Alfredo Landman, “el Chaco forma parte esencial de mi infancia y adolescencia”

Por Carlos Piegari. Buenos Aires – Posadas – Barcelona. Escritor sofista

Carlos Piegari WP

Este artículo podría comenzar siguiendo la ruta de un mapa, la cartografía que millones de personas diseñaron en su ADN familiar cuando, a fines del siglo XIX, partieron desde Europa Oriental hacia un horizonte incierto. Podríamos guiarnos por dos coordenadas: diáspora y libros, elegir un año: 1977 y contar una historia.

Los militares y sus cómplices civiles montaban a lo largo y ancho de la Argentina un circo criollo macabro. Una pesadilla genocida donde se fusionaban el cuento El matadero de Esteban Echeverría y la película Noche y niebla de Alain Resnais.

Sin dejar de lado los esfuerzos autóctonos, la cultura editorial Iberoamericana se ha nutrido de aleaciones de parentesco que los exilios y las migraciones, de un lado y del otro, forzaron históricamente. El libro construyó lazos simbólicos y comerciales entre los destierros de españoles y argentinos durante el siglo XX. A mediados de la década de los setenta Barcelona recibía familias argentinas que buscaban eludir el riesgo aleatorio que esta vez golpeaba las costas de Sudamérica. Una de aquellas fue la del ingeniero químico Víctor Landman quien, como casi todo emigrado, mutó. Él creó una editorial: Gedisa. Especializada en el ensayo muy cercano a la dimensión universitaria y a las necesidades bibliográficas de las cátedras humanistas, fueron publicados desde Foucault y Piaget hasta Vattimo y Bauman pasando por Lyotard, Augé o Deleuze. Sumando a Mario Bunge, Elena Poniatowska o Eliseo Verón. Acumulando a lo largo de los años un catálogo hoy ineludible para las ciencias sociales.

Alfredo Landman, el hijo de Víctor, fue director editorial de Gedisa y en 2008 funda Ned ediciones. Un proyecto donde el ensayo, si bien es aún el registro que articula la mayoría de publicaciones, otros temas y formatos reflejan las renovadas alarmas que la crisis de aquellos años instaló en el imaginario intelectual y social de la época. Medicina comunitaria, ecología y desequilibrios políticos son cuestiones que nutren los libros de Ned ediciones, sin embargo una colección destaca: La biblioteca de infancia y juventud, donde autores como Rossana Reguillo, Jesús Martín – Barbero o Carles Feixa, entre otros, dan forma a una coordinación de estudios sobre culturas juveniles que ya desde finales de los años noventa se perfilaba con una personalidad propia.     

Nuestro relato nos lleva hasta la infancia de Alfredo Landman y la provincia argentina del Chaco será nuestra próxima parada, luego seguiremos viaje. En diálogo con Neaconatus Landman desplegó el mapa de los recuerdos sobre el tablero de la memoria.     

Tiempos de viento y humedales

¿Cómo se enlaza tu vida con el Nea argentino? 

Mi vinculación con el Chaco viene por vía materna, la rama paterna es santafesina. Mi abuelo Moisés Glombovsky llega al Chaco en 1931 junto a un hermano. Nació en Moisés Ville (Santa Fe), un pueblo de colonos. Estudió agronomía y posteriormente se embarcó en la Fragata Sarmiento para “conocer mundo”. Finalmente en Resistencia se instalaron varios miembros de la rama Glombovsky y también parte de la familia de mi abuela Amalia Feldman. Por tanto el Chaco es en mi infancia un lugar lleno de parientes: primos, tíos cercanos y no tan cercanos. Gran parte de ellos profundamente ligados al desarrollo de la provincia.   

Pero la historia comenzó mucho antes ¿verdad?

El abuelo Moisés Glombovsky (1902-1993) nació en la Colonia “24 casas”, Moisés Ville. Santa Fe. Sus padres llegaron desde Kamenets, Provincia de Grodno (Bielorrusia) que hoy pertenece a la Federación Rusa. Mi abuela Amalia Feldman de Glombovsky nació por 1905 en Santa Fe. Mis bisabuelos llegaron de París donde vivieron algunos años antes de embarcarse a la Argentina, creo haber oído que eran de origen lituano pero no estoy seguro. 

