Fanzines en el servilletero del bar

Por Juan Báez Nudelman. Posadas, Misiones. Maxikiosquista del arte

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A finales de 2013 volví de Buenos Aires. Allá viví un par de años hermosos intentando estudiar. De letras a comunicación, música y teatro. Disfruté mucho, aunque sin dirección. Tenía tiempo para leer y escribir, probar componer y cantar o jugar mucho a los videojuegos.

Formamos un grupo de amigos entusiastas, escritores. Compartíamos rondas de café, nos gustaba conversar sobre nuestras lecturas, probar los juegos surrealistas. Me recuerdo con una mirada brillante, un asombro desbocado, compartiendo obras, yendo a muestras, escuchando música en lugares fílmicos. Todxs estábamos en una, eso nos estimulaba. Flasheamos con hacer una revista pero nunca se concretó.

Cuando volví a Posadas hice mi adaptación – rara para mí, lógica para los demás -. Al principio quería pegar un laburo y tener mi plata. Para el otoño de 2014 ya andaba probando con unos talleres y buscando de nuevo. Tardé un poco pero la exploración me condujo a Poesía de Miércoles. Vi un afiche que tenía imágenes de animales y una cita de algún poeta. Di algunas vueltas más y fui.

En un centro cultural de ese momento se juntaban lectores convocados por el afiche de animales con las citas de poetas piolas. Yo venía de mi grupo de amigos con los que tomaba Coca Cola y leía mis textos. Entendí que había que llevar poemas propios. Me acomodé rápido igual. Ninguno tenía que ver con ninguno, pero leían mucho o les gustaba escribir y tenían ganas de estar ahí, frente a la mesa llena de libros y papeles, ensayando oralidad.

Conocí editoriales independientes, libros con tapas como de historietas, gente escribiendo sobre Wikipedia en verso, relatos sobre drogas y fiestas electrónicas, ensayos de Kundera, obras de teatro recitadas del tirón y no sé cuánto más. Mucho de eso venía de Buenos Aires y no entendía cómo me lo había perdido. Fue como tomar un tónico vigorizante. Escribía un montón, revisaba lo escrito, rescataba cosas viejas. La editorial Raymond, organizadora de Poesía de Miércoles, me invitó a realizar mi primera publicación.

Agarré 21 poemas, los elegí con cariño y con rigor si es que se puede. Trabajé mucho en eso, armamos un evento de presentación con música y vinieron amigos y colegas. Ya para entonces comenzaba el 2015, tenía muchas ganas de acceder a ese mundo que se me abría de a poco. Decidimos que lo mejor era hacer una feria, la Periferia, entonces podíamos vender nuestros libros y juntarnos con otras editoriales, tener un montón más para leer. Eso y la música, la fiesta, la cantina, la sensación de comunidad.

Me sentía nuevo, mi ciudad era otra ciudad. Con Poesía de Miércoles cambiamos varias veces de locación, incluso pasamos por el quincho de la casa de mis padres. Fue una hermosa temporada en la que teníamos reuniones, se organizaban presentaciones de libros y nos invitaban a leer a otros lugares del país. Raymond también creció, sumó publicaciones y el grupo de expandió. Mi segundo libro llegó y me di el lujo de hacerlo más largo, de intentar una declaración de principios con mucha ironía. No sé si eso funcionó pero me encanta recordar esas intenciones. También tuvimos la chance de armar un audiovisual, me dediqué a la producción y salieron algo así como 20 video-poemas. Lo pienso y me parece increíble todo.

Entonces ya era el 2018, algo así como 5 años de aventuras y laboratorio. Empecé a querer editar, tenía demasiados libros que me fascinaban y algo de conocimiento de Photoshop. Un amigo, editor de Nulú Bonsai, me había contado una vez que una de sus colecciones consistía en una hoja A3 con dos cortes. Eso les permitía armar pequeñas publicaciones de bajo costo con las que difundir escritores y lograr una buena calidad de impresión. Esa idea me encantó y decidí replicarla en un formato más pequeño y con un estilo propio. En esa época había encontrado fotozines muy bien logrados y tenía en mente combinar un poco de todo eso.

Primero le pedí unos poemas a un amigo, le dije que quería experimentar con su trabajo y accedió. Hice algunas ilustraciones hasta que apareció el primer fanzine. Una vez que lo imprimí, deseé haber tenido más publicaciones con ese formato para seguir probando. Hablé con poetas, empecé a experimentar con fotos de distintas personas. Me gustó mucho tener la oportunidad de unir esas disciplinas en una experiencia palpable. Los fanzines que iba sacando tenían una forma cuadrada, que al juntarlos hacían un mosaico hermoso. Me imaginé una colección, una caja pequeña que guardara esas revistas.

Sin darme cuenta, estaba armando mi propia editorial. Por una historia que merece su propio relato decidí llamarla Trilce. Y una editorial con libros alternativos también necesitaba un punto de distribución alternativo. Si intentaba llevarlos a una librería común y corriente, seguramente se perderían en la marea de best sellers. Por eso cuando estaba desayunando en el Café Colón una mañana, vi que los fanzines tenían el tamaño ideal para entrar en los servilleteros. La gente vendría a tomar algo y encontraría poemas en las mesas, además del diario del lunes.

Les comenté la idea a los responsables del café, sin tener los fanzines a mano para mostrarlos. Un impulso me hizo confiar en que tenía sentido lo que proponía. La idea les gustó también y me propusieron armar un pequeño evento, con música y poesía, para formalizar la unión y celebrarla también.

El 12 de octubre llevamos las cajas de Trilce, nos preparamos con dos amigxs para tocar un repertorio de canciones acústicas, con guitarra, bajo y ukelele. Leímos todos los poemas de las publicaciones que presentamos. Fue una velada íntima, con luz tenue y la atención absoluta de todos los presentes. Al pequeño trío que se formó para esa noche lo llamamos Fanzines, por descarte. Decidimos que era interesante realizar algo así una vez al mes. En una sola noche inauguramos una editorial, formamos una banda y se gestó un ciclo. Al día de hoy, todo esto continúa vigente a pesar de los cambios.

Dos páginas pasaron desde que volví de Buenos Aires. No encontré otra forma de hablar de lo que hago o lo que hice. Este camino no tiene artilugios de ilusión, pero estoy convencido de la magia. A mi búsqueda la encontraron un montón de personas. Esos vínculos me brindaron las herramientas con las que hoy en día me percibo. No creo que exista o que sea interesante, en todo caso, la cuestión original. Encuentro en este relato, todas esas conversaciones de las que volví a mi casa queriendo inventar algo. Para esta historia en particular, creo que es más que suficiente.

Imagen: Fotogramas video

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