El relato iniciático como atracción fatal de eternidad

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El relato iniciático como atracción fatal de eternidad

Por  Heraldo Giordano. Córdoba – Misiones. Escritor

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La cosmogonía es una narración mítica, que casi siempre relata el inicio u origen del universo. Fueron puestas por escrito hacia los siglos VIII y VI de nuestra era. Cuando pienso que los primeros pensadores unían al hombre y a la naturaleza con el todo, en aquellos tiempos cuando la palabra “hombre” era el individuo universal y no se concebía ni sospechaba que existía también un género femenino. Empédocles describía los cuatro elementos y el ser humano se instituía a través de ellos, o Demócrito sosteniendo que la realidad del universo residía en lo material, el mundo biológico y también la psiquis y lo espiritual, todo estaba constituido por átomos. Sócrates, con sus frases “sólo sé que no sé nada”, y el “conócete a ti mismo”, atribuida también a él, según Platón, y éste, al conceptuar que el hombre es quien es, mientras filosofa, inquisidor en cuestiones de lo universal y menciona al ejercicio de la razón, como la virtud más jerárquica del hombre. Aristóteles, atraído por la realidad sensible más que por la inteligible. El hombre de Aristóteles era íntegro, aceptado como una totalidad, alma y cuerpo. En fin, como vemos, al hombre griego le atraía lo universal, y desde allí desarrolla el mito, la metafísica, sus ciencias exactas, y también sus divinidades, tomadas como concepto cosmogónico.

Tomando distancia de aquello, y adentrándonos en la cosmogonía Guaraní, asumiendo que en un principio no había nada en el cosmos, salvo una neblina, impalpable, llamada “Jasuká”. Esa sustancia acuosa y transparente como fina llovizna, era concebida como materia primigenia; y en medio de ella surgió una voz humana. Voz como canto que fue creciendo, desarrollándose, hasta atraer la luz, y dar forma a la materia; esa materia emerge con forma humana. Allí se revela como el primer hombre, y fue perfeccionándose mediante su propia voz. Ese cuerpo iluminado, iluminó todo su entorno y él se revela a sí mismo mediante su propia palabra. “Ha’e ojepapá.  Él informa y da cuenta de su propia existencia al mundo, porque de otra manera nadie tendría conocimiento de Él. Ese primer hombre hace que aparezca la tierra bajo sus pies. Él crea bajo sus pies la primera tierra; y lo ha hecho con su palabra, con su voz, con su canto, su danza y su oración. Allí tuvo origen todo el universo. Allí estuvo cantando y bailando con su mbaraká (sonaja) el Creador de todas las cosas y en la medida que se movía la tierra fue ensanchándose bajo sus pies. “Oipyrira ko yvy”– “fue haciendo crecer la tierra hacia delante” y cuando Él se iba de costado, la tierra también se extendía al costado, “oipyteno ko yvy”. Es así como Él  hizo grande la tierra, porque habló, cantó y bailó mucho. Descripción de Tadeo Zarratea ¡Qué maravilla!

Desde antes de la venida del cristianismo hasta estos días, el hombre sigue haciéndose las mismas preguntas, sin encontrar respuestas. Si, se reconoce que existimos entre diversas realidades, pero al mismo tiempo, disociadas una de otra, pero que esas realidades colisionan, o bien se degluten entre sí. La más estructurada es la que posee mayor capacidad de absorción, por lo que la más débil, está sentenciada a expirar, y nosotros apenas pobres seres observando este acontecimiento brutal y determinante. Me parece entenderla, como una similitud con la teoría de los agujeros negros, deglutiéndose unos con otros. ¿Dónde se escurrirá esa energía absorbida…, quizá a otro mundo? y ese abismo puede ser, por qué no, la muerte que espera a la realidad más debilitada. Pero el hoy, aquello que se desarrollan en cada instante que se vive en el presente, y yendo a lo desconocido que creemos aparecerá en el futuro, pero tendrá esta misma vigencia en el desarrollo de los acontecimientos.

A esperar entonces, para que podamos emerger en el momento oportuno de nuestra existencia, desde la dura cápsula donde se encuentra acurrucado el ser. Esperar, pero que no sea desde la extrema expectativa de la ansiedad, porque en “el mientras tanto”, quizá desaparezcamos bajo la mucosa anquilosante del tiempo. En el otro tiempo, porque existe otro tiempo distinto a este, un futuro paralelo seguramente, quizá el vivir sea una simplicidad apenas percibida por los efectos sensoriales, una sutil consecuencia que la maquinaria de la memoria desarrollada, lleve a arriesgar a perder su dignidad, por la interrupción de algún misterio que desde “su aquí y ahora” aún no alcanza a divisarse.

El ser humano sigue prendido como sanguijuela a la esperanza. Igualmente, es bastante común percibir con el tiempo que nuestros anhelos queden inconclusos, a medio acabar. La esperanza es lo último que se pierde, aunque sobre la puerta de entrada al infierno del Dante, está escrito: “Pierdan toda esperanza aquellos que entran aquí”. Una vez más, la literatura es consuelo. Por presencia u omisión.

Foto: Joaquín Núñez Abian

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