El hip hop en Corrientes, de la marginalidad al streaming

DEFINITIVA

Por Mariana Rinesi (@marianarinesi)

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Surgido en los años 70 y 80 en fiestas callejeras del Bronx y Harlem, el hip hop se  ha vuelto un fenómeno global.

Tres factores fueron determinantes: la capacidad de acoger influencias diversas como lo son los elementos de la cultura afroamericana y jamaiquina, el tecno, el funk, el soul y el rock; su configuración como un estilo de vida que excede lo estrictamente musical –aunando el rap, el break dance, el grafiti, el DJ y una forma particular de vestirse y expresarse-, y el ya consabido buen olfato de las grandes productoras para saber dónde se halla el próximo producto pasible de ser consumido de forma masiva.

Y, por supuesto, el hip hop desembarcó en Corrientes; no sólo a través de los medios masivos de comunicación, sino del más vivencial contacto directo –casi osmótico– que une a correntinos y chaqueños.

De hecho, el hip hop tuvo en Resistencia su centro de irradiación en el NEA, para empezar a volverse visible en Corrientes en el año 2010 con exponentes que “tiraban” freestyle (rap improvisado) en plazas. En el año 2014, como una consecuencia natural de las experiencias culturales genuinas, se dio el primer salto con la organización autogestionada de competencias de freestyle.

También, como efecto previsible de aquello que emerge en una sociedad, los MC (emcees, vocalistas de rap) fueron objeto de discriminación tanto por las autoridades como por un sector de la ciudadanía. La apropiación de espacios públicos (plazas y parques) y privados (el grafiti, como elemento de intervención visual urbana) fueron resistidos.

El segundo salto se dio a través del apoyo institucional, en un principio esporádico, de la Municipalidad de la ciudad de Corrientes, que respaldó la realización de competencias en el parque Mitre; y luego, más sostenido en el tiempo, de los centros culturales. Así, en el año 2019 encontramos a MC como participantes activos de eventos organizados por la Biblioteca Mariño, el Centro Cultural Siete Corrientes y Lo de Mari.

Ese año, el hip hop empezó a filtrarse en los colegios a través de competencias organizadas por profesores de lengua y literatura con intuición didáctica y un oído afinado para escuchar los intereses de sus alumnos.

“Hicimos en el colegio un concurso de freestyle. Fue un éxito. Alumnos poco afectos al estudio se interesaron. Querían ir hasta los días de lluvia”, comenta el profesor Marcos Antonio Zalazar.

De manera paralela a su inserción institucional, se produjo un proceso de reflexión sobre la práctica artística por parte de sus protagonistas. Los MC con más presencia en la ciudad –Snakemoon, Atroz, Delirio, Fictio, Tunchi y Palka, entre otros–, además de ser freestylers, formalizan su creación en singles. Aquí, las plataformas de streaming y la estrecha colaboración con otros músicos locales han sido fundamentales.

La participación de integrantes de bandas como Ajo o Río Salvaje ha dado una impronta personal a muchos de los temas que –sin dejar de pertenecer al rap– sustituyen al big maker que realiza instrumentales utilizando samplers o computadoras, por el soporte de bandas de rock. El contenido luego es subido a plataformas como Spotify, Youtube, Instagram o Deezer. La colaboración es recíproca y los géneros artísticos confluyen: Tunchi produce cortometrajes; Atroz, produce eventos musicales y dirige videoclips.

Como corolario, este 2020 marcado por el Covid-19 y las medidas de aislamiento y distanciamiento social, no detuvieron la movida.

Snakemoon fue figura en el ArteCo 2020, el Mercado de Arte Contemporáneo de Corrientes, organizado por el Instituto de Cultura de la provincia; Delirio participó en el ciclo F5 del Centro Cultural Siete Corrientes; Atroz se encuentra produciendo y dirigiendo el videoclip del tema “Entre la Gente”, de Lisandro Bastida. Todos están presentando, subiendo y liberando temas.

Atroz evalúa de forma positiva estos meses. Frente a la puesta en pausa de ciertos proyectos y a la falta de contacto directo con el público, se produjo una migración de la escena en vivo al formato de transmisión vía streaming, que permite un acceso amplio y equitativo del público al contenido; la liberación de singles y la utilización de nuevas herramientas en la producción y edición del material.

