Y ahora, ¿Quién podrá ayudarnos?

Por Patricia Bertolotti. Posadas, Misiones. Periodista, docente, comunicadora, investigadora

Patricia Bertolotti

El Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio al que nos obligó la pandemia del COVID 19 aceleró los procesos de digitalización en todos los aspectos de la vida cotidiana, y por ende apresuró los cambios sociales profundos que comenzaron con el Siglo XXI.

Nada fue igual durante la cuarentena. Una situación inesperada y sólo imaginada en una película de terror o de un capítulo de “Black Mirror”. Sin embargo, en pleno Siglo XXI cuando creíamos que la humanidad había logrado superar instancias consideradas “básicas“, el Gran Juego de la Oca giró los dados a su antojo y retrocedimos algunos casilleros. ¿Retrocedimos? ¿O la jugada fue tan acelerada que nos llevó, salteando varios casilleros, a un futuro disruptivo que aún no estamos preparados para asimilar?

Cualquiera sea la respuesta, en el mundo ya nada es igual. No hay dudas de que el gran ganador en esta “guerra” desatada contra un “enemigo invisible” fueron las tecnologías digitales y quienes las desarrollan. Hasta hay quienes señalan al 5G como el “gran culpable” de la debacle.

Pero, ¿Cómo impacta esto en el periodismo y la comunicación? Más que en ningún otro momento, encerrados en nuestras casas y privados del contacto físico, la comunicación no presencial fue la principal forma de contacto entre las personas. Ya sea que hablemos con nuestro vecino de al lado o con un familiar varado en Europa, las interacciones estuvieron signadas por una temporalidad y espacialidad diferentes; con una evidente ruptura entre tiempo y el espacio. Aun así, pudimos seguir trabajando, comprando, aprendiendo, informándonos y hasta amando.

Este quiebre espacio/temporal no sólo crea un nuevo “lugar” en el que se producen las interacciones (por algunos denominado ciberespacio) permitiéndonos estar en varios “lugares” al mismo tiempo (el “aquí y ahora” físico y el “ahí y ahora” virtual).

Sino que nos permite generar comunicaciones sincrónicas (cuando nos comunicamos en tiempo real con otra persona) y asincrónicas (cuando nos comunicamos en diferentes tiempos con otra persona, por ejemplo el correo electrónico) en forma simultánea.

La sensación de pérdida de la noción del tiempo (en la que no sabemos en qué día  de la semana estamos ni la hora en la que nos despertamos), que muchos de nosotros  sentimos, fue una clara evidencia del cambio en la percepción del tiempo que genera la virtualidad. Con el evidente cansancio y desgaste mental que eso trae aparejado.

Como sea, el ejercicio del teletrabajo, el aumento de las compras online, el consumo de bienes digitales y el home banking demostraron que la presencialidad es imprescindible para algunas cuestiones, pero absolutamente prescindible y engorrosa para otras.

En ese sentido, la comunicación interpersonal; el periodismo (en todas sus versiones) y el consumo de medios funcionaron como un centro de supervivencia en el ASPO y delinearon una nueva forma de presencialidad “en ausencia” -es decir, no física- que amenaza en convertirse en parte esencial de la “nueva normalidad” post pandemia.

Este proceso de cambio generó para el periodismo una oportunidad y varias amenazas. Y nos mostró algunos senderos posibles por las que podemos transitar para re-definición de la profesión en el siglo XXI.

La oportunidad

La necesidad de acceder a información veraz y legitimada por fuentes confiables puso a los medios de comunicación tradicionales en el centro de la escena durante los primeros días del aislamiento. El alto índice de consumo de esos medios registrado durante esas primeras fases de la cuarentena, demostró que a la hora de informarse en temas que tienen que ver con un riesgo de vida, las personas recurren a fuentes legitimadas.

La lluvia de noticias falsas, memes mal intencionados y el bombardeo algorítmico de las redes, que circularon -circulan- también en esos primeros días (y siempre) dieron la oportunidad a periodistas y a los medios de convertirse en “curadores” y “verificadores” capaces de separar la paja del trigo en la selva digital.

Y ese rol, únicamente se construye y afirma sobre la base de la credibilidad. Ser confiables, ser “reales” (no un robot) “garpa” en el mundo digital. En un contexto en el que crearnos una nueva identidad, cambiarnos de sexo y de edad es tan simple como hacer un par de click en una aplicación, la trayectoria y la reputación son unos de los mayores capitales.