Mis abuelos paternos, Pedro Landman y Rosa Vatnic de Landman, llegaron a la Argentina provenientes de un pequeño pueblo cerca de Odessa, Ucrania.   

¿Alguna marca en particular sobrevivió al tiempo?

No una, sino varias. El Chaco forma parte esencial de mi infancia y adolescencia y se mantiene presente. Recuerdo cuando acompañaba al abuelo al campo donde pasábamos varios días. Si mi memoria no me falla el campo estaba cerca de BasaiI y se llama nada más y nada menos que “Islas Malvinas”, era un mundo totalmente alejado de todo rastro de civilización, el rancho de adobe, sin comunicaciones, ni luz eléctrica. Salíamos de madrugada para pasar unas horas viajando en “la chata” por caminos de tierra resecos unas veces e inundados otras. Aparte de las grandes comilonas de año nuevo en mesas largas y multitud de parientes estaban las tardes tórridas y tranquilas de Resistencia, mientras los abuelos dormían la siesta yo me iba al club “Villa San Martín” a jugar básquet y fútbol con los chicos que encontraba por ahí. Más tarde, con los años, mis rutinas pasaban por ir al bar “La Biela” o visitar cada año “El Fogón de los Arrieros” donde la distracción consistía en encontrar entre las centenares de fotos que había allí, alguna en que apareciera mi madre en su juventud actuando.

Como cada verano de mi infancia al finalizar la escuela me subía a los colectivos de La Internacional para ir al Chaco y pasar el mes de diciembre. Por tanto, los recuerdos y vivencias son muchísimos. Mil historias entre Resistencia, la vida en el campo o, por ejemplo, los viajes con mis tíos a Paso de la Patria, Santa Ana o la Isla del Cerrito. La familia chaqueña en toda su extensión formaban parte de la vida política (sin exagerar había militantes de todo el arco parlamentario y no parlamentario), cultural y gremial de Resistencia. Compartir con ellos era enriquecerse de experiencias extraordinarias aunque quizá en esos momentos no me daba cuenta.

Ya que hablás de marcas, un rasgo de mi familia chaqueña es su relación con el arte y la política. Mi madre, Susana Glombovsky, en su juventud participó en obras de teatro en el Fogón de los Arrieros. Luego se dedicó a la pintura, lamentablemente murió a los cuarenta y dos años. Durante un tiempo existió una Fundación creada en su memoria por mis abuelos,  llamada “Fundación Susana Glombovsky” que otorgaba premios a los artistas chaqueños. Mi abuela, ya de mayor, también se dedicó a la pintura, los motivos de sus cuadros siempre estaban asociados a la cultura popular.

Mi abuelo que hizo de todo a lo largo de su vida: agrónomo, marinero, arriero, vendedor de huevos, juez de paz, profesor universitario, básicamente se dedicó a trabajar en su un campo y a la política como radical. Llegó a postularse a Intendente de Resistencia, fue concejal y participó en la Junta Nacional del Algodón con el presidente Arturo Illia, ambos tenían un notable parecido físico. Una anécdota sobre su trayectoria es que con más de ochenta años intentó alistarse como voluntario para la Guerra de Malvinas. Los últimos tiempos de su vida se dedicó a escribir, recuerdo algunos títulos “Cuentos del Chaco y del mar”, “Cuentos del campo chaqueño” y “Los gringos” que son historias de los primeros colonos.

Otro personaje fue mi tío Luis Glombovsky, hermano menor de mi madre, que falleció hace pocos años, después de una corta experiencia editorial en Gedisa Barcelona. A finales de los setenta terminó creando una pequeña editorial en Resistencia que se llamó De nuestra cultura. La esposa de Luis  fue Paulina Silber “la Chuchi” para los parientes y amigos. Chuchi, que llegó a ser una reconocida educadora en la provincia, tenía una muy buena relación con Gricelda Rinaldi, hoy toda una referente cultural de Misiones. Para poner el broche a esta trama de la historia chaqueña y su conexión con Posadas, los Schwartz de Resistencia, la tía Coti, fueron el nexo de mi encuentro con Gricelda, con quien vos y yo compartimos amistad.   

