ENTRE DOS AGUAS. Desde Alemania escribe Ubaldo Pérez-Paoli

 

¿Géneros literarios?

Por Ubaldo Pérez-Paoli. Santa fe – Braunschweig. Escritor

ubaldo

La convicción de que la literatura se divide en géneros bien definidos la encontramos ya al comienzo del primer “tratado” clásico sobre el tema, los escritos de Aristóteles para sus lecciones sobre el Arte poética. Aristóteles analiza fundamentalmente la tragedia griega que presupone de suyo parámetros muy claros, ya comenzando por el hecho de que forma parte de una fiesta religiosa. La producción literaria es hoy en día mucho más diversificada y complicada, pero no es imposible distinguir géneros diferentes de acuerdo con sus posibilidades, los medios que utilizan, su forma y su contenido. Tales límites pueden llegar a sofocar a un creador, quien, en cuanto tal, no necesariamente se siente atado a leyes, sino que las va creando él mismo. Obras geniales han nacido de esta forma. ¿A qué género pertenece el Ulysses de Joyce o el Zarathustra de Nietzsche? Las reflexiones de Aristóteles presuponen la existencia de las tragedias y sólo pueden hacerse después, cuando la cosa de que se trata ya está ahí. El proceso normal de la producción artística parece ser: 1, creación de una obra, 2, independización de la misma al ser puesta en la realidad, 3, enfrentamiento con el público. En el tercer paso el contemplador, lector, auditor, etc. reacciona ante la obra y puede juzgarla de acuerdo con las expectativas o los conocimientos que posee.

La realización de un concurso literario –y las tragedias griegas formaban parte de algo semejante– invierte el proceso y pone al comienzo lo que debería venir al final, las expectativas y los lineamientos que desarrolla un grupo de personas, el jurado, y a las cuales debe adecuarse la obra que se presente. Esto puede llegar a ser fatal para la creación. La libertad, que le es esencial, se encuentra limitada por todos los costados. Lamentablemente no parece haber otra posibilidad. Si se abre una competencia se ponen al mismo tiempo las reglas de juego. Lo contrario sería anularla: no puede haber una competencia sobre nada.

Permítaseme citar un ejemplo paradigmático, casi en la otra punta de la historia y en un género completamente diferente. El letrista y compositor de tango Cátulo Castillo expresó una vez en 1935, en una entrevista recogida por los primos Bates en su conocido libro sobre la Historia del tango, que el tango había llegado a la absoluta decadencia de su forma rítmica y abría perspectivas para la letra, pero como independiente de la tiranía del ritmo, que él se imaginaba en la forma del Lied alemán. Se debería distinguir, dice, entre el tango bailable, con su tiranía, y el tango cantable; “debiera existir la canción sin que las orquestas pretendan inmediatamente darle un ritmo bailable, cosa que mata la inspiración del autor” (p. 141, s., las bastardillas son mías). Cualquier asociación con Astor Piazzolla sería apresurada.

Este Cátulo Castillo es el que se hizo conocido en 1924 por obtener el tercer premio en un concurso de tangos del sello Odeón con Organito de la tarde, al que su padre, José González Castillo le puso letra al año siguiente, ese González Castillo que había obtenido en 1923 el segundo premio de un concurso de los cigarrillos Tango con Sobre el pucho en colaboración con Sebastián Piana. Es el Catulín de tantas obras geniales, como La última curda o Tinta roja, el que fue director de SADAIC hasta 1955.

¿Paradójico? Es que en esto de los géneros hay mucha tela que cortar.

 

 Imagen: Partitura original

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