Por caminos colorados viaja el libro y el asombro

Por Rosita Escalada Salvo. San Javier, Misiones. Escritora, docente, periodista, SADEM

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El Bibliomóvil de la Biblioteca Pública de las Misiones, Parque del Conocimiento, Posadas, Misiones, como su nombre lo indica es una biblioteca móvil, que se caracteriza por promover la lectura en zonas alejadas que no cuentan con bibliotecas o centros de información.

En algunas provincias y/o países, los libros del Bibliomóvil se facilitan en préstamo para estudiantes y público en general. No es el caso del Bibliomóvil de la Biblioteca Pública de las Misiones, ya que el área de escuelas rurales es tan amplia que un solo vehículo con su correspondiente equipo de trabajo no puede volver al mismo lugar. La demanda es muy alta. Existe la valija viajera que es una forma de asistir a escuelas de la capital posadeña, ya que esa sí, puede dejar los libros por dos semanas. La reciben escuelas primarias, secundarias, guarderías, peluquerías, hogares de niños, geriátricos y otras instituciones.

El Bibliomóvil de la BPM  funciona desde el 4 de agosto de 2006, cuando hizo su primer viaje a la Escuela Nº 702 de Campo Ramón pues se inauguraba el nuevo edificio de la  escuela. Desde entonces, se han visitado más de 350 escuelas, se han beneficiado alrededor de 20.000 alumnos En la provincia de Misiones, tienen  bibliomóvil las Bibliotecas Populares de Iguazú, San Ignacio y Oberá.

En cada visita al interior se realizan varias actividades: proyección de videos educativos, narración de cuentos, espacio de lectura de libre elección, expresión plástica para los más pequeños y charlas sobre la importancia de la lectura y de la actualización de la biblioteca escolar, a cargo de un escritor. Además, siempre se entrega una importante donación de material bibliográfico.

Es decir que durante nueve años, el Bibliomóvil recorrió los rojos caminos de la provincia en su campaña de promoción de la lectura.

El equipo estuvo formado por una coordinadora, María Nélida Silveyra Márquez, el cuentacuentos Eduardo Barrios, dos auxiliares y un escritor invitado que da charlas a los alumnos de 6º/7º y a los docentes. Además del chofer. Pero antes de contarles sobre esa experiencia, que es única y muy gratificante, vamos a analizar ciertos aspectos que han motivado estos viajes.

El emplazamiento de las escuelas rurales

Aclaremos que si bien se lleva un mapa que más o menos nos orienta dónde están ubicadas, en la mayoría de los casos, no existen carteles indicadores; los caminos vecinales de pronto se bifurcan y no hay a quién preguntar. De hecho, a veces erramos y fuimos a parar a una chacra. No siempre hay señal de celular para anunciar nuestra proximidad.

La biblioteca escolar

Hice una lista de la situación de las mismas en determinados establecimientos, luego de visitar tantas y tantas escuelas y colegios. Hemos visto que, en algunos casos:

Están en lugares inadecuados, sin espacio para que allí se sienten los chicos a consultar, a leer.

Algunas comparten una habitación donde, además, está la mapoteca, las cajas de provista, los elementos de limpieza, las computadoras que no funcionan vaya uno a saber por qué.

Los libros están encerrados, sin ventilación, en armarios ¡y hasta con candados!

Algunas sirven como elemento decorativo de la Dirección, a donde no pueden entrar los niños y hasta los docentes deben pedir permiso para no interrumpir al directivo.

No obstante, sí, y con grata sorpresa, hemos visto otras bibliotecas impecables, agradablemente ordenadas a la vista, con variado material, actualizadas, con personal a cargo (no necesariamente egresados bibliotecarios sino algún docente con tareas pasivas, valga el ejemplo de la escuela Nº 48 de Villa Lanús, en Posadas)  con mesas y sillas, un televisor para pasar DVD.

O bien tienen la denominada “biblioteca del aula”. A simple vista nos damos cuenta que el material es muy utilizado. Más de un docente nos contó que, terminada la tarea, espontáneamente los chicos van y retiran un cuento, una historieta y en silencio se sumergen en la lectura.

A las bibliotecas escolares de Misiones, en general, no le faltan libros. Falta la incentivación para que los chicos se conviertan en lectores. Y aquí hay que ponderar los miles y miles de textos que se envían a casi todas las escuelas. Entre ellos, los del Plan Nacional de Lectura, con un vasto panorama de escritores de todo el país. A propósito, los grandes ausentes son, en general, los de autores misioneros y por razones obvias: falta de una distribuidora, no se compran masivamente porque no facturan, entre otras causas.

¿Leer por placer o leer para estudiar?

En general, los alumnos y estudiantes vinculan al libro con el estudio; es decir, el libro es un objeto que les suministra eso que deben aprender. Rara vez descubren por sí mismo que hay otro tipo de lectura, la que abre la mente, la que los lleva por mundos distintos, la que refleja sus propias emociones y sentimientos. Por eso el papel del docente, en este campo, es tan importante.

