Hay una necesidad

Por Alicia Marina Rossi. Resistencia, Chaco. Escritora de poesía y novela

alicia-3-2-recortada-2Es rayana con la locura, un desvarío de decir sin importar si desean oírnos y leernos.

Bomba explosiva de palabras y de imágenes como la verborragia y la imaginorragia, que resulta luctuosa; invasión pública, compartida y cómplice, que se contagia como la rabia. Muerde.

A mordiscones salimos a comer el tiempo y el espacio del otro. Damos tarascones a sus ojos, manos, lenguas y orejas,  les contamos del salpullido de nuestro perro, del orgasmo del gato, y cómo hacer polenta frita.

¿Es vigente crear entonces una revista literaria regional, que reúna las mentes y las voces de quienes habitan las selvas misioneras, los esteros correntinos, montes del gran Chaco guaraní y crezca, crezca?

Sí, que fragüe, que encienda como los fogones de los primigenios bajo las estrellas, agregando leñita seca, ramita a ramita, pensamiento a pensamiento, como los sones de tambores augureros retumbando en la tierra, “cantando en ronda a las semillas como un niño que cree”.

Desde un vórtice invisible se derrama un elemento indetenido y no sabemos distinguir la miel de la carne. Habría que tener un sabueso virtual de calidad, que salga bien temprano, que olfatee hasta la madrugada los celulares, las PC y como un perro cazador señale la presa a eliminar de los montes virtuales.

Tener un detector de mentiras, de vulgaridades y halagos babosos, plenos de corazones y pulgares (que confieso me inflan). Sería una salida. Pero se volvería insoportable el pitillo de aviso, sonaría incesante. Y si lo silenciamos te enterarías tarde de la reunión programada de zoom.

Qué ciberlocura este prodigio masivo de tirar tu amor, tu basura, tu soledad, tu dolor, tus apetencias y tu odio a las pantallas y diseminarlo.

Cuántos han sido encerrados en un manicomio por andar hablando por las calles, y hoy navegamos las autopistas cibernéticas, micrófono en mano, auricular en el pabellón del oído y fotos retocadas en las pupilas.

Hay días que me sucede una arcada, un nudo de tripas empachadas y entonces voy hasta el youtube y elijo entre yoga 30 minutos para relajar cuello y espalda o la chica de pilates que me dice “vamos bonita” (y no me ve) para adelgazar sin salto, y obtengo flexibilidad e inmunidad, ideal para tiempos de coronavirus. Al finalizar dice: “felicitaciones espartanas”.

Y como heroína continúo en esta locura colectiva, no comunitaria, porque de hermandad muy poca, mucho ego. El individualismo toca las estrellas.

Pero de cercanía, toda, ¿o no está a tu alcance twitear a un Presidente, a un metro de acariciar a los niños del hambre, o de enviarle monedas de pan que no sabes si llegan, todo está a centímetros de tus ojos, de tus manos, cercana adonde no puedes estar. Te metes en Ulises con Joyce, paseas con Pizarnick en las tinieblas y terminas con un chiste en Instagram con 30.000 seguidores.

Antes temía que me demonizaran como una loca suelta, ahora hablo sola por todos los medios y modos posibles, nadie me interrumpe, me pongo las caras que deseo, los fondos que prefiero, me cambio los nombres y los perfiles.

Ya no importa la cuarentena, mi locura está cada vez mas liberada. Me hago cargo.

Y los demás que se hagan cargo de la suya, pero que sepan que también contagian.

Hay que dar aviso de que existe un camino real que recorrieron los que nos precedieron y seguir las huellas de los peregrinos. Esa es la meta, andar a plena luz, sin medias tintas. Y como acostumbro, que un poema lo diga:

A media sombra

Nadie recordará las palabras mediocres
ni una voz a media tinta.
Tampoco leerá un poema protegido
bajo una media sombra
ni un verso casi libre.
Los apenas valientes no son memorizados.
Los apenas tampoco.

Un sol casi amanecido
interrumpido en la medianía de su luz
logrará la mitad de una lástima.
Una luna innacida
malograda en el intento del brillo
opacará la noche
como un hombre a medias
opaca hasta su muerte.

 

Foto: Milena B. Duarte – Ana Abian

1 Comment

  1. Me gusta “ a media sombra”, un final contundente para el panorama de incertidumbre que relatas y te conmueve, nos conmueve. Lo que nos une nos hace fuertes y la revista digital nos une en la diversidad, y que bueno que así sea, ser distintos y estar juntos.

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