Que el tapaboca no sea una frontera

Por Alberto Szretter. Posadas, Puerto Rico, Misiones. Escritor y médico

Alberto

Este escrito pretende referirse a conceptos que incumben por un lado al derecho de acceso a la cultura que posee el pueblo, y por otro, a los derechos del escritor sobre su obra.

El artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos dice “que toda persona tiene el derecho a tomar parte libremente de la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Recordar que este dictamen tiene rango constitucional en Argentina.

El Derecho es algo más que un conjunto de prescripciones o reglas. Al operar como un marco de significación, es un modo de interpretar el mundo. Con esa idea, Cultura, entendida como un fenómeno social, comprende el derecho a la lengua, a la producción cultural y artística, a la participación, al patrimonio cultural, a expresarse según sus modos, a manifestarse las minorías, a vivir la cultura en igualdad, dignidad humana y en la no discriminación. Abarca a todos, a todas.

En los últimos años este acceso a la cultura gozó de masificación por medio de internet y de dispositivos digitales de todo tipo, que disminuyeron los costos de producción y transmisión de información. Pero hubo, en forma paralela, un extraordinario aumento de leyes que limitaron dicho acceso a la cultura y al conocimiento. Por ejemplo, en la década pasada se desarrollaron tratados multinacionales que restringieron en forma severa la circulación de datos. Entre los grandes interesen económicos se destaca, como la principal impulsora de estas medidas restrictivas, la Organización Mundial de Comercio, por medio de ADPIC (Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual y el Comercio) y ADPIC Plus que elaboró hace muy poco, nuevos estándares negativos para la difusión de información.

Si bien la Propiedad Intelectual asegura que cada creador es dueño de su creación, no es un concepto consagrado como derecho humano, además fue cambiando con el tiempo. Esta concepción nació con la imprenta (año 1440) y con los primeros ordenamientos legales en Venecia, a finales del siglo XV. En Argentina está presentada en el artículo 2 de la Ley 11723 (del año 1933). Básicamente podemos analizarla como a) Propiedad Industrial (patentes y marcas, por ejemplo), y b) Derechos de Autor.

Aparentemente, habría una contradicción entre el derecho al acceso a la cultura y la propiedad del autor sobre su obra, a preservarla, y a tratar de vivir de ella dignamente.

Los Derechos de Autor pueden ordenarse como a) Derechos Morales (o sea Derecho de autoría, que no se puede vender, ni ceder o transferir; que no prescribe: es perpetuo) y b) Derechos Patrimoniales (que se refieren a la explotación de la obra, retribución, difusión, etc.).

El Copyright, que es una noción inglesa, también posee una larga historia de modificaciones, pero podemos sintetizarla en que la persona o empresa que lo posee, detenta todo aquello que importa al aspecto patrimonial de una obra, o sea al usufructo de la misma. No se discute el derecho moral de autoría; pero el copyright puede tenerlo otro, que es lo que le importa al capitalismo. En este ordenamiento el libro es un objeto, una cosa. La obra es una mercancía, y el que detenta el copyright posee el monopolio sobre los privilegios materiales que la obra pueda dar. 

Según el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que es un Tratado multilateral que fue avalado por la ONU, y también con rango constitucional en nuestro país, entrado en vigor en 1976, en su Observación General Número 17 (del año 2007) “El Derecho Humano inherente a los autores implica la protección de la relación personal entre el creador y su creación; y de los medios necesarios para que los autores puedan gozar de un nivel de vida adecuado”. Pero hay que saber que en el mundo, una cosa es el Derecho Humano relacionado con la autoría, y otra cosa las leyes de Propiedad Intelectual, que apuntan a intereses de inversión, a aspectos tangibles, comerciales, empresariales. Sobre esta idea basal, se apoya el sistema de producción y explotación de gran parte del planeta, y yendo a la Literatura, las grandes Editoriales o compañías 2.0

Dicho de otro modo: un tema es el Derecho de Autor, y otro tema, los pools de difusión global, enormes pulpos económicos que controlan en nuestro país y en todo el mundo la creación de los escritores y artistas, y se benefician de ella.