Dice Graciela Perricone en “Tres miradas sobre la literatura infantil y Juvenil argentina”:

“La mirada docente enseña, aproxima, contiene, controla, incentiva…

El adulto acompaña, pero leer no es descifrar; leer no es solo comprender, leer es dar sentido, leer es interactuar, leer es disfrutar y sentir.”

Necesariamente debemos señalar que, si el docente, o los padres, no son lectores, no podrán incentivar a sus alumnos, a sus hijos. Porque no se puede transmitir lo que no se conoce. Pocos son los chicos que descubren ese paraíso borgiano por su cuenta.

Cuenta Gustavo Roldán lo siguiente: (“Para encontrar un tigre La aventura de leer”, pág. 69)

“Me crié en el monte chaqueño, junto al río Bermejo, cuando la tierra era plana, la luna se posaba en la copa de los árboles y los cuentos sólo existían alrededor del fogón o en las ruedas del mate. (…)

Después se escribieron los libros. O tal vez antes, pero yo no estaba enterado. Solamente conocía muchos cuentos, después me dijeron que se llamaban populares, que iban pasando de boca en boca y de oreja en oreja. (…)

Claro que esos cuentos nunca eran del todo cuentos, habían sucedido por ahí nomás, en medio del monte, y eran cosas que nadie ponía en duda. Yo tampoco.

Entonces parece que me llegó la hora de ir a la escuela y me llevaron al pueblo. No era mala la escuela, pero no tenía nada en materia de cuentos. Tenía libros para aprender a leer y para aprender Historia y Geografía y esas cosas. Nada más”

“Y un día uno pasa por la librería de don Molina, en Sáenz Peña, y encuentra que hay estantes infinitos llenos de libros, no de esos de aprender, sino de cuentos y más cuentos”

Si la escuela tiene buen material, ¿por qué no instalar “la hora de lectura placentera”? Una vez a la semana, desparramar los libros sobre una mesa y que los chicos elijan libremente. Esa es la imagen más reconfortante que nos llevamos en cada visita del Bibliomóvil después de la charla, de que el cuentacuentos narre, de ver un video ilustrativo o recreativo, cerramos la jornada con largas mesas de libros en una galería, para que se acerquen y lean el que más les guste. Ninguno se queda sin un ejemplar en la mano. Y allá se van, a buscar un rincón tranquilo, o a compartir el de chistes con un compañero. O a mostrar los dibujos o fotografías. ¿Por qué no repetir esa acción en la escuela? ¡Ah! Porque hay que “cumplir con el programa”, porque “no hay tiempo”, porque –y tal vez esa sea la verdad- la biblioteca no posee libros de literatura para niños y adolescentes.

Vuelvo a Gustavo Roldán (pág. 86)

             “En un mundo donde se derrumban los valores –creo, quiero creer-, todavía quedan los libros como baluarte de la dignidad. (…) un libro es una llave, es una puerta que puede abrirse…”

Experiencia en escuelas rurales de Misiones

Recorrer caminos terrados, no siempre en buenas condiciones, admirando el extraordinario paisaje de esta tierra roja, en contraste con el verde exuberante, hasta llegar a cada escuela, es, de por sí, gratificante. La algarabía de los niños, su expectativa, ya justifican el viaje.

En casi todos los establecimientos visitados, hay una biblioteca, generalmente en cada aula, pero se nota la ausencia de libros de cuentos, de poemas; el caudal bibliográfico se limita a diccionarios, enciclopedias, ciencias en general. Tan solo en el Nivel Inicial hay libros ilustrados y que interesan más a los chicos. Pero hay excepciones: las escuelitas que tienen padrinos, reciben otro tipo de bibliografía. La donación que cada escuela recibe, por parte de la Biblioteca Pública de las Misiones -material nuevo, adecuado- es recibida con sorpresa y alegría por parte de los docentes.

La “hora de lectura placentera”, luego de motivar convenientemente a los alumnos mediante charlas y audiovisuales, está graficada  en las fotos: A veces comparten las lecturas: uno lee en voz alta, el otro escucha. O bien se forma un círculo, sobre todo cuando se trata de chistes, adivinanzas, trabalenguas.

Quizás tenga que acotar aún, que también visitamos escuelas bilingües mbya guaraní. Tuvimos muchas dudas: ¿cuánto entenderían? ¿Tendrían interés? La realidad nos demostró que sí se interesaron y aunque no comprendieran el significado de las palabras impresas, las ilustraciones les atraían.

Fuimos a una escuela bilingüe secundaria, de gestión privada, y nos encontramos con un alumnado ávido, despierto, inteligente, muy educado y asiduos lectores de la biblioteca escolar.

Termino con  las palabras de María Adelia Rönner: en “La aldea literaria de los niños” (pág. 261)

“Inequívocamente, desde la escuela es posible hacer el viaje hacia el libro. Para ello, el docente debe reinstalar su compromiso como lector y como estratega pedagógico para el tránsito a la lectura de textos literarios”

Y eso es lo que quisiera lograr, al contar la experiencia del bibliomóvil por escuelas rurales, bilingües y de las ciudades…. Leer libros es como sentarse a una mesa, agarrar un pastel con las dos manos y meterle diente. Ver tele es como acostarse en una cama, abrir la boca, y que alguien nos dé la mamadera.

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