Las amenazas

Hace ya tiempo que hablamos de la crisis en el periodismo. Una crisis que, a mi criterio, está íntimamente vinculada al impacto que las tecnologías digitales han generado en los procesos de comunicación.

Ese impacto se reflejó en muchos aspectos, nombraré aquí sólo algunos de ellos:

Cambio de paradigma comunicacional

En la comunicación mediada por tecnologías digitales el receptor es también emisor y esto transforma absolutamente el esquema comunicacional que veníamos trabajando tradicionalmente: emisor – mensaje – receptor – eventual feed back.

Este nuevo esquema de comunicación genera una comunicación multidireccional (de uno a uno; de uno a muchos, y de muchos a muchos) y en la esfera mediática rompe con la comunicación broadcasting; es decir con los mass media y suma nuevas formas de comunicación con la emergencia de las redes sociales.

Cambio en los contenidos y soportes

La convergencia tecnológica, cuyo ejemplo más claro son los teléfonos inteligentes, generó un cambio radical en la manera de consumo de los contenidos y, por ende, en las formas de producción y los formatos de los mismos.

Surgen nuevos formatos, como el podcast, la visualización de datos y el streaming de video, que no sólo exigen nuevos saberes sino que implican más tiempo de producción.

El multimedia y el hipermedia son los reyes de la comarca digital.

Cambio en los tiempos de producción y publicación

Las tecnologías digitales se caracterizan por la instantaneidad y la ubicuidad, lo que genera la necesidad de la conexión permanente y la información continua. Pero también el consumo diferido, a la carta.

Los tiempos tradicionales del periodismo gráfico, la radio y la televisión se transforman radicalmente. Mientras en los diarios digitales prima la instantaneidad, el vivo, la actualización permanente; en la TV se comienza a tener en cuenta re-publicación de los contenidos en plataformas de video como Youtube, que aseguran la visualización asincrónica y a la carta.

Por su parte, la radio no sólo se hace “visual”, sino que también comienza a ser consumida en forma asincrónica.

Es decir, los medios asincrónicos se “sincronizan” y los sincrónicos se “asincronizan”.

Crisis del modelo de negocio basado en la publicidad tradicional

Los algoritmos, con su capacidad de capturar datos y programar acciones que ofrecen las tecnologías digitales generaron un cambio radical en la forma de realizar la publicidad.

El modelo Google Ads (para anunciantes) y AdSense (para editores) creados por el mayor buscador del mundo, impactó fuertemente en la publicidad que es una de las principales fuentes de financiamiento de los medios de comunicación.

Por otra parte, los nuevos modelos publicitarios de las redes sociales (con influencers y algoritmos combinados) capturaron una gran parte del mercado publicitario, generando una franca competencia con los medios.

Emergencia de nuevos actores

Las redes sociales y las plataformas digitales, los grandes “nuevos actores” de la era digital no sólo generaron un nuevo lenguaje y nuevas formas de comunicación, sino también habilitaron nuevas formas de “construir y narrar la realidad”.

En el Siglo XXI, la realidad ya no es narrada únicamente por los medios de comunicación y los periodistas. Hoy también construyen sentido los robots (bots); trolls (personas con identidad desconocida que publican mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea); haters (personas que muestran sistemáticamente actitudes negativas u hostiles ante cualquier asunto), y los memes.

A esto tenemos que sumar el Big Data, es decir la posibilidad de explotar comercialmente la gran cantidad de datos que las personas generan en las redes digitales para brindar servicios comerciales a medida. Es decir, enviar a las personas contenidos diseñados específicamente para ellas.

En este sentido, el Big Data es el “padre” de las fakes news o noticias falsas. Ya que brinda la posibilidad de estudiar perfiles de las personas para entregarle contenido hecho a medida -es decir lo que le gustaría leer y es capaz de creer, dado su sistema de convicciones).

Crisis de credibilidad en los medios de comunicación

En su libro “Ruptura” el sociólogo español Manuel Castells analiza la crisis de las democracias liberales y la atribuye, entre otras variables, a la crisis de legitimidad política generada por la desconfianza en las instituciones. Instituciones entre las cuales se encuentran los medios de comunicación.

Conclusión

El periodismo está en crisis. Pero la crisis generada por la Pandemia demostró que todavía tiene una larga vida por delante. Esperamos que ese periodismo sobreviviente y resiliente sea más comprometido, más presente y con medios de comunicación que estén a la altura de las nuevas configuraciones sociales post pandemia.

 

 

 

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