De raíces y de ramas

Si hay quienes reducen el hip hop a pararse frente a un micrófono e improvisar frases que rimen entre sí, los MC nos dan una versión diferente: “…tengo mucha práctica, todos los días escribo un poquitito, todos los días un paso más. Hay mucha técnica, mucho estudio, mucho saber sobre lo que es estructura, lírica. Poder darle peso y sentimiento a una palabra”, señala Snakemoon. Y Palka agrega que: “Se trata del poder de la palabra y del poder del pensar antes de hablar y escribir”.

Es en este punto, en el conocimiento de la palabra y del poder que entraña el ser pronunciada, donde el rap –como elemento integrante del hip hop- se entronca con modalidades narrativas orales que trasvasan la cultura, desde Homero a los payadores rioplatenses, pasando por  los juglares medievales, dando una forma épica -con una estructura e imágenes pregnantes- a la experiencia subjetiva de la realidad social.

“Para mí el rapero es como un juglar actual, como el rapsoda que iba contando historias en las ciudades, utilizando rimas para ayudar a la memoria, para expandir la cultura. Por eso el rap está relacionado con la literatura desde hace mucho tiempo”, reflexiona Fictio.

La oralidad y la inmediatez permiten al MC nutrirse de las formas lingüísticas propias de la provincia, en lugar de rechazarlas, lo que incluye la incorporación de vocablos y expresiones en idioma guaraní.

Fictio lo destaca en estas palabras: “Lo bueno que tiene el rap en Corrientes es que está formando identidades más auténticas. La gente que lo siente de verdad toma al hip hop como parte de su identidad, utiliza su lenguaje, cuentan su propia experiencia, se lo apropian”.

Códigos que evolucionan

Hace un par de años era común oír a madres decir que no dejaban a sus hijos pequeños acercarse a las competencias de rap cuando iban a las plazas porque el lenguaje era agresivo, una forma de insultarse mutuamente y de ser aplaudidos por hacerlo. Hoy hay madres que se comunican con los MC por Instagram para pedirles que les envíen saludos a sus hijos en sus cumpleaños. Saludos rapeados, claro está.

En el medio, hubo un cambio de códigos del que fueron protagonistas MC y productores.

La contienda Hip Hoppa que se llevó a cabo en el año 2019 fue emblemática en este sentido. Una competencia de freestyle realizada en un centro cultural, poniendo a disposición de los MC buen sonido, el estímulo de competir con invitados de otras provincias, de ganar un premio en dinero y ciertas pautas: un no rotundo a las rimas sexistas y agresivas, la valoración de la estructura y del ingenio por sobre el voto del público, y el esfuerzo de los jurados y del host (anfitrión) por generar un clima amable tanto entre los contendientes como en el auditorio.

Las consecuencias se vieron en el desarrollo de la contienda: participantes más jóvenes, público de más edad y raperas sobre el escenario.

Atroz nos los explica: “Había un acuerdo social entre los jurados, el host y la gente en sí que participó del evento para fortalecer ciertos valores que a veces se desarraigan. El objetivo de quien rapea es utilizar el vocablo y las herramientas de baile de manera creativa, utilizar el grafiti como medio de expresión. Hay que aceptar de una vez por todas que la forma en que uno se da a conocer o comunicar puede ser totalmente libre. Eso es lo que trata de hacer el Hip Hoppa, de unificar, de que el conocimiento fluya”.

Las bases para construir ese acuerdo estaban. El hip hop como experiencia viva, contada a través de sus protagonistas, implica la activación de vínculos sociales y afectivos; la generación de puestos de trabajo e ingresos y, de manera general, una fuente de satisfacción a través de la expresión de ideas.

MC y productores conscientes de la fuerza social movilizadora que reside en toda manifestación cultural, amantes de la palabra y respetuosos de sí mismos y del otro, están haciendo que, paso a paso, el hip hop se traslade desde la trastienda de la cultura correntina al escaparate.

No es extravagante pensar hoy que un día no muy lejano una contienda de hip hop se desarrolle en el escenario del Teatro Oficial Juan de Vera. Y ése va a ser, no lo dudemos, un buen día.

Fotos: @phjuanisilva

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