La prueba del nueve

Prueba 9

Por Alberto Szretter. Posadas, Puerto Rico. Escritor y médico

Alberto

Hace varias décadas atrás en el ámbito escolar existía este artificio que verificaba cualquiera de las operaciones básicas de la aritmética. Los “cuadernos únicos” de entonces, ordenados, prolijos, forrados y con carátulas, tenían adentro, la fecha del ejercicio y el nombre del tema (subrayado, claro, con otro color) y al lado, por ejemplo, de una multiplicación una gran equis con los números que comprobaban que el producto de la operación era el correcto.

La literatura careció y carece de una prueba del nueve, por la sencilla razón de que no es una ciencia. No trabaja con números ni con sus relaciones. Trabaja con palabras, con las afinidades y rechazos de/entre ellas. Es más, las elige por su ambigüedad o polisemia. Por eso es complicado verificar si una obra, pongamos por ejemplo, un cuento, está logrado desde el punto de vista literario.

Esta introducción, que en realidad es una advertencia de lo inasible, o dicho en criollo, un atajarse antes que nada, es para preguntar cómo hace el/la escritor/a misioneros/as (o vecino/a del barrio provincial) para saber si sus producciones son correctas, o si se quiere leer más suavemente: si lo que escribió puede encajar en algún lugar de lo que convencionalmente se llama literatura. Expresado de otra forma ¿cuál o cuáles son los sistemas de validación en la provincia de lo que se escribe y publica? ¿Existe alguna prueba, semejante a la del nueve, que confirme que tal libro puede ser embarcado en el tren de la literatura?

Dentro de tantas preguntas y conceptos relativos podemos encontrar una certeza: tomemos por ejemplo a Misiones. No hay crítica literaria, crítica como género, como actividad o como ejercicio en el tiempo. Podrá haber alguna reseña aislada, pero evaluación analítica más o menos objetiva: nones. Quizás uno de los motivos sea que nos conocemos todos y “qué me va a evaluar fulano de tal, si es mi vecino de la otra cuadra”. Otras razones pueden ser la tradicional mesura local y los compromisos personales.

La falta de una apreciación profesional, seria y continua trae el problema de la ausencia de “un puesto de control de calidad” (disculpen la figura), y la “condena” a la repetición  de errores. ¿O todos escribimos perfecto?

Más allá del tiempo como colador de lo perenne y lo efímero, bien visto el asunto, no existe del todo un desierto valorativo para las obras (aunque nadie tiene la paciencia necesaria para esperar que el tiempo, juez inapelable, diga -porque él sí posee “la prueba del nueve”- si su trabajo es bueno); hay “puestos” difuminados que sin tratar de poseer incumbencias de estimación, de sopeso o calibración de nada, en cierta medida actúan como mecanismo de admisión al resbaladizo piso de lo literario. No son puestos en sentido físico, sino más bien ámbitos simbólicos de aprobación que los mismos autores crean y buscan. La aquiescencia y el beneplácito de estos sitios son mecanismos de autoafirmación de los escritores. Si bien estos lugares, costumbres y comportamientos no justiprecian lo escrito, colocan al autor/a en el aspirado círculo de escritor/a.

Veamos algunos.

La presentación de libros (aunque vayan cuatro personas, incluidos el/la escritor/a, el presentador/a y los parientes). Esta aparición pública oficia de ingreso de la obra en el deseado mundillo literario local. La publicación ipso facto en Facebook o Instagram de la novedad (con fotos), sumando los comentarios respectivos de los conocidos y los calificativos de “genio/a” y “bienvenido/a al acervo cultural” de la provincia (aunque el volumen aún no haya sido leído). La participación (si es como disertante, mejor) en Ferias de Libros. La invitación a programas de radio o televisión. La convocatoria a dar una conferencia. La elección en ternas o como jurado de concursos. La inscripción en Concursos, sus Bases. Los premios literarios. La oferta para participar en antologías. Los viajes literarios (anunciados, por supuesto) para representar a la provincia. La propuesta a leer en algún lado algo de la obra propia. Las salidas en suplementos de medios gráficos zonales. Recordemos, de paso, que estas publicaciones domingueras son a título de colaboración, sin un cedazo de estimación (porque no se lo encuentra) de la bondad literaria; el único requisito que se pide es un límite de cantidad de palabras y listo. Esto nos lleva a resaltar la ausencia de Críticos/as, Editores/as y Editoriales independientes, y que la mayoría de las obras que “salen a la luz” son publicaciones de autor, o unas pocas -si es que existen- subvencionadas por alguna institución. La ausencia de empresarios que calculen la inversión en una balanza y las ventas (posibles) en la otra balanza (ventas que por otra parte no aseguran la calidad) es un problema de todo el país, porque es una industria en crisis desde hace años. Si alguien desea hacer sinónimo “venta” con “calidad”, creo que está en un error, pero viene a cuento eso de la venta o “salida” de un ejemplar (sin entrar a analizar sus atributos literarios) con el vacío que encontramos en cuanto a sistemas de difusión y distribución de libros, de cualquier libro, también de libros de autores misioneros, donde todo es precario, artesanal, a pulmón.

No nos olvidemos, por último, de uno de los “sitios” más importantes de convalidación o legitimación de obras: el Estado. El Estado, una construcción que va más allá de un “gobierno” o gestión), que abarca todos sus estamentos, todas las instituciones oficiales (y oficiosas), y que es el que elabora el sistema de verdad, y dice en última instancia, de manera sutil o no, qué obra es buena y cuál no.

Y eso que no utiliza la prueba del nueve.

Foto: Joaquín Núñez Abian

3 Comments

  1. Ya no recordaba “la prueba del nueve” (en realidad debería usar un presente), y concuerdo con vos, no hay una crítica, no hay un “filtro” en nuestra literatura regional, y con esto interpreto que no se refiere a límites o desacreditación, sino todo lo contrario, al reconocimiento de grandes literatos regionales, cuyas obras pasan desapercibidas porque no entran dentro del pacto institucional: ámbito académico, crítica, mercado y medios.

    Le gusta a 1 persona

  2. ME SIENTO IDENTIFICADA Y CASI NOMBRADA EN LA PRUEBA DEL NUEVE DEL DOCTOR ALBERTO SZERETTER Y COMO USTED , MUCHAS VECES ME PREGUNTO ¿QUIÉN NOS CALIFICA? ESPECIALMENTE AL LEER OBRAS DE NUESTROS COMPROVINCIANOS EXCELENTES Y POR NO TENER MEDIOS(ECONÓMICOS, PUBLICITARIOS) QUEDAN ALLÍ. EN MI STAND O EN LA CASA DEL ESCRITOR.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s