El juego de las palabras en 3 series

Rossi1

Por Alicia Marina Rossi. Resistencia, Chaco. Escritora de poesía y novela

alicia-3-2-recortada-2

El poder de las palabras. No se asusten, vamos a jugar con las palabras en tres series, la literatura es un juego de y con palabras.

Pero teman a quien se apodera de las palabras.

Teman al discurso de poder que genera una posición disminuida en el escucha y por lo tanto sentirá: descalificación, exclusión, menosprecio.

Desconfíen de toda oratoria que exacerbe al orador mostrándolo superior, profeta, semi-dios, ídolo, cuanta figura imaginen subida a un tobogán, trono o tarima.

Sospechen de la disertación que genera en el oyente la condición de sujeto preferido del orador, de amado incondicional y por ende, superior en relación a los no abrazados por el hablante.

El poder se inscribe en el lenguaje y más precisamente en su expresión obligada: la lengua.

La lengua implica una relación de alienación entre el hablante y la palabra, hablar es someterse, obliga a decir en la forma que manda la lengua. Para huir de la opresión interna y externa de la lengua podemos hacer trampa; el juego deshonesto, saludable y liberador se llama LITERATURA, afirma R. Piglia.

Dicha esta aclaración, referida a la literatura (que no es el objeto de este trabajo), como una rama que escapó del follaje o un pájaro, volveré a la copa del árbol, al poder de la palabra en su uso público y trillado.

En estos tiempos, siento, como una bofetada que me despertó del letargo o de la ingenuidad, el apoderamiento que algunas palabras hacen de nosotros, cómo nos poseen y manipulan. Si una palabra se apodera del sentido, como un único sentido, alguna libertad te ha sido cercenada.

Vayamos al ojo de la tormenta, a las palabras del 2020 que se coronan, que se repiten por los medios informáticos, televisivos, radiales y gráficos; que van marcando línea, que te alinean o exilian, palabras que se apoderan de tu mente, para decirte qué pensás y en definitiva quién sos.

Dice Octavio Paz: No hay pensamiento sin lenguaje. El hombre es un ser de palabras.

Entonces, vamos a los hechos, en este caso, a los dichos, al lenguaje de inclusión y de exclusión.

Quien inicia un discurso con “todos y todas” es del palo, o al menos quiere que los oyentes piensen que se identifica con los todos y todas. Quien no usa el todes o todxs también está afuera y con todo lo que ello significa y conlleva.

Aquel que porta la palabra, como estandarte, podríamos pensar que nos incluye solo por ser oyentes y que tendremos la posibilidad de compartir o no las ideas de su discurso. Sin embargo, desde el inicio marca la inclusión o exclusión con el uso del género y el pronombre: Buenos días, todos y todas. Ya se formó el círculo, ¿estás dentro o fuera?

Si oyeras un saludo convencional deberías esperar el contenido de la alocución.

Entonces, el que tiene el saludo detenta el poder y define la posición del escucha, en dicha circunstancia. Palabras que escinden, dividen, fisuran, que hacen grietas.

Mención literaria aparte, confieso que la palabra grieta para el uso poético me resulta precisa, el sonido de sus letras y su imagen dibuja en la mente la grieta terrestre, como aquella que un dolor lacerante causa en tu cuerpo.

Sin embargo, he dejado de usarla en los poemas, el abuso de su decir político me impide poetizarla, regresarla a la belleza de su origen.

Volvamos a las palabras invasivas que se oyen insistentes en presentaciones públicas, en reuniones privadas, en redes sociales, que el portador exhibe frente a un público real o ficcional. ¿Marca? ¿Estigma? ¿Palabras inocentes, cuyos conceptos se limitan al dado por la RAE?

El hablante se identifica: pertenezco al grupo de pensantes que conforman el todos y todas, en un determinado tiempo y espacio, Argentina 2020.

Y el que escucha tendrá dos opciones: pertenecer, sentirse pertenecido (lo que es grave)  o; por el contrario no pertenecer, sentirse fuera (lo que es grave). Detrás de ello llegan las señales, los símbolos, las manchas: conservador, discriminador, insensible a los desposeídos y los derechos humanos, privilegiado, explotador, homofóbico y cuantas calificaciones que el poder fijó con anterioridad.

Porque el poder radica en adueñarse de las palabras, asignarles conceptos rígidos y previos, para que al momento de usarlas se desparramen como estornudo virulento todos los significados preconcebidos a través de los medios: lo bueno es inclusivo, el incluido es valioso; los excluidos (por los incluidos) son roedores sociales, seres disvaliosos.

Y el oyente no se pregunta (y debería hacerlo) ¿quién y cómo se determinó lo que incluye? Su alcance fue preconcebido por los dueños de las palabras que lo divulgaron para que no lo olvides, no interrogues, para que te encasilles.

Hasta el hartazgo y la alienación se oye INCLUSIVO; como si no hubiera sinónimos, y sí que los hay, pero éste ya metió todos los significados en su bolsa.

Se uniforma el discurso, como un ejército de palabras clonadas detrás de un jefe, que dicta la voz verdadera y única.

Y se la escucha desde pensadores y escritores, entonces duele el uso como una carimba en creadores de la diversidad que proclaman el pensamiento libre.

Para la RAE, el adjetivo inclusivo-va, significa: Que incluye; que tiene virtud de, o capacidad para incluir.

Incluir: poner una cosa, ya física ya moral, dentro de los límites o el dominio de otra.

Y nos acercamos al término dominio. Al dominio de las palabras y de quien las nombra, de eso estoy hablando.

La frecuencia de la palabra inclusivo, en los últimos 200 años, en medios digitalizados tiene un crecimiento exponencial, como una subida al Everest, solo basta consultar el gráfico en Google.

Ahora tenemos una sociedad inclusiva: todas las personas tienen el mismo valor, sólo por la condición de ser humano. (¿Recién ahora el término sociedad nos incluye a todos?).Tenemos un  lenguaje inclusivo: hablar tanto en masculino como femenino y también en género neutro, tomando en consideración a las personas Trans.

Aseguran que el lenguaje inclusivo existe “para abarcar todas las identidades sexuales”. Ese lenguaje te identifica como no sexista.

¿Y si no lo uso me convierto en sexista, discriminatorio o sólo en una persona añosa que no sigue la moda?

No entraré en análisis de las identidades sexuales, no es objeto de este trabajo, solo expongo el poder de las palabras y de su reiteración en determinado contexto.

Así llegamos a la siguiente palabra de uso y abuso actual: CONTEXTO, que pasará a la Segunda Serie de El juego con las palabras que en breve subirá a NEACONATUS.

Y para no perder la costumbre de poetizar la realidad, allá vamos:

Asusta

Asusta el animal que somos

habla un idioma extraño.

Malo.

Ve nítida la tristeza del mundo

y no le importa.

Pinta los cuerpos con óleos de sangre

y en los descansos

borra con venenos el verde del planeta.

Ese animal que ya respira con dificultad

miente

disimula

estornuda palabras sin pañuelo en la boca

y contagia.

Imagen: Fragmento obra Dan Perjovschi.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s