (y no falta mucho para el siglo), tradición que conocemos como la palma de la mano, y a la que los discursos y el arte se resisten entre quejidos.¿Qué lo detiene? ¿Qué tradición artística pretende enlazar? ¿Cómo leen las artes su coyuntura? ¿Qué podría pasarle al canon si, de repente, empieza a formarse no en los libros, sino entre las sombras del monte o entre las montañas de mercadería contrabandeada? Mientras tanto, ahí tenemos las inocuas tenderas del mercadito paraguayo que pinceló con fotográfica agudeza Alejandra Lesbergueris, o las oscilaciones de la canoa villetana que Margarita González dejó en “Luna de sangre guaraní”, lista para salir hacia Formosa.

Imágenes: Archivo del autor  

[1] https://www.ultimahora.com/fallece-el-cantante-y-compositor-del-mitico-duo-quintana-escalante-n619478.html

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s