Pérdidas y búsquedas

¿Cuándo y por qué emigraste de Argentina?

Nos fuimos en diciembre de 1976 cuando todavía tenía quince años. Unos meses antes había llegado mi hermana y como éramos una familia muy pequeña, mi madre murió en 1971, las circunstancias familiares y las políticas de Argentina inclinaron la balanza para que finalmente me quedase en Barcelona. Viví ocho años en Barcelona y luego volví a Buenos Aires por un período de cinco, finalmente, regresé junto a mi compañera a Barcelona hasta el día de hoy.

¿La familia que formaste en Barcelona mantiene vínculos con el NEA argentino?

El Chaco es un lugar vivo para mí y lo es también para mi familia. En cada viaje que hacemos a la Argentina y siempre que el tiempo nos permita, vamos a Resistencia. Creo que he podido transmitirle a mis hijos el gusto de disfrutar en la vida la diferencia entre una ciudad de provincias del noreste argentino como Resistencia y el campo chaqueño con sus peculiaridades y Europa con sus valores y su historia. 

Gedisa es fundada por tu padre en Barcelona en 1977. Pronto se cumplirán 50 años de esta apuesta editorial. Eras muy joven, ¿cómo impactaron en tu vida esos momentos tan fuertes? ¿Te costó integrarte?

Yo llegué a Barcelona de vacaciones y con la posibilidad de quedarme debido a las especiales circunstancias de mi familia y de la situación política de Argentina. Ya en Barcelona, enero de 1997, el enganche fue inmediato con la ciudad. A partir de la mañana siguiente de instalarme sobrevino una constante de descubrimientos tanto de amigos como de nuevas experiencias. Es decir, mi llegada fue muy diferente a la de un exiliado. Barcelona significó hallazgos, yo era muy joven y la ciudad y el país entero vivía una etapa de apertura al mundo, extraordinaria después de 40 años de dictadura. Yo venía de una Buenos Aires llena de represión y miedo. 

¿Qué sentías al ver de cerca autores tan importantes como los que Gedisa editaba?

No tuve demasiada relación con Gedisa España hasta el año 1991 que es cuando entré a trabajar en la editorial a mi regreso a Barcelona, cuando poco a poco comencé a hacerme cargo de su gestión. Efectivamente conocía a muchos de sus autores o directores de colección pero sin un trato significativo con ellos hasta ese momento. Los cinco años anteriores había vivido en Buenos Aires donde desarrollé un ajetreado y divertido proyecto, que se llamó Acuatro,  con un grupo de gente muy  variopinta de diseño y producción gráfica que contaba entre sus clientes desde la Universidad de Buenos Aires hasta a los diferentes grupos políticos que conformaban los centros de estudiantes como curiosidad de época. Una etapa frenética de actividad y creatividad en medio de una inflación galopante.  

El oficio de editor

¿Por qué la apuesta inicial de tu padre fueron las ciencias sociales y el ensayo en sus vertientes de más calidad e innovación?