En Misiones, y posiblemente en las demás provincias del Nea ocurra lo mismo, donde no hay escritores-estrellas que las Editoriales cuidan como oro, los autores trabajan su obra en solitario; luego es solicitada gratuitamente por los Medios, incluso por el gobierno para antologías de autores locales, para lectura en las escuelas, y para la población en general, pero no existe retribución alguna. Creo que nadie se opone al acceso a la cultura de la gente, pero no a costa del esfuerzo intelectual y artístico de los autores.

Además, si de acceso a la cultura se trata, tenemos que derribar el mito de que todo lo encontramos en internet, porque no es cierto. Aquí listamos cómo se restringe el acceso de la población a las obras literarias:

  • Con monopolio, con exclusividad.
  • Plazos largos de dominio, hasta con obras que son públicas.
  • Por abandono institucional de lo que es dominio público,
  • Medidas técnicas como DRM (gestión de Derechos digitales, o programas anticopia)
  • Limitaciones en internet público.
  • Cierre o bloqueos de sitios.
  • Baja automatizada de contenidos y enlaces.
  • Eliminación de resultados de búsqueda.
  • Vigilancia de los usuarios y obligación de membresía con el costo respectivo.
  • Permisos parciales o sólo sobre resúmenes.

Hay que decir que existen otras formas de registro de obras: copyleft, creative commons, dominio público, pero que no todas las obras son “subidas” a la red. Y decir, también, que la Ley argentina 11723 establece excepciones a la Propiedad Intelectual en el sentido del Derecho de Autor, por ejemplo:

  • Derecho a cita (artículo 10).
  • Uso de información (de un libro) para un discurso.
  • Noticia de interés general.
  • Uso para fines educativos.
  • Reproducción para ciegos y personas con discapacidades sensoriales.
  • Límite de los Derechos patrimoniales hasta 70 años después de la muerte del autor.

En este asunto podemos reflexionar varios problemas que nos incumben como escritores, no solamente en tanto individuos creadores de un mundo ficcional o un poemario, sino también como integrantes de una comunidad (que como dice la DDHH, tiene que tener acceso a la cultura). ¿Cuáles son los mecanismos que tenemos para llegar al público? ¿Qué factores favorecen el acercamiento, y cuáles lo impiden? ¿Será la futura Ley del Libro un modo de acercamiento de los libros al pueblo?

Por ejemplo, los escritores queremos ser leídos, pero si ya tenemos un nuevo libro (algún creador dijo por ahí que necesitaba lectores) y lo llevamos a una librería ¿con cuánto dinero del precio de tapa se queda ese establecimiento que toma en consignación el volumen sin arriesgar ni haber trabajado en  nada? El escritor, que puede ser que haya pagado de su bolsillo una edición, carece en absoluto de una organización de promoción y venta, ni siquiera de distribución gratuita. Dicho de otra manera, está “condenado” a vivir su vida dentro del encerrado mundo creativo, donde “la palabra deja de comunicarse”.

La vida de infinidad de escritores bien se parece a una especie de cuarentena literaria eterna. A muchos, que poseen el sueño romántico del hacedor en su mundo de cristal, no les importará, pero hay que aclarar que una literatura que se precie de tal posee, sí o sí, una función social enorme, y no existe sin los lectores. Para la literatura como para el amor se necesitan al menos dos.

Mencionemos a favor de los autores, la Ley del Fomento del Libro (2001) y el Plan Nacional de Lectura (diciembre de 2019). Está, asimismo, la Dirección Nacional del Derecho de Autor, que depende de la Secretaría de Asuntos Registrables, que a su vez depende del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Hay también un Decreto que exime de pagos de IVA a los libros, excepto los libros para colorear (que ¡ojo! en Misiones se publican) y las colecciones de figuritas y los catálogos comerciales. En 2019 se amplió la dispensa a las Editoriales e Imprentas, pero no a las Librerías, que solo en Buenos Aires, por la crisis económicas y las altas tarifas tuvieron que cerrar más de 50, y una infinidad achicarse o cambiar de sitio. Ocurrió lo mismo en el interior del país. Esta dificultad en la cadena de comercialización del libro se vio agravada por el encarecimiento astronómico del papel y la importación abierta de libros en detrimento de la industria nacional. Tal vez los escritores no vean todos estos factores que nos afectan de un modo o de otro.

Hay Decretos gubernamentales sobre la problemática a los largo de décadas que tratan de proteger a los artistas y que se lograron a través de décadas de luchas. En algunas provincias se consiguió la jubilación de los escritores, pero esa conquista está lejos de ser generalizada. ¿Y la mutualización? Otros datos, existe el Sistema de Dominio Público Pagante creado por la Ley 14467, de 1958 (Fondo Nacional de las Artes. Ejemplo de este caso es El Principito, de Antoine de Saint Exupery, que si bien por estar en el dominio público ya no requiere permiso para usar la obra, igual hay que pagar para imprimirlo) y existe la llamada Gestión Colectiva (organizaciones privadas de base asociativa y de naturaleza no lucrativa que gestionan la propiedad intelectual).Y podemos discutir sobre políticas de obras subsidiadas o de investigación. Hay otros sistemas donde si bien el libro está, en teoría, libre en la red, igualmente hay que pagar para leerlo; o sea, que esté en internet no significa que se lo pueda abrir. ¿Cuáles son las políticas provinciales respecto al libro y la lectura, o al arte en general? ¿Qué hacen los Municipios sobre la cuestión? Me refiero a políticas de Estado, largas, continuadas, de real promoción de la cultura, los libros y las artes. En el medio, hay (o había) Ferias, o sea mercado, de libros, que son acontecimientos para los negocios de las Editoriales, aunque se vistan con conferencias y mesas redondas de autores.

Todo muy lindo, pero preguntémonos si estamos cómodos, en pleno desastre sanitario mundial, preguntémonos si “el barbijo, o tapaboca” (leyes a favor y en contra) es la frontera a pasar, preguntémonos qué opinión tenemos sobre las diferentes restricciones y permisos que nuestra obra podría tener, o cómo la comunidad puede acoger nuestros trabajos (si realmente lo deseamos así), y a su vez nosotros vivir decorosamente. Cómo entendemos la reciente declaración del Ministro de Educación Nicolás Trotta de que “leer es un derecho”, ¿es pura retórica política?

Eso en cuanto a los organismos estatales, pero en lo que respecta a nosotros ¿qué hacemos desde nuestro ámbito para la socialización de la literatura, para su popularización? ¿La politización de la pandemia afecta la producción de la literatura, o el acceso de las personas a las obras? ¿Creemos de verdad que el conocimiento y los libros forman un bien social, y que basta con tener wifi para asegurarnos la difusión de nuestros trabajos? ¿Cuál es nuestra actitud ante el panorama de la literatura provincial, regional y del país, desde el escritor hasta el lector, pasando por el correctores, los diagramadores, los ilustradores, fotógrafos, el editor, la imprenta, los sistema de distribución, la propaganda, las librerías y bibliotecas, etc.?

¿Importa polemizar sobre estas cuestiones en una sociedad que no lee? ¿Es cierto que no lee? ¿Qué calidad posee el actual modo de lectura? ¿Vale la pena preguntarse sobre leyes, copyright, copyleft, y Declaraciones para el acceso a la cultura, frente a un panorama que pinta como desolador? 

 

Foto: Milena B. Duarte, Ana Abian

 

 

2 Comments

  1. 1.- El derecho moral de autor o derecho de paternidad de la obra está en la Convención de Berna que fue ratificada y es derecho interno. Consiste en que siempre se reconozca y mencione al autor junto a su obra y en qué no se la altere fraccione mutile.
    2.- Sobre la comercialización el Editor queda con el 60% y el librero comercial alizafor minorista con el 40%. No sé cómo será en otros países. En los Diarios es mitad y mitad.
    3.- Sin libreros no se puede acceder al libro, y el soporta costos de alquiler personal sueldos/cargas sociales y otros que justifican su margen.

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  2. Es un notable compendio detallado por A. Szretter, sobre derechos y accesos a la Cultura y el Autor. Valioso en ese sentido para reafirmarnos como escritores en cuestiones que nos atañen y nos recuerda que están las leyes para que abramos un debate frente a los nuevos tiempos que transcurren. En nuestra provincia de Misiones se mantienen intactas las situaciones que señala Szretter con respecto a los escritores, siendo necesario aunar criterios y programar aperturas que nos facilite la creación y una vida decorosa.

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