Como tantas veces sucede las cosas son más bien el fruto de un devenir que el resultado de un plan claramente organizado. Gedisa creo que tiene dos cosas que le dan un valor específico en la historia de la industria editorial a ambos lados del océano en los últimos 50 años. Por un lado se instaló en Barcelona que ya era capital de la edición en castellano, pero debido a los años de dictadura la ciudadanía estaba ávida de conocimiento de nuevas corrientes de pensamiento que se habían desarrollado en Europa o Estados Unidos. Por otro lado, Argentina había sido un verdadero semillero de intelectuales que absorbían todo lo que acontecía en el mundo intelectual y académico. La llegada de la dictadura de Videla provocó una diáspora de la intelectualidad y del mundo universitario. Gedisa, de forma casi natural, fue un imán que concentró parte del éxodo intelectual argentino, le dio un lugar de pertenencia y amplificación. Así alrededor de Gedisa se nuclea Eliseo Verón con su semiótica (Colección El Mamífero Parlante) inexistente en la España de esa época y acompañado de un mundo de franceses e italianos con los que se movía (Umberto Eco, Paolo Fabbri, Marc Augé, Roger Chartier y un largo etcétera). Carlos Sluzki desde Palo Alto con la Terapia Familiar y las teorías sistémica; Oscar Massota introduciendo el virus del psicoanálisis lacaniano desde Barcelona con la “Serie Freudiana” o el otro psicoanálisis en “Psicoteca Mayor”. Emilia Ferreiro con su colección LEA (Lectura-Escritura-Alfabetización) con autores latinos y franceses. Ernesto Garzón Valdés desde Alemania y Jorge Malem en Barcelona armaron una prestigiosa colección de Filosofía del Derecho. Y así muchos otros intelectuales de la época tanto latinoamericanos, como así también españoles, con temas novedosos que traían aire fresco después de años de una cultura franquista y localmente asfixiante. 

Luego de unos años Gedisa desembarca en América Latina, primero en México y luego en Buenos Aires. Ya es una editorial Hispanoamericana fundada en Barcelona, que, de algún modo, regresa a casa

Para una editorial como Gedisa del ámbito de las humanidades, su evolución natural es desarrollarse necesariamente también en Latinoamérica. Cuando México atraviesa una crisis económica que no permite el movimiento de capitales, abrir casa allá se vuelve la única forma de estar presente en ese país. Y es entonces cuando Gedisa junto a Paidós deciden compartir estructura en México. Paidós, dirigida por ese entonces por Enric Folch en Barcelona, y con un fondo muy similar al de Gedisa por compartir un origen argentino común, ya venían colaborando en la distribución en los países latinoamericanos tales como Colombia, Venezuela, etc. 

Mi padre, Víctor Landman, nunca consideró a Barcelona ni España como su lugar de vida y salvo algunas épocas concretas su espacio natural siempre fue Buenos Aires. Por tanto cuando la editorial creció un poco y las circunstancia de la realidad política Argentina se lo permitió se creó la Distribuidora Celtia como representante de Gedisa y de esta forma se completa el trípode que da juego al fondo editorial.

Hace 12 años que emprendés un proyecto propio, NED Ediciones. Un espacio editorial con fuerte acento en antropología juvenil. ¿Qué te sugirió hacer foco sobre ese segmento de estudios?

Ned Ediciones es un emprendimiento editorial personal separado de Gedisa. En general surge por necesidad de dar respuestas a nuevas realidades de los individuos  pero también a las colectivas. Ned se hace preguntas sobre todos los ámbitos que rodean a la personas respecto a valores como a sus circunstancias inscritas en la comprensión de lo comunitario. Así nos podemos preguntar por la juventud (en Latinoamérica son más del 50% de la población) y su presente. La Biblioteca de Juventud que dirige Carles Feixa no busca repensar el pasado pero sí dar cuenta de la historia de la juventud como su propio estudio desde una perspectiva transversal que da lugar a una idea muy amplia pues hablar de juventud en definitiva es tener una mira telescópica puesta en el futuro de la humanidad.

Desde Ned también damos lugar al pensamiento político para el siglo XXI que supere los marcos de cuestionamiento habidos en el siglo pasado o dirigir la mirada a la ecología y al medio ambiente como puntos de anclaje obligatorios de nuestra sociedad global. Se trata de buscar respuestas en las transformaciones de gustos o conductas individuales y familiares para dar paso a pensar transformaciones políticas y económicas necesarias. Y finalmente ver las respuestas inteligentes a través de las  autobiografías de la Colección “La palabra extrema” de vidas excepcionales o de la Colección “Síntomas Contemporáneos” donde diferentes especialistas del ámbito de la psicología, la educación y de lo social toman “el pulso” de una forma llana y accesible a nuestras necesidades emergentes que ponen en cuestión la vida cotidiana. 

Hoy conviven en tus publicaciones desde un líder Latin King (El Rey, la historia de César “Manaba” Andrade) hasta el lacaniano Jorge Alemán otro exiliado, un ensayista y poeta, muy vinculado con el pensamiento crítico actual.

El editor termina publicando lo que sabe o al menos aquellos temas de los que se siente concernido. En definitiva, el resultado a la larga es el ADN del que estamos constituidos. Muchas veces debemos poner límite a nuestra dispersión y tratar de limitar los proyectos. Esa tensión da como resultado catálogos editoriales personales e intransferibles. Mal que bien es una obra en constante mutación que refleja las múltiples influencias que uno ha tenido a lo largo del tiempo y se ha dejado permeabilizar por estas.

¿Gedisa estuvo más cerca de la academia que Ned ediciones?

Sí, Gedisa hoy en día es un proyecto que tiene una perspectiva académica, acredita interacciones más técnicas y menos ideológicas que NED Ediciones.

¿Cómo los autores y lectores del NEA podemos acceder a los catálogos de Gedisa y NED Ediciones?

Ambos catálogos en papel tiene su distribución en Argentina. La responsabilidad sobre las acciones y presencia de Gedisa está a cargo de Distribuidora Celtia en Buenos Aires. En el caso de NED Ediciones hay un mayor control directo de acciones y presencia editorial directamente desde España aunque la distribución de los libros en papel está delegada en la Distribuidora Océano de Argentina. A nivel de libros digitales ambas editoriales tienen una fuerte presencia en plataformas dirigidas al público directo como así también plataformas especializadas en el ámbito académico y bibliotecario.

Publicar, siempre al filo de la cornisa

¿Cómo enfrentás las diferencias de tipos de cambio de divisas, los costos de insumos, los aranceles impositivos y aduaneros? El mantener un pie en Europa y otro en América Latina, ¿es posible?

Es un tema muy específico, cambiante y complejo. En estos momentos de pandemia la tendencia general es la parálisis generalizada de la venta por librerías y con dificultades en casi todos los países con la cadena de cobros. La tendencia que ahora prima es reducir la exportación e incrementar la producción a baja escala local. 

La pandemia instauró un “estado de excepción” en el mercado editorial mundial. Algunas prácticas, rápidamente instaladas, por las editoriales “majors” sugieren “naturalizaciones” comerciales de riesgo. Cómo empresario independiente, ¿cuáles serían los puntos fuertes y los débiles de este nuevo horizonte que despunta en el mercado del libro?

Puedo decir que la pandemia aceleró los procesos digitales editoriales a todos los niveles. Hay una fuerte caída de ventas en el mundo de la librería y supongo que los grandes grupos tienen la capacidad necesaria para ocupar los espacios de mesa y exhibición. Por otro lado pareciera que se acelera el proceso de concentración con menos librerías. La capacidad financiera de los grandes grupos seguramente redibujará el mapa del sector. 

Tanto Gedisa como Ned son editoriales más bien de nicho, que están afectadas por la crisis global pero no están tan sometidas a los mismos vaivenes económicos de las editoriales de narrativa o gran impacto pues no luchamos por espacios tan definidos en las librerías. Al tiempo nos hemos centrado en procesos que dan más lugar a proyectos institucionales y digitales. Un claro ejemplo es que la pandemia ha transformado nuestros públicos dando lugar a un crecimiento notable. Las videoconferencias y otros eventos ya no son locales o españoles sino que también abarcan Iberoamérica en tiempo real con participación plena. Los últimos actos organizados hemos tenido más de 250 asistentes de media y el 70% es gente que va desde EE.UU. bajando toda América hasta Chile y Argentina

Más información en Internet:

https://nededicionesblog.wordpress.com/

https://gedisaeditorial.wordpress.com/

www.nedediciones.com

www.gedisa.com